Argucias carrancistas

 

El sainete carrancista amenaza terminar en tragedia; pero lo malo es que en esta tragedia sea el pueblo mexicano el chivo expiatorio.

El carrancismo está perdido. Amenazado por la Revolución en todos sentidos, trata una vez más de atraerse las simpatías populares explotando el sentimiento de las masas.

Ayer, cuando se vio perdido; cuando comprendió que si no explotaba el sentimiento popular contra la burguesía, su muerte era segura, no vaciló en jugar al radicalismo, y sus prohombres hasta llegaron a predicar el anarquismo. Las iglesias fueron convertidas en centros obreros; la prensa carrancista hacía furiosa propaganda obrera; periódicos semianarquistas fueron costeados por el tesoro del gobierno;[1] hasta se fundó una Escuela Moderna en la ciudad de México,[2] y a su inauguración acudieron, con carácter oficial, personajes del carrancismo.

El zapatismo ponía las tierras a disposición de las peonadas, y el carrancismo no quiso quedarse atrás: él también dio tierras a varios pueblos, a unos cuantos, los necesarios solamente para poder mostrar al proletariado que él también era amigo de los pobres; pero cuidándose muy bien de no generalizar la práctica.

Pasó el tiempo. Los trabajadores se convencieron del engaño carrancista y ya nadie tuvo fe en la bandera de la Constitución. Los obreros que habían luchado en el campo económico para conquistar su bienestar, estaban en la cárcel y otros habían sido sentenciados a muerte. El derecho de huelga se había considerado como delito. Las Casas del Obrero habían sido desalojadas de los suntuosos edificios que al principio ocuparon,[3] y las cosas todas tomaron el sombrío aspecto que ostentaban bajo la dictadura de Porfirio Díaz.

La última elección de Carranza,[4] fue una repetición de las farsas electorales del porfirismo. La ilusión se desvaneció, y el pueblo retiró su simpatía al carrancismo.

Ahora, ya no puede el carrancismo recurrir a la engañifa de jugar al radicalismo porque ya nadie le creería, y trata de explotar alguna pasión popular que ponga a las masas a su disposición.

Esa pasión es el patriotismo. Ante la ruina próxima de su reinado, el carrancismo no se tienta el corazón para arrastrar al pueblo mexicano al conflicto internacional. Estudiando todos los datos sueltos que circulan por aquí y por allí, se llega a descubrir que el carrancismo está aliado con Alemania para hacer la guerra a los Estados Unidos. Obrando así, el carrancismo espera que todo el pueblo empuñará la bandera constitucionalista; las ansias revolucionarias serán sustituidas por ardores de conquista y deseos de venganza, y la caída inevitable de la funesta camarilla quedará aplazada indefinidamente.

Bastará, según los sueños carrancistas, con desarrollar ante la vista de los patriotas la perspectiva de una fácil ocupación de Texas, Nuevo México, Arizona, California y demás territorio arrebatado a México en el 47, para que las masas enloquecidas empuñen la bandera tricolor y se lancen a la reconquista de la tierra perdida.

Nosotros confiamos en que el pueblo pobre, el proletariado, tendrá la necesaria sensatez para no dejarse arrastrar a esa loca aventura. Nada tiene que ganar el pobre en una guerra de conquista. Suponiendo que el carrancismo, con la ayuda de Alemania, pudiera apoderarse del territorio que México perdió en otro tiempo, ¿qué ganaría con ello el proletariado? Las tierras, las casas, las minas, las fundiciones, las fábricas, los ferrocarriles, todo en suma, seguiría siendo la propiedad de la burguesía, de la misma manera que lo es ahora, y el pueblo pobre continuaría siendo el macho de carga del rico como lo es ahora.

No; el pueblo mexicano debe desoír los cantos de las sirenas patriotas, y continuar su obra revolucionaria, que es lo que se pretende destruir avivando sentimientos de revancha. Con la conquista de nuevos territorios para sus amos, nada ganará. En México hay tierra suficiente para que todos puedan vivir contentos y libres, sin pensar en expansiones. Lo único que se necesita es tener el valor de arrebatarla de las manos de los ricos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 256, 21 de abril de 1917.



[1] Probable referencia a Ariete. “Revista Sociológica”. Órgano de la COM (México, DF, 1915-1916). Redactores: Juan Tudó, José Barragán Hernández y Enrique H. Arce. Administrador: Eduardo Moneda. Colaboradores: Rosendo Salazar, Eloy Armenta, Rafael Quintero, Ángel G. Rodríguez, Casimiro del Valle, José F. Rodríguez, entre otros. Publicación semanal de orientación anarcosindicalista. Inicialmente, reflejó en sus columnas el clima de colaboración política entre la organización sindical y el carrancismo triunfante, dando cuenta de la actuación de los Batallones Rojos y legitimando la participación de los obreros organizados al lado de la facción constitucionalista. Consagrado principalmente a la orientación de la organización sindical, dedicó además sus columnas al impulso de la propaganda racionalista, a la promoción del esperanto, a la propaganda contra el militarismo europeo, al teatro ácrata y la literatura libertaria. A comienzos del 1916, en el contexto de la ruptura con el constitucionalismo, la declaración de la huelga general y la disolución de la COM por orden gubernamental, Ariete fue suprimido definitivamente.

[2] El 13 de octubre de 1915 en el Palacio de los Azulejos en la ciudad de México se inauguró la Escuela Racionalista de la COM, basada en la propuesta de la Escuela Moderna impulsada en España por Francisco Ferrer Guardia. La dirección quedó a cargo de la profesora Paula Osorio y Lorenzo Camacho Escamilla e inspectores Juan Tudó y Jacinto Huitrón.

[3] Refiérese al Palacio de los Azulejos, el exconvento y templo de Santa Brígida y el Colegio Josefino en la ciudad de México.

[4] El 6 de febrero, al día siguiente de la promulgación de la Constitución de 1917, Venustiano Carranza convocó a elecciones extraordinarias, mismas que se llevaron al cabo el 11 de marzo. Postulado por el Partido Liberal Constitucionalista, Carranza fue declarado vencedor y presidente constitucional. Tomó posesión del cargo el del 1 de mayo de 1917.