En los umbrales de la libertad.

 

¿Quién es aquel que no siente la proximidad de una catástrofe que está a punto de escribir con letras de sangre un nuevo capítulo en la historia del progreso humano?

Debe ser sordo aquel que no oiga el murmullo del descontento crecer hasta amenazar convertirse en bramido de mar azotado por el viento: debe ser ciego aquel que deje de observar en las multitudes los mil gestos del dolor, de la desesperación y de la cólera. No hay uno que no perciba las resinas pisadas de la Revolución en marcha; no hay uno que no sienta en la frente el aliento cálido de la protesta y de la rebeldía.

La proximidad del cataclismo que tiene que remover hasta sus cimientos la estructura económica, política y social que hasta el presente ha formado el modo de convivir de los seres humanos, es presentida por todos, por los oprimidos como por los opresores, así por las víctimas como por los verdugos. Es que los pueblos se han convencido al fin de que las instituciones actuales no solamente son incapaces de garantizar la libertad y el bienestar, sino que son nocivas para el desarrollo armónico de la especie humana en su conjunto, porque si bien dentro de ellas unos cuantos individuos se benefician, la mayoría, la inmensa mayoría sufre miseria y opresión.

Monarquía constitucional, república central y república federal, sufragio restringido y sufragio universal, todo ha sido ensayado por el ser humano en su empeño de conquistar su bienestar y su libertad, y en todos esos ensayos han sido chasqueados, porque el gobierno, cualquiera que sea su forma, ha resultado ser siempre el auxiliar poderoso y decidido del fuerte para oprimir al débil. Ninguna forma de gobierno ha satisfecho las ansias de libertad y de bienestar que abriga el hombre, y de ahí que exista el deseo de un cambio en el modo de agruparse de las sociedades humanas, de alcanzar una forma de convivencia que esté más de acuerdo con el moderno sentimiento de justicia y con las nuevas concepciones de libertad.

No es un pueblo solo de la Tierra el que aspira al cambio, sino todos los pueblos. La Revolución alarga el brazo para llamar a todas las puertas, porque el mismo malestar es sufrido por todos los pueblos, la misma tiranía e idéntica miseria imperan en todas las latitudes, bajo todos los cielos, en todos los climas, bajo la autocracia como bajo la democracia, y así vemos que en este momento, los pueblos todos que hasta ayer fueron sumisos y sufridos, sacuden su indolencia, abren los ojos y aprietan los puños.

Todo hace presagiar que esta gran revolución mundial que se aproxima a grandes pasos, no se limitará a destronar un rey para colocar un presidente en su lugar, o a derribar un presidente para encumbrar a uno nuevo. La humanidad está cansada de esos cambios; ya nadie cree que Pedro será mejor que Juan como gobernante, puesto que la experiencia ha enseñado que todos los gobernantes son nocivos por igual; que el gobierno no tiene otra misión que garantizar al rico el tranquilo disfrute de las riquezas que ha podido acumular mediante el sacrificio del pobre. Los pueblos han encontrado al fin que el origen de sus males está en la desigual distribución de la riqueza, y es a una distribución más justa de esa riqueza a lo que generalmente se aspira, y es el capitalismo la primera institución que está llamada a desaparecer.

México y Rusia forman la vanguardia de la magna insurrección. En México, como en Rusia, manos audaces arrancan la tierra de las garras de la burguesía. El Sur de México está en poder de los proletarios, y en Rusia, dos millones quinientos mil acres de tierra han sido tomados por los campesinos, sin esperar a que un congreso se digne decretar la expropiación de la Tierra. Lo que ocurre en México y en Rusia ocurrirá en todo el mundo, porque en todas partes de la tierra se encuentra acaparada por unos cuantos, y al acaparamiento de esa fuente natural de la riqueza se debe la miseria de las masas populares.

Para amortiguar el ánimo expropiador y revolucionario de las masas, la burguesía mexicana se ha visto obligada a incluir en la nueva Constitución capítulos de reforma agraria y de protección para los obreros,[1] y el gobiernillo provisional ruso, con el mismo fin que el gobiernillo mexicano, atrae a su seno a los más corrompidos elementos del socialismo político, y estas maniobras de los políticos mexicanos y rusos, si bien entorpecen el paso franco de la Revolución niveladora y justiciera, no logran extinguir su fuego, como que con esas maniobras y con tales maquinaciones no se extinguen las dos grandes causas que hacen poner a los pueblos en pie: la miseria y la tiranía.

En México, la Revolución sigue su curso, y Carranza, casi con las lágrimas en los ojos, pide protección a Wilson, obteniendo que éste levante el embargo de armas y municiones[2] con lo que cree que puede sofocar su movimiento popular que no se apacigua con plomo, sino con pan.

