Notas al vuelo

 

El departamento de guerra de los Estados Unidos ha lanzado un llamamiento para conseguir 21,750 individuos a quienes se adiestrará para hacer de ellos otros tantos oficiales del formidable ejército que se trata de reclutar para entrar a la guerra. En el llamamiento se hace constar que no se necesitan hombres diestros en asuntos militares, pues lo que se requiere es que esos mejores sean hombres de carácter y fuerza.

Más claro no canta un gallo. Para la leva que pronto comenzará, se necesitan 21,750 rufianes desalmados que no se tienten el corazón para entrar a los hogares y arrancar a los varones del seno de sus familias para que defiendan la patria, o sea los bienes que la burguesía ha robado al pueblo.

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Una mañana despierta de mal humor el pueblo ruso, y de un soberano puntapié avienta al demonio a Nicolás II. El zar de Rusia, empolvado y magullado como es de suponerse, dice muy orondo: “abdico al reino, renuncio a mi puesto.”

Vamos, que el angelito no encuentra diferencia entre renunciar y ser renunciado.

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            Wilson, en su discurso inaugural dirigido al pueblo americano y al mundo entero, hace chistosas declaraciones de principios, siendo uno de esos principios este: que los gobiernos derivan su poder del consentimiento de los gobernados.

¡Mentira lisa y llana! Los pueblos sufren la imposición de los gobiernos, como el cuerpo sufre una enfermedad. ¡Qué consentimiento ni qué ojo de hacha!

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            El gobierno de Wilson trata de reclutar la friolera de un millón de hombres para comenzar la guerra con Alemania; pero como no hay el número suficiente de bobos que estén dispuestos a estacar la zalea en beneficio de Morgan,[1] Rockefeller[2] y demás pandilla, dice el Times: “…el Presidente está estudiando seriamente el método de la leva para reclutar el número necesario de soldados”.

Y la tal leva no será echada entre los señores panzones que, por ser los dueños de todo, deberían ser los señalados para defender la patria, sino que la sufrirán los que no tienen un terrón para reclinar la cabeza, que siempre al perro más flaco se le cargan las pulgas.

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            Echando lagrimones gruesos como tejocotes, Rafael Martínez[3], el mentado Rip-Rip, se acuerda de Madero, y dice: “El fragmento de tierra donde están los restos del Apóstol, más que tumba, es cuna.”

Tiene razón: es una cuna de gusanos.

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            A los clérigos, los burgueses y los gobernantes no les conviene que las mujeres proletarias pongan en práctica los principios neo-maltusianos sobre la limitación de los nacimientos, porque con la generalización de esa práctica, el número de esclavos disminuiría, y los señores burgueses ya no podrían despedir a su antojo a los trabajadores con la seguridad de que habrá miles que se presentarán a ocupar el lugar de los despedidos, así como en caso de huelga, no habrá hambrientos dispuestos a hacer traición a su clase tomando los empleos de los huelguistas, ni los gobiernos contarán con brazos dispuestos a empuñar el fusil para esclavizar a las masas. El Reverendo Charles Edward Locke,[4] de la primera Iglesia Metodista de esta ciudad, acaba de echar sapos y culebras contra los propagandistas del neo-maltusianismo. Dice el santo varón: “No es este el momento, para los patriotas, de hablar sobre limitación de los nacimientos, sino de que haya más niños, más, muchos más.”

Sí, los burgueses necesitan hambrientos que se sacrifiquen por ellos, y naturalmente, la Iglesia sale en su ayuda.

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            José J. Pesqueira,[5] cónsul barabachivista en esta ciudad, aconseja a los trabajadores mexicanos que se abstengan de intervenir en pro o en contra de la proyectada huelga de ferrocarrileros,[6] que por fin no se llevó a cabo.

Mire, don José: esos son asuntos que no le importan a su merced. ¿Por qué no mejor que gastar los “infalsificables”[7] en hojitas estúpidas aconsejando a los trabajadores que no se interesen en los asuntos de su clase, hace usted algo en favor de los mexicanos? ¿No sabe su señoría que a los mexicanos se les baña con gasolina, se les sujeta a miles de humillaciones, se les roban sus salarios, se len encarcela por cualquier cosa y son vistos con el mayor desprecio? Déjese de consejitos y haga algo para desquitar los “infalsificables” que le envía su amo, dinero que sale de lo lomos de los trabajadores. ¡Desquite los frijolitos, don José!

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            Los socialistas de la ciudad de Los Ángeles acaban de adoptar esta resolución: “Protestamos contra las guerras manufacturadas por la clase capitalista y en favor de sus intereses. Demandamos que se someta a referéndum toda disputa internacional en que esté envuelta nuestra nación, y que aquellos que voten en favor de la guerra, sean los primeros en ser reclutados”.

La verdad es que los socialistas no tienen corazón; ¿cómo querer obligar a los señores Otis,[8] Hearst,[9] Morgan y demás personas decentes a que empuñen un fusil para defender su dinero? ¿No ha sido siempre el deber de las gentes ordinarias arriesgar el pellejo en provecho de sus amos? La verdad es que estos socialistas quieren las cosas al revés, esto es, que los que tienen dinero, que son los únicos que tienen interés en las guerras de una nación con otra, sean los que derramen su preciosa sangre, cuando está bien establecido por la costumbre que el que no tiene ni en que caerse muerto, sea el defensor de la patria.

