Carranza traiciona la Revolución. (Continúa)

Según Carranza, la Revolución ha de aprovechar igualmente a las dos clases sociales, cosa, en verdad, imposible, porque si aprovecha a la clase trabajadora, tiene que perjudicar a la clase capitalista, o de otro modo; si aprovecha a la clase capitalista, tiene que perjudicar a la clase trabajadora, por tener las dos clases intereses antagónicos entre sí, intereses que es imposible que fraternicen.

La Revolución Mexicana es la protesta de los pobres formulada de una manera violenta contra la explotación del rico y la tiranía del gobierno, y pretender ahora que esa Revolución no debe perjudicar a la clase capitalista, es un contrasentido, es querer que continúe existiendo la causa que la produjo, equivale a restaurar un orden de cosas contra el cual el pueblo se levantó en armas, es hacer retroceder el admirable movimiento mexicano a su punto de partida… para beneficio de explotadores y tiranos.

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            La Revolución se ha hecho para “conservar el orden en la sociedad” en el sentido que quiere Carranza, esto es, que continúe existiendo un sistema que condena al mayor número a trabajar en provecho de unos cuantos. Ese orden social burgués es el causante de la Revolución y debe desaparecer, o la clase trabajadora continuará siendo esclava.

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            Dice Carranza: “La idea revolucionaria no está reñida con el orden social.”

La idea revolucionaria no está reñida con un orden social que tenga como base la independencia económica del individuo; pero no es ese el orden social a que alude Carranza, no se refiere a un orden social basado en la igualdad, en la libertad y en la justicia, sino al orden burgués que se funda en la desigualdad y la tiranía, que es precisamente lo que la idea revolucionaria condena.

“Si la Revolución (sigue diciendo Carranza) ha combatido la tiranía de los capitalistas, no puede sancionar la tiranía de los proletarios, y esta tiranía es a la que están llegando ahora, especialmente los miembros de la Casa del Obrero Mundial, que no están satisfechos con las concesiones y beneficios que se les han hecho, sino que están multiplicando y exagerando sus demandas, hasta convertirlas en una especie de reproche contra las autoridades constitucionalistas que han sido sus aliadas resueltas y firmes sostenedoras.”

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            ¡Tiranía del proletariado! Este es el grito cobarde que sale de la garganta del burgués cada vez que el esclavo pide una piltrafa de justicia, cuando tiene derecho a la justicia entera. ¡Tiranía del proletariado! ¡Valiente tiranía la del que ruega, cuando tiene el derecho de imponerse!

Tiranía es la vuestra señores verdugos, que sin derecho mantenéis en la miseria y la servidumbre a los únicos dueños de la riqueza social: los trabajadores.

No habléis de la tiranía del pobre, gobernantes y burgueses; no añadáis la ironía a vuestro crimen ¡oh, tiranos! Tirano el vejado, el explotado, el oprimido ¡qué sarcasmo!

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            Tras la traición, la burla; tras la deslealtad, la mofa. Dar el título de exigente al trabajador que sombrero en mano pide que se le aumenten unos centavos más en su salario, para llevar un puñado más de frijoles a la hambrienta familia, es una burla que nuestros hermanos deben tener en cuenta. No hay que pedir, hermanos: hay que tomar. La afrenta de que sois víctimas por parte de Carranza, es la consecuencia natural de vuestra testarudez. A tiempo se os dijo en todos los tonos que confiar en jefes, es perpetuar la esclavitud, que no hay que confiar a nadie que haga por nosotros los plebeyos, lo que los plebeyos tenemos que hacer con nuestras propias manos. Culpa vuestra es la condición en que os encontráis; pero que vuestro fracaso os sirva de experiencia para no elevar nuevos Maderos ni Carranzas, para no elevar a nadie sino a vosotros mismos, desconociendo toda Autoridad y tomando posesión de la tierra y todo cuanto existe para provecho de todos los que trabajen, hombres y mujeres, sin distinción de raza. Mientras continuéis respetando el derecho de propiedad privada y siguiendo a jefes en vez de obrar por vuestra propia cuenta, seréis objeto de risa por parte de los mismos que encumbréis con vuestro sacrificio.

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            Carranza se queja de que los trabajadores, y especialmente los miembros de la Casa del Obrero Mundial, no estén satisfechos con los beneficios y concesiones que han recibido de parte de las autoridades constitucionalistas.

¡A qué beneficio y a qué concesiones se alude? El trabajador, dentro del territorio controlado por el carrancismo, continúa sufriendo la misma miseria, y en la mayoría de los casos una miseria más aguda aún, que la que sufría antes de la Revolución. ¿Cuál será, pues, ese beneficio a que Carranza se refiere? Y en cuanto a las concesiones, ¿cuáles son ellas? Y si algunas ha habido, ¿en qué se ha beneficiado con ellas el proletariado?

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            Por lo demás, hablar de beneficios y concesiones que se hayan hecho a los trabajadores, beneficios y concesiones que en realidad no han existido, es hablar con demasiada arrogancia, porque se da a entender que el proletariado ha recibido favores de sus tiranos y el proletariado no merece favores, sino justicia, justicia a secas. Cuando el proletario logra mejorar su condición, no es porque se le hace el favor de beneficiarlo, sino porque él ha sabido arrancar de las uñas de sus amos un jirón de libertad, una migaja de bienestar, mediante luchas azarosas, a costa de dolorosos sacrificios. ¡Ah, si el trabajador se diera cuenta de que la cantidad de esfuerzo, de energía, de valor, de inteligencia y de sacrificio que tiene que derrochar para ver aumentado su salario en unos cuantos centavos y disminuida la jornada en unos cuantos minutos, es la misma que tendría que emplear para conquistar su emancipación completa, no habría más payasos que les echaran en cara beneficios y favores! ¡Y la cosa es tan fácil… Basta con desconocer el derecho de propiedad privada o individual.

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            No son los trabajadores quienes deben sentirse satisfechos de beneficios y concesiones, sino los burgueses. Éstos, los burgueses, deben sentirse satisfechos de que los proletarios, engañados por sus jefes, no hayan puesto la mano sobre la riqueza social y reducídolos a la condición de trabajar o de morirse de hambre.

Pero, no cantéis victoria, bandidos del dinero y del gobierno, que el proletario está ganando experiencia. ¡Esperad, que en la puerta de cada fábrica, en la boca de cada mina y a la entrada de todo edificio gubernativo, se levantará el día menos pensado una guillotina con que el pueblo ofendido os pagará vuestros “beneficios” y vuestras “concesiones.”

(Continuará)

Celso Marquina

Regeneración, núm. 237, 6 de mayo de 1916