Palabras de Zapata

 

Tenemos a la vista un nuevo Manifiesto de Emiliano Zapata[1] en que el valeroso revolucionario hace, entre otras, declaraciones que es bueno que sean conocidas para comprender con más exactitud el carácter del movimiento revolucionario que sacude a México desde 1910.

Dice Zapata: “La revolución era y es contra el latifundismo, y Carranza ha reconstituido los latifundios; era y es contra los hacendados, y Carranza ha devuelto a éstos su enorme poderío y los medios de dañar, poniéndolos en posesión de las enormes propiedades que tienen usurpadas y que no saben ni quieren cultivar. Con ello ha provocado el hambre en toda la extensión de la República; pues por un lado, los grandes terratenientes se han negado por egoísmo o por cálculo a reanudar las labores agrícolas, y por el otro, los campesinos pobres, los jornaleros, los indígenas despojados, cuyo único anhelo es poseer un pedazo de tierra que sembrar, no han podido dedicarse a la labranza, porque el carrancismo, ni les ha devuelto sus propiedades, ni ha cumplido la gran promesa revolucionaria de repartir tierras entre los peones y jornaleros que no quieren ya volver a la hacienda para ser allí víctimas de la rapacidad de los grandes señores.

“En la cuestión obrera, el engaño y la mixtificación han sido también manifiestos.

“Mientras Carranza necesitó del obrero para utilizarlo como carne de cañón en la lucha contra la División del Norte, Carranza autorizó a Obregón para que éste fungiera en México de Pontífice Máximo de un socialismo de opereta, y aparentara dar satisfacción a las libertades y a las exigencias del proletariado, pero pasa el momento de extremo peligro, se cree alcanzado el triunfo, y entonces Carranza da un verdadero golpe de Estado en el asunto obrero, olvida todas sus promesas y burla despiadadamente a sus aliados de la víspera. Clausura la Casa del Obrero, persigue y encarcela a los agentes de esa institución,[2] declara por boca de Pablo González[3] que defenderá a la burguesía contra el proletariado, y últimamente ha puesto en vigor una verdadera ley marcial, una terrible suspensión de garantías, contra los obreros de la ciudad de México, especialmente contra los electricistas,[4] que creyéndose amparados por un gobierno amigo, trataron de ejercer el derecho de huelga, y se encontraron con la cárcel, la persecución, y aun con el patíbulo para algunos de sus compañeros.

“En esto ha venido a parar el sainete socialista de don Venustiano.

“Pero la clase obrera ya conoció sus manejos y le vuelve hoy la espalda, horrorizada de tamaña infidencia y arrepentida hasta el fondo de su alma de haberse sacrificado en un tiempo por semejante impostor.”

Respecto del carácter del movimiento revolucionario, dice Zapata: “…es un movimiento esencial y preferentemente económico, eminentemente agrario, dirigido contra los grandes poseedores de tierras, y encaminado a liberar de la esclavitud feudal a los trabajadores del campo, a proteger a los obreros de la ciudad contra la avidez de los capitalistas, a poner un límite a la omnipotencia de los reyes del dinero, protegida por todos los gobiernos anteriores y hecha posible por la inercia, la ignorancia, y la pasividad de las clases populares, que hoy han levantado por fin el pendón de sus reivindicaciones.”

Zapata explica por qué la Revolución arrastra cada día mayor número de partidarios, en las siguientes palabras: “porque todos ellos saben y ven que la Revolución cumple con sus promesas, ha repartido tierras (aunque le pese al carrancismo), ha permitido al hombre de los campos levantar magníficas cosechas, ha iniciado la redención de la clase indígena…”

El llamado gobierno carrancista no es tal gobierno, porque no ejerce poder efectivo, no domina ni material ni moralmente, a pesar del inmenso apoyo que le han prestado los grandes capitalistas americanos. La Revolución está en pie, como lo dice Zapata en pocas palabras. Helas aquí: “No hay un Estado en toda la República en donde no arda la Revolución: no hay sierras, valles ni llanuras, donde no existan grupos revolucionarios; no hay una sola vía de comunicación que se pueda decir controlada por el carrancismo.”

