Notas al vuelo

 

Según Heriberto Barrón,[1] director del periódico barbachivista[2] El Pueblo,[3]la Compñaía Ferrocarrilera del Southern Pacific es muy decente con los trabajadores mexicanos.

Otra sería su opinión, señor don Heriberto, si el mejor día amaneciera de mal humor Barbas de Chivo,[4] y convencido de la ineptitud que adorna a su merced, le diera por el trasero un merecido puntapié, y se viera así obligado a entrarle al pico y a la pala en una sección del Southern Pacific. Allí me lo obligarían a quitarse las hilachitas, a quedarse como su madre lo echó al mundo y a recibir un “decente” baño de gasolina.

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            El conde de Tistza, Presidente del Consejo de Ministros del Imperio

Austro-Húngaro, al saber la negativa de los Aliados a discutir la paz, dijo:

La guerra es una carnicería completamente inútil. Continuaremos la lucha hasta conseguir despertar en nuestros adversarios el pleno convencimiento de su inutilidad con nuestros nuevos triunfos, hasta que el instinto de conservación de las naciones enviadas al matadero se vuelva contra sus gobernantes.

El conde ha dicho la verdad a medias, porque el mismo instinto de conservación que empujará a los pueblos de las naciones aliadas a levantarse contra sus tiranos, empujará a los pueblos de los Imperios Centrales a hacer lo mismo con los suyos.

Bastante saliva gastaron los lacayos barbachivistas que formaron el llamado Congreso Constituyente de Querétaro,[5] para discutir esta babosada: de si un presidente debe o no debe ser reelecto. Hubo acaloramientos, gritos destemplados, insultos, risas y cuanto hay que pedir. Por fin se convino en que un presidente no debe ser reelecto.

¡Tantos brincos estando el suelo tan parejo! Si ya no se trata de elegir mandones, señores lacayos. Con reelección o sin reelección de gobernantes, el pueblo se muere de hambre, si no tiene en sus manos la tierra y las máquinas para trabajar por su cuenta.

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            El servilismo de los eunucos que formaron el tal congresillo, puede ser medido por el siguiente diálogo, que un cronista de El Pueblo no tiene el pudor de ocultar. Pregunta un general Múgica:[6]

“¾¿Podrá cualquiera, que no sea el Primer Jefe, resultar electo Presidente en las próximas elecciones?

“¾Ninguno, responden varias voces.

“¾Indudablemente que ninguno, prosigue el orador.”

¿Qué quiere decir esto, sino que el demócrata Barbas de Chivo se elegirá a sí mismo?

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            Los barbachivistas van a declarar día de fiesta el 1º de marzo, aniversario del descubrimiento de México por los conquistadores españoles.

Si es así, ya pueden los barbachivistas tachar del calendario como día de fiesta nacional el 21 de agosto, en que se glorifica la resistencia tenaz que los aztecas ofrecieron a las huestes españolas, porque la verdad es que ambas fechas se dan de bofetadas. Si se glorifica la conquista, la subyugación de la raza mexicana, en buena lógica debe anatematizarse la resistencia que nuestros antepasados opusieron a la agresión conquistadora.

¿Pero qué entienden de lógica los salvajes barbachivistas?

Celebrar el 1º de marzo, es glorificar la destrucción de Tenoxtitlán [sic], la violación de las doncellas y el asesinato de los ancianos y de los niños llevados a cabo por los conquistadores, así como bendecir la religión que a sangre y fuego nos impusieron y las cadenas de las que todavía no podemos deshacernos.

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            Barbas de Chivo ha ordenado a sus jefes de aduanas que no permitan la salida de trabajadores mexicanos a los Estados Unidos. Dice que lo hace así, para evitar que los proletarios vengan a sufrir a tierra extraña.

¡Compasivo se muestra el angelito! Pero en realidad, lo que no quiere Barbas de Chivo es que los trabajadores mexicanos vengan aquí, adquieran nuevas necesidades creadas por el medio y hasta aprendan a ser hombres conscientes por medio de Regeneración, y vuelvan a México con sus nuevas necesidades, cuya satisfacción requiere mejores salarios, y sobre todo, con las sanas ideas anarquistas prendidas en sus cerebros, ideas que comunicarán a sus hermanos de clase, como ha sucedido y está sucediendo.

El humanitarismo de Barbas de Chivo es una patraña, hermanos. Teme que el pobre abra los ojos: eso es todo.

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            Un reportero de El Universal,[7] de la ciudad de México, entrevistó a algunos obreros del Distrito Federal, y asegura que éstos están muy contentos con la ley sobre el trabajo, y que se muestran muy agradecidos a los diputadillos que formaron el llamado Congreso Constituyente de Querétaro.

