La guerra

Parece que la guerra entre México y los Estados Unidos está por estallar.

Si esta guerra ocurre al fin, no son los trabajadores mexicanos los responsables de ella, sino los capitalistas de todo el mundo en general.

El trabajador mexicano viene luchando con las armas en la mano, desde hace más de cinco años, por arrancar la tierra de las manos de los hacendados para hacerla propiedad de todos los habitantes de México. Esta es la aspiración común de todas las facciones en que esta dividida la población mexicana, desde la más avanzada, o sea, la facción anarquista que lucha por la emancipación absoluta del individuo, hasta la más conservadora, que considera indispensable que haya una autoridad que regule las relaciones entre los seres humanos.

La aspiración común de todas las facciones, que no es otra que la que se encierra en esta frase: “la tierra, para el que la cultiva”, contiene en su seno serias consecuencias para la estabilidad del sistema de la propiedad privada, porque no tiene, no puede tener otra solución, que el desconocimiento final, por parte de los trabajadores, del derecho que se atribuye el poseedor individual de la tierra, y la expropiación de ella en beneficio de todos, como una consecuencia natural de ese desconocimiento.

Porque cualesquiera que sean las soluciones que al problema de la tierra pretenden dar los interesados en perpetuar el sistema de la propiedad privada, esas soluciones fracasarán por no poder satisfacer la aspiración común, y el pueblo, aleccionado por la experiencia y alentado por el ejemplo de las poblaciones surianas y por las doctrinas y los actos de los anarquistas del Partido Liberal Mexicano, tomará al fin por su cuenta la solución del problema, y sin esperar que algún redentor labre su felicidad, tomará posesión de la tierra y de todo cuanto existe en ella.

Este es el epílogo del emocionante drama que viene desarrollándose al otro lado del Río Grande, epílogo que desconcierta a la burguesía de todos los países, y para impedirlo, con el fin de salvar el principio de la propiedad privada, se prepara la guerra con México.

Los burgueses mexicanos no desean otra cosa que la intervención, para impedir que las tierras, las casas, las minas, los bosques, las fábricas, los talleres y todo lo que constituye la riqueza social, caiga en manos de sus legítimos dueños: los trabajadores. El Ejército americano en México, es su salvación, porque cualquiera que fuera el gobierno que los Estados Unidos impusiera, sería, como todo gobierno, un protector de los intereses de la clase capitalista.

Los burgueses extranjeros desean la intervención, por los mismos motivos que la desean sus hermanos de clase los burgueses mexicanos.

Así, pues, son los burgueses los responsables de la guerra, si ésta llega a tener lugar, porque es a su llamado de auxilio al que atenderán los soldados de los Estados Unidos.

El pueblo mexicano se verá obligado a defender su libertad, exactamente la misma libertad que ha venido defendiendo durante la Revolución, sólo que contra fuerzas mayores que las que ha tenido que combatir hasta ahora.

Que el pueblo mexicano saldrá vencedor en el sentido de repeler la invasión, si esta llega a efectuarse, es indudable, porque su fuerza combatiente es superior a la de los Estados Unidos; pero que las facciones autoritarias, las que esperan que un gobierno haga la felicidad del pueblo, no vuelvan a caer en la misma necesidad de sostener con vida el principio de propiedad privada.

Si este principio no existiera, no habría guerras. Si ese principio no existiera, no habría burgueses que pidieran auxilio a los soldados de los Estados Unidos para que vayan a defender sus intereses.

Mexicanos: que al terminar la guerra que se avecina, os vea el mundo libres de las garras del sistema de la propiedad privada, madre del principio de autoridad.

Celso Marquina

Regeneración, núm. 238, 13 de mayo de 1916