Tengamos confianza en el porvenir. La Revolución arde; añadamos combustible a ese fuego sagrado, y soplemos. Avivemos la llama con el soplo de nuestros ideales. Esforcémonos por hacer que nuestros hermanos de miseria se convenzan de que el triunfo de la Revolución no consiste en que se encarame un individuo a la silla presidencial y desde allí expida leyes protectoras de los pobres. No; eso no sería el triunfo de la Revolución, sino su fracaso, porque la misión de todo gobierno es proteger al rico. El triunfo de la Revolución consistirá en este hecho: en el traspaso de la manos de los capitalistas a las de los trabajadores, de todo cuanto detentan, de la riqueza entera.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 254, 24 de febrero de 1917.



[1] Refiérese al “Manifiesto al pueblo mexicano”, texto de Emiliano Zapata, fechado el 20 de enero de 1917 en Tlaltizapán, Morelos.

[2] La clausura de la Casa del Obrero Mundial (COM) de la ciudad de México por parte del gobierno de Venustiano Carranza se llevó al cabo el 2 de agosto de 1916, como parte de las medidas tomadas contra la huelga de trabajadores electricistas y las protestas organizadas por la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal.

[3] Pablo González Garza (Lampazos, Nuevo León, 1879-Monterrey, Nuevo León, 1950). Hijo de un próspero comerciante, primo en tercer grado de Venustiano Carranza y pariente de Antonio I. Villareal, con quien compartió los estudios primarios. En 1902, después de ejercer diversos empleos en Nuevo León, Coahuila y Chihuahua, emigró a California donde trabajó para el ferrocarril de Santa Fe. Regresó a México en 1907. Al parecer, en su época estadounidense entabló relación con los miembros del Partido Liberal Mexicano (PLM) a través de su primo. Sus biógrafos, al repetir lo que dice su hijo, Pablo González Miller, en El centinela fiel del constitucionalismo, monumental biografía de su padre, afirman que fue un militante del Partido Liberal Mexicano y que participó en la organización de trabajadores de origen mexicano en Estados Unidos; sin embargo, la única prueba documental de la relación entre González y la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano (JOPLM) es una misiva en la que Ricardo Flores Magón le informa a Villarreal que escribió una “carta a su primo para ver si suelta más…”. En 1910 se afilió al antirreeleccionismo y en 1911 se levantó en armas. En 1912, fue nombrado jefe de armas de Monclova y combatió la rebelión de Pascual Orozco. Tras el golpe de Huerta se puso a las órdenes de Carranza. Pese a que empezó a ser conocido como el “general que perdió todas las batallas”, Carranza terminó por darle el grado de general brigadier y lo nombró jefe del Cuerpo del Ejército del Noreste. Asistió a la Convención de Aguascalientes, pero se mantuvo fiel a Carranza y combatió a los convencionistas. En 1915 recuperó la capital para el constitucionalismo. Fue acusado de estar ligado a la famosa Banda del Automóvil Gris, pero nunca fue encausado formalmente de ello. En 1919 orquestó el asesinato de Emiliano Zapata en Chinameca. En 1920 desconoció a Carranza pero no se sumó al Plan de Agua Prieta. En ese año intentó levantarse en armas en Monterrey, por lo que fue aprehendido y sentenciado a muerte. Perdonado por Plutarco Elías Calles se exiló en Estados Unidos donde se dedicó a la banca, encabezando el Mexican American Banking Company, que quebró durante la crisis de 1929. Regresó a México en 1940 cuando el presidente Manuel Ávila Camacho lo reintegró al ejército reconociéndole el grado de general de división.

[4] Los trabajadores electricistas, incorporados a la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal estallaron una huelga el 31 de julio de 1916. El ejército intervino el local del Sindicato terminando con la huelga. Carranza ordenó arrestar a los líderes huelguistas y emitió una Ley Marcial para juzgarlos mediante un Consejo de Guerra, la mayoría quedaron absueltos del delito de rebelión; solo uno de ellos, Ernesto Velasco, fue encarcelado y condenado a muerte, sin embargo, finalmente fue liberado, gracias a la movilización de los obreros a su favor.