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            A mí me gusta que los trabajadores reciban palos del gobierno porque así se irán convenciendo de que el gobierno, cualquier gobierno, todo gobierno, tiene que ser el protector del rico y el verdugo del pobre. Los ferrocarrileros norteamericanos acaban de ganar la demanda de la jornada de ocho horas; pero han perdido el derecho de declararse en huelga, porque la Suprema Corte, al fallar sobre la constitucionalidad de la llamada Ley Adamson,[10] declara que el derecho de los trabajadores ferrocarrileros a declararse en huelga, está limitado por el interés público.

Me alegro, para que otra vez los trabajadores no dejen intervenir en sus asuntos al gobierno.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 255, 24 de marzo de 1917.



[1] Refiérerse a John Pierpont Morgan Jr. (1867-1943). Tercero de la dinastía de ese nombre dueña del emporio financiero angloestadounidense instituido por el banquero Junius Morgan y consolidado por el hijo de este, John Pierpont Morgan (1837-1913). Empresario norteamericano con inversiones millonarias en el tendido de vías férreas y redes telegráficas, la producción hidroeléctrica, la industria minera, entre otros ramos. A comienzos del siglo XX adquirió la US Steel Corporation. Fundó la multinacional J. P. Morgan & Company, a partir de la cual amasó una fortuna colosal que contribuyó a la estabilidad económica de los Estados Unidos. Obtuvo beneficiosas concesiones del gobierno mexicano durante la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, mismas que se acrecentaron bajo el régimen porfiriano.

[2] Refiérese a John Davison Rockefeller (1839-1937). Fundador de la Standard Oil Company. Dicha compañía fue acusada de prácticas monopólicas y fue dividida en 1911. Creador del sistema moderno de la filantropía norteamericana.

[3] Rafael Martínez Rip-Rip (México DF,1881-Guadalajara, Jalisco, 1949). Periodista. Colaboró con Francisco I. Madero en la redacción de El Demócrata, de Parras, Coahuila, y en el Partido Antirreeleccionista durante la campaña de 1909. Con el triunfo del maderismo fue electo diputado. En 1915 fundó El Demócrata, de filiación carrancista y adoptó el seudónimo de Rip-Rip. Fue diputado al Constituyente de Querétaro por el Distrito Federal. Posteriormente colaboró en Excélsior, La Prensa, Sucesos y otras publicaciones. Autor de La Revolución y sus hombres, Madero, su vida y su obra, Los días de la Rebelión Delahuertista y Juárez Inmortal.

[4] Charles Edward Locke (1858-1949). Pastor de la Iglesia Metodista de Los Ángeles. Simpatizante de Venustiano Carranza, promovía la intervención estadounidense en México, “pero no con armas sino con biblias”. Autor de obras como: The Typical American, Pray; A Manual on Prayer, Is the Negro Making Good? o A Man´s Reach.

[5] Refiérese al coronel José de Jesús Pesqueira. Miembro de la oligarquía sonorense. Socio del Banco de Sonora y primo del gobernador, Ignacio Pesqueira, puesto que ocupó posteriormente. Fue cónsul en Estados Unidos durante el gobierno de Carranza.

[6] Refiérese a los intentos organizativos impulsados principalmente por los IWW para declarar la huelga en el sector ferroviario, mismos que fueron frenados por las medidas represivas del gobierno norteamericano durante los primeros meses de 1917 en Los Ángeles, California.

[7] Refiérese a una medida tomada en el mes de abril de 1916 durante el gobierno de Venustiano Carranza que buscaba unificar la multiplicidad de billetes existentes y evitar su falsificación por medio de billetes más modernos e «infalsificables». La medida resultó un fracaso y los billetes tuvieron que ser retirados de circulación en diciembre de ese mismo año.

[8] Refiérese a Harrison Gray Otis (1837-1917). Empresario y periodista estadounidense. Gerente de la Colorado River Land Company que poseía cerca de 350,000 hectáreas de tierras en Baja California. Propietario del diario conservador The Los Angeles Times, desde cuyas páginas orquestó una campaña de desprestigio contra el PLM y alentó abiertamente la anexión del territorio de Baja California a los Estados Unidos. El gobierno mexicano envió expresamente al coronel Miguel Mayol a defender los intereses de Otis en la región.

[9] Refiérese a William Randolph Hearst (1863-1951). Empresario, magnate del periodismo y político estadounidense. Fundador de un emporio mediático desde el cual promovió la intervención de Estados Unidos en Cuba en 1898. Propietario de una extensa cadena periodística, encabezada por el periódico Los Angeles Examiner, hizo propaganda a favor del gobierno porfirista. A través de su empresa, la Babicora Development Company, adquirió grandes extensiones de tierra en Chihuahua, Durango, Sonora y Sinaloa. En 1911 participó en la campaña propagandística contra la lucha del PLM en los estados fronterizos, y en 1914 orquestó una campaña análoga en contra de Pancho Villa. Decidido impulsor de la anexión de México por parte de Estados Unidos. Se le consideró el iniciador del periodismo informativo moderno.

[10] Ley Adamson. Promovida por el republicano William C. Adamson, estableció la jornada de ocho horas para los trabajadores de los ferrocarriles interestatales que recorrían los Estados Unidos, así como el pago de horas extras para los que rebasaran este límite. Elevada a rango constitucional en 1917, fue la primera ley federal que regulaba la jornada laboral para compañías privadas en los Estados Unidos.