Las reformitas obtenidas son una engañifa calculada para entretener a los trabajadores, y hacerles olvidar que la expropiación de la riqueza social en beneficio de todos, es la única solución del problema de la emancipación humana.

¿Agradecimiento a los diputadillos barbachivistas? ¿Y por qué? Ni esas reformitas se habrían obtenido, si los tales diputadillos no hubieran tenido enfrente al pueblo armado. Es a los que están levantados contra el gobierno a los que deben mostrar su agradecimiento esos obreros: Si los diputadillos se han dignado fijarse en los obreros, es porque tratan de aplacar la cólera popular. No hay que ser tan inocentes.

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            Un diputadillo Macías[8], en una de tantas sesiones del “Constituyente”, dijo muy orondo: “Yo sería de opinión, que el único caso en el que se persiga al periodismo, sea cuando excite al ejército a la rebelión o propague el anarquismo.”

Esas pocas palabras dan la medida del amor que por la libertad sienten los barbachivistas. El ejército es el sostenedor de las instituciones que oprimen al pueblo. Decirle al ejército que se rebele, es cosa santa para todo hombre honrado; pero es un crimen para un barbachivista. El anarquismo aboga por la desaparición del principio de Autoridad, del derecho de propiedad privada y de la Iglesia para que el ser humano pueda considerarse realmente libre. Todo hombre sensato ama el ideal anarquista; pero el barbachivista lo ve con horror porque bajo la anarquía ya no habrá diputados, ni senadores, ni generales, ni gobernantes, ni nada de esa polilla que vive del sudor del pobre.

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            Veo en una crónica de una de las sesiones del famoso “Constituyente”: “… el diputado Cano[9] propone que la fracción dieciséis sea adicionada con una cláusula que diga que al huelguista no se le considerará como trastornador del orden público.”

Esto saca de sus casillas a los barbachivistas, y con especialidad a un tal de la Barrera,[10] quien echando espumarajos de rabia y atragantándose con sus propias palabras, brama de este modo: “…ya se han concedido bastantes garantías a los trabajadores, y por lo mismo, no es de aceptarse la adición propuesta por el diputado Cano, porque si se aceptara, sería llegar al libertinaje.”

¿Qué garantías son esas? La reforma carrancista no libra al trabajador de la dependencia económica. Lo único que puede garantizar al trabajador la libertad y el bienestar, es el libre acceso a la tierra y el libre uso de la maquinaria; pero esa garantía no la concede ningún congreso; esa garantía se conquista por medio de la expropiación llevada a cabo por el pueblo mismo, sin directores, ni tutores, ni caudillos, ni redentores de ninguna laya.

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            El general James Parker,[11] Comandante del Distrito de Brownsville, Texas, ha expedido una circular en la que se aconseja a los habitantes de la región, que tan pronto como sepan que algún individuo o grupo de individuos trata de violar las leyes de neutralidad, den aviso a las autoridades para el castigo de los culpables.

¡Esto ya es el colmo! Se quiere que los habitantes de la región se rebajen haciendo el papel de delatores o soplones. ¿No bastará con los perros a sueldo para perseguir a los revolucionarios?

No hay que envilecer más a las masas excitándolas a ejercer oficios viles, como el de policía.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 254, 24 de febrero de 1917.



[1] Heriberto Barrón. Político y periodista guatemalteco. Último director de El Demócrata. “Diario de Combate” (1896); El Progreso (1907-1909), ambos de la ciudad de México. Expresó simpatías por el Club Liberal “Ponciano Arriaga”, de las que se retractó públicamente en octubre de 1901. Diputado durante el régimen porfirista. En 1909, junto con Manuel Garza Aldape y otros formó el club Soberanía Popular de la ciudad de México, columna vertebral de la campaña reyista a la presidencia de la república. Hacia 1914 se unió al constitucionalismo y publicó El Pueblo (Veracruz, 1914-ciudad de México, 1915). Secretario general interino del gobierno de Yucatán con el general Toribio V. de los Santos.

[2] Refiérese a los seguidores de Venustiano Carranza.

[3] El Pueblo. Fundado en Veracruz como órgano del carrancismo por Félix F. Palavicini en 1914. A partir del 29 de octubre de 1915 se publicó en la ciudad de México, bajo la dirección de Rodrigo Cárdenas. Desapareció a principios de 1917.

[4] Refiérese a Venustiano Carranza.

[5] Refiérese al Congreso Constituyente, convocado por Venustiano Carranza, encargado de elaborar la Constitución mexicana en la ciudad de Querétaro entre el 1 de diciembre de 1916 y el 31 de enero de 1917; la Constitución fue aprobada el 5 de febrero del mismo año.

