Nuestro proceso[1]

 

Intempestivamente hemos sido notificados Enrique y yo, que nuestro proceso será visto en apelación el próximo mes de mayo, cuando se nos había asegurado que la apelación se verificaría hasta el mes de octubre venidero.

Esto quiere decir que a los verdugos del pueblo les causa inquietud nuestra presencia fuera de los muros de una prisión, y que se les hace demasiado largo esperar hasta octubre para sepultarnos en el presidio.

No podemos esperar que la corte de apelaciones falle a favor nuestro. Los señores de la corte dirán muy campanudamente que somos unos enemigos del orden, que conspiramos contra la paz, que somos la manzana podrida que hay que separar de las buenas para que no las eche a perder, atados de pies y manos, como bestias furiosas, seremos arrastrados al calabozo, que es el sitio designado para todos los que sueñan con una humanidad fraterna y libre.

Mientras los oprimidos no se interesen por su propia suerte; mientras los esclavos vivan resignados y pasivos, indiferentes y egoístas, el calabozo y el cadalso continuarán siendo el freno de la verdad.

Está bien, aceptamos lo que nos toque, pues bien sabemos que no podemos esperar caricias del enemigo. Estamos en la lucha, y de antemano sabemos que nuestras palabras de verdad y de justicia sólo pueden tener como recompensa la coz, el insulto y la muerte.

Pero la semilla está sembrada. Vamos tranquilos al sacrificio, con la seguridad de que la semilla que con profusión hemos regado, tendrá que germinar. Nuestros flacos cuerpos no son la rebeldía; pueden apoderarse de ellos nuestros verdugos y sepultarlos en un calabozo. La Idea es libre y continuará iluminando conciencias, tocando corazones, sacudiendo dignidades y despertando las dormidas cóleras, madres formidables de la barricada y de la guillotina.

Los opresores del pueblo esperan que con nuestro confinamiento en un presidio morirá toda agitación. Trabajadores: demostrad que habéis abierto los ojos y que no necesitáis quien os impulse a conquistar la libertad y el bienestar.

No dejéis morir a Regeneración, y por lo que a nosotros respecta, si consideráis que la vergüenza indica que no es digno dejar al enemigo hacer su capricho, contribuid sin pérdida de tiempo con lo que podáis para nuestra defensa, ya que sabéis que la justicia burguesa es una prostituta que necesita dinero.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 256, 21 de abril de 1917.



[1] El 18 de febrero de 1916, un gran jurado de la Corte de Los Ángeles, California, acusó a Ricardo y Enrique Flores Magón y a William C. Owen de violación de la sección 211 del Código Penal de 1910, al depositar en el correo copias de Regeneración que contenían “lenguaje vil e indecente”. Como antecedentes de este proceso, pueden citarse la circular del 4 de noviembre de 1915 emitida por el inspector postal en Washington, Walter M. Cookson y dirigida a los suscriptores de Regeneración solicitándoles la entrega de ejemplares fechados en septiembre y octubre de 1915. El propio Cookson, en una carta al inspector postal en San Francisco, refiere que agentes de Venustiano Carranza habían puesto una queja en contra de Regeneración vinculándolo con la violencia desatada en la frontera de México con Texas.