Carranza traiciona la revolución

Creyéndose dueño y señor de la Revolución, Carranza se considera autorizado para intervenir en todo, hasta en lo que no le importa. Ese es un defecto del autoritarismo. El hombre más honrado, más justo y más bueno, pierde sus cualidades tan pronto como se ve investido de autoridad. Como tiene mando, se cree el mejor de todos los hombres, que si no fuera así no le habrían escogido sus conciudadanos para gobernarlos. Carranza se cree con derecho hasta para determinar cuándo y cómo deben declararse en huelga los trabajadores, como si él fuera un trabajador, como si él sintiera las necesidades del trabajador.

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            Por todo lo que hemos visto se comprueba la traición que Carranza ha hecho a la Revolución. La Revolución Mexicana es el movimiento del pobre contra el rico.

Carranza, burgués él mismo, y, además, jefe, tiene que estar, naturalmente, a favor del rico. En consecuencia, los proletarios que lucharon por hacer triunfar el constitucionalismo, lucharon, en realidad, por echarse encima el mismo yugo que tenían bajo el imperio de Porfirio Díaz.

Para evitar estas traiciones, el proletariado mexicano debe obrar por su propia cuenta. La experiencia le ha enseñado que todo gobernante es malo con el pobre y complaciente con el rico; que nunca ha existido un gobernante amigo del pobre y enemigo del rico, porque el deber del gobierno es proteger los intereses de los ricos.

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            La aspiración común del proletariado mexicano es que la tierra deje de ser propiedad de unos cuantos, para que todos tengan derecho a ella. Esta aspiración no puede ser satisfecha por ningún gobierno, porque ningún gobierno puede atentar contra los intereses de los ricos que tienen la tierra en su poder. Por lo tanto, el proletariado que da su sangre para encumbrar a un hombre, esperanzado en que este hombre hará algo bueno en beneficio de los pobres, no hace más que cambiar de amo, de verdugo, de tirano.

Para conquistar la tierra no se necesita gritar por Carranza ni por nadie: lo que se necesita es desconocer el pretendido derecho de la propiedad privada y tomar posesión inmediata de la tierra, no en nombre de alguna ley escrita por señores de levita y de sorbete, sino en ejercicio del Derecho de Vivir que corresponde a todo ser humano sin distinción de sexo ni raza.

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            Así, y solamente así, se cierran las puertas a la traición. ¡Que de algo os sirvan los descalabros sufridos, hermanos de cadenas, para que en lo sucesivo no encumbréis a nadie, sino que dignifiquéis y encumbréis vuestra clase tomando la riqueza social, sin esperar a que nadie la ponga en vuestras manos!

¡Muera Carranza y todo aquel que aspire a gobernar!

¡Viva el Manifiesto de 23 de septiembre de 1911!

¡Viva la Anarquía!

¡Viva Tierra y Libertad!

Celso Marquina

Regeneración, núm. 238, 13 de mayo de 1916