[6] Refiérese a Francisco J. Múgica (Tingüindín, Michoacán, 1884-México, Distrito Federal, 1954). Profesor, periodista, militar y político. Durante el porfiriato colaboró con periódicos antiporfiristas. Algunas fuentes afirman que escribió para Regeneración, aunque no consta prueba documental de ello. En 1910 viajó a San Antonio donde entabló contacto con grupos revolucionarios. En 1911 participó en la toma de Ciudad Juárez bajo las órdenes de Pascual Orozco. En 1913 encabezó repartos de tierra en Michoacán. Fue miembro del ala radical del Congreso Constituyente de 1917, y dejó su impronta en los artículos 3º, 27º y 123º. En 1915 fue gobernador de Tabasco y, en 1920, de Michoacán. Secretario de Economía y de Comunicaciones y Obras Públicas durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, luego de ser mencionado como el sucesor natural de Cárdenas a la presidencia, fue designado gobernador del entonces Territorio de Baja California Sur.

[7] El Universal. Periódico fundado en octubre de 1916 por uno de los intelectuales más cercanos a Venustiano Carranza, el tabasqueño Félix V. Palavicini. Por su maquinaria, formato y relación con las agencias de prensa estadounidenses, nació como un periódico moderno de influencia norteamericana. Fue vocero de los trabajos del Congreso Constituyente de Querétaro. Pese a la cercanía de su director con Carranza, El Universal se puso totalmente del lado aliado en la Primera Guerra Mundial y mostró una tendencia pro estadounidense. Tras la muerte de Carranza, el periódico se enfrentó al grupo de los sonorenses por lo que Palavicini fue retirado de la dirección. El periódico se sigue publicando actualmente

[8] Refiérese a José Natividad Macías (1857-1948). Abogado. Fue diputado en la última legislatura porfirista (1909-1911), donde se relacionó con Venustiano Carranza. Fue encarcelado por Huerta, cuando este disolvió el Congreso en 1913. Acompañó a Carranza a Veracruz, donde ocupó la rectoría de la Universidad Nacional. Elaboró el proyecto de reforma constitucional que sirvió al constituyente de Querétaro para elaborar la Constitución de 1917. En 1920, tras el asesinato de Carranza fue encarcelado; después de unos meses de prisión marchó al exilio. Durante unos años residió en San Antonio, Texas. Volvió a México y, a su muerte, en 1948, presidía la Asociación de Diputados Constituyentes.

[9] Refiérese a Nicolás Cano. Guanajuatense. Relacionado con Joaquín González y González, abogado de origen aristócrata pero defensor de las causas de los oprimidos y antiporfirista, y con José F. Granados, periodista leonés editor de El Barretero, semanario identificado con los mineros. En 1906, Cano, González y Granados protestaron públicamente por la matanza de Cananea. Fueron reprimidos y apresados y la policía destrozó el taller de Granados en Guanajuato. En 1909, Cano se sumó al Partido Antirreeleccionista de Francisco I. Madero y colaboró con La Hoja Republicana y con El Diario del Hogar. Tras el golpe de Victoriano Huerta, se sumó al carrancismo. En 1914 colaboró con el gobierno constitucionalista de José Siurob en su estado natal. En 1917, fue diputado al Congreso Constituyente y formó parte del bloque radical con Francisco Múgica y Heriberto Jara. Se distinguió por su participación en la elaboración del Artículo 123. En ese mismo año participó en la organización del Partido Socialista Mexicano (PSM) y, en 1918, en la fundación de la Confederación Regional Obrera de México (CROM). Fue asesor del Sindicato Tranviario. Estuvo entre los fundadores del Partido Comunista Mexicano (PCM) en 1919, pero al año siguiente rompió con este para restablecer el PSM. Publicó textos de Lenin y Zinoviev. En 1921 se separó del PMS para fundar el Partido Comunista Revolucionario Mexicano, con Diego Aguillón y Teódulo Loman. En ese año fundó en Guanajuato el periódico Rebeldía.

[10] Refiérese a Antonio de la Barrera Aguilar (Hermosillo, Sonora, 1884-ciudad de México, 1959). Tras el golpe de Victoriano Huerta, de febrero de 1913, se unió a las fuerzas rebeldes de Lucio Blanco en Matamoros. Formó parte de la División de Oriente del ejército constitucionalista y obtuvo el grado de coronel. Fue diputado por Puebla al Congreso Constituyente de 1917, luego funcionario de la Secretaría de Hacienda y fundador de la Asociación de Diputados Constituyentes.

[11] Refiérese al general James Parker (1854 –1934). Tomó parte en las guerras emprendidas por Estados Unidos contra India, Cuba y Filipinas.