En Rusia, la Revolución está en pie, formidable. Petrogrado es teatro de combates entre las fuerzas rebeldes y las del gobierno provisional. Todos aquellos que ven en un movimiento popular la oportunidad para encumbrarse y convertirse a su vez en dominadores del rebaño humano, dejan caer abrumados la cabeza cuando regimientos de rebeldes recorren las calles de Petrogrado, llevando banderas en las que se ostentan estas palabras: “Grupo de los Anarquistas de Kronstadt”; “Abajo la Autoridad”; “Viva el Comunismo”. Soldados rebeldes invaden las oficinas del diario burgués Novoe Vremya,[3] en Petrogrado. He aquí lo que dice el Times en un mensaje del 18 de julio: “Los soldados invadieron ayer la oficina del periódico Novoe Vremya y declararon que debe suspenderse la publicación del periódico. Además, obligaron a los impresores a imprimir una proclama al pueblo en que se le invita a que se eche a la calle con las armas en la mano para derribar al gobierno provisional y llevar a cabo la confiscación de toda la prensa burguesa.”

“Camaradas, —dice la proclama— la fuerza reside en nosotros, y debemos tomar posesión, inmediatamente, de todas las fábricas, la tierra y todos los medios de producción.”

En la Siberia occidental, compañeros anarquistas están sobre las armas, y en la finca de Durnovo, un grupo de compañeros,[4] al frente de seis mil proletarios decididos, desafían las embestidas de los sicarios de la burguesía.

Finlandia desconoce al gobiernillo provisional; la región de la Ucrania se rebela; Kiev responde a los levantamientos de Petrogrado; Kronstadt es un almácigo de sedición robusta y audaz.

Los soldados rusos en la Galitzia oriental, se niegan a pelear. No quieren ser por más tiempo carne de cañón; no quieren disparar contra los soldados alemanes, porque ellos consideran que los soldados alemanes son proletarios como ellos y víctimas igualmente de la opresión y de la explotación de la clase capitalista que es la dominadora en todos los países. En un mensaje telegráfico que de la región se le envía a A. F. Kerensky, el feroz Ministro de la Guerra ruso, se le dice con fecha 22 de julio: “La mayor parte de los batallones se encuentran en un estado de completa desorganización. Su ánimo para tomar la ofensiva, ha desaparecido por completo. No obedecen las órdenes de sus jefes y desprecian las exhortaciones de sus camaradas respondiendo con amenazas y aún con tiros. Algunos batallones, abandonan voluntariamente sus posiciones, sin esperar siquiera la aproximación del enemigo.”

La burguesía rusa ve con horror la proximidad del momento en que debe entregar al pueblo, por la buena o por la mala, la riqueza que detenta, y para aplazar aunque sea por algunos instantes más la liquidación de sus cuentas con la justicia popular, echa mano del terror, que siempre ha sido el último recurso de los despotismos que ruedan al abismo, y ordena la represión de toda agitación que ponga en peligro la vida del régimen capitalista. Para llevar a cabo su obra de represión, nadie más a propósito que Alejandro F. Kerensky, quien recibe en nombramiento de jefe de ministros y obtiene, además, poder ilimitado para lograr el restablecimiento del orden, del orden burgués, por supuesto, tanto en el frente de batalla como en el interior del país. Kerensky es, pues, en estos momentos, el dictador de Rusia.

En Alemania, los motines están a la orden del día; la crisis política se recrudece y el canciller del Imperio, Von Bethmann Hollweg, pasa a la vida privada para ceder el puesto a Michaelis;[5] las huelgas han tomado carta de naturalización en todo el país; mujeres hambrientas, con niños demacrados en los brazos, asaltan las tiendas poniendo un ejemplo a los hombres pusilánimes que no se atreven a alargar la mano para tomar de donde hay.

En Inglaterra crece el descontento, y cuando el jefe de ministros, Lloyd George, habla en Glasgow, los obreros contestan a sus exhortaciones patrióticas con las estrofas libertarias de la Bandera Roja.[6]

Irlanda se encabrita cansada de soportar sobre sus hombros el dominio inglés; de un momento a otro nos anunciará el cable, que la Revolución Social ha estallado en España; el pueblo de Portugal se opone a que se envíen más batallones al matadero europeo; el proletariado de Italia sueña con la barricada; la Revolución en la India es un hecho aplazado, no un caso perdido; en China queda ahogada en sangre a la reacción monárquica;[7] en Sao Paolo, Brasil, el proletariado se bate con la policía; en Uruguay se intensifica la agitación antiguerrera y se convoca al pueblo a la revuelta; en Perú, el pueblo arranca a los conscriptos de las garras de sus verdugos y el proletariado se muestra dispuesto a hacerse respetar; en Canadá, el fantasma de la Revolución retarda la aprobación de la ley sobre el servicio militar obligatorio.

El Times de 19 de julio, habla de la desmoralización del ejército francés. Se refieren a la narración que hacen unos marinos americanos del estado de ánimo en que se encontraron a los soldados franceses. De la narración entresacamos los siguientes fragmentos que ilustran bien sobre la materia: “Los soldados se quejaban de que estaban derrochando sus vidas sin esperanza alguna de éxito, y se burlaban abiertamente de los esfuerzos de sus oficiales y de sus hombres de Estado para animarlos de un nuevo espíritu marcial.”

“Los soldados habían presentado un ultimátum a sus oficiales, declarando que ellos no pelearían más. Se les amenazó con sumarios consejos de guerra y muerte; pero ellos contestaron a la amenaza invitando a los oficiales a que encontrasen, si podían, soldados que formasen el pelotón de ejecución.”

Dicen los marinos que esta huelga de soldados se hubiera efectuado, si no llega a tiempo el general Pershing[8] con el primer contingente de soldados americanos. Pershing aseguró a los soldados franceses que grandes refuerzos seguirían llegando de los Estados Unidos; calmándose entonces los soldados, aunque su propósito de declararse en huelga ha quedado en pie, hasta convencerse de que Pershing no los ha engañado.

Los Estados Unidos no pueden quedar a salvo de la tormenta que no tarda en desencadenarse sobre el mundo entero. La causa generadora de la catástrofe de las viejas instituciones, existe aquí como en todas partes, y parece como que la burguesía de este país tiene particular empeño en precipitar ella misma, con los atentados cometidos por su gobierno, la Revolución que, hasta hace poco todavía, parecía ser cosa de un remoto porvenir, cuando no una imposible. En los primeros años de la Revolución Mexicana, el americano leía con enfado las noticias de la insurrección, y tachaba de locos o de bandidos a los rebeldes que derriban al gobierno tras de gobierno. Las cosas han cambiado. La miseria y la tiranía se han extremado en este país, y más de un americano suspira ahora por tener en sus manos un fusil con una competente dotación de parque.

La miseria se acentúa. Los precios de los artículos alimenticios suben y suben sin cesar, y como un resultado de la tirantez económica, las huelgas estallan todos los días en muchos Estados de la Unión Americana. El sabotaje, terrible arma, de ataque del desheredado contra la burguesía, es empleado en grande escala; los ganados mueren envenenados; los graneros son incendiados; la sección comercial de Mojave es consumida por las llamas; los árboles de las huertas se secan bajo la acción de los clavos de cobre que insertan en sus troncos los rebeldes; las máquinas de los aserraderos de madera saltan en pedazos, y en los grandes distritos agrícolas se forman guardias especiales para impedir que los trabajadores incendien las cosechas.

Este malestar económico es agravado por la tiranía gubernamental. La leva, o sea el servicio militar obligatorio, ha llevado la consternación y el dolor a millones de hogares proletarios. La burguesía necesita hombres que tomen el fusil para multiplicar sus millones, y millones de jóvenes trabajadores serán sacados de sus hogares para arrojarlos al matadero europeo o para servir de pasto a los tiburones en mitad del océano.

La agitación antiguerrera está siendo suprimida con mano de hierro; Emma Goldman y Alejandro Berkman, han sido enviados a presidio por protestar contra el envío de la juventud al matadero; millares de agitadores son detenidos y contra algunos de ellos se piden sentencias hasta de veinticinco años de presidio; todo aquel que no se registra voluntariamente para entrar al servicio militar es puesto en prisión, y una parte de la prensa burguesa ya aboga por la pena de muerte para los que se atrevan a luchar por la verdad y la justicia; los sicarios de la burguesía aguzan el oído para sorprender el tema de las conversaciones; los mítines de propaganda antiguerrera son suprimidos por la policía y un gran número de periódicos anarquistas, socialistas, unionistas y aún burgueses, han sido suprimidos, y en muchos casos sus redactores son reducidos a prisión; el terror impera; el polizonte es el amo de la situación; los huelguistas son deportados en carros de ganado y abandonados en los desiertos.

Esta situación engendra el descontento de las masas populares. El pueblo ve que el gobierno no es instrumento de libertad, sino yugo humillante, y el culto del dios Estado pierde adeptos; el respeto a la ley va transformándose en desprecio y en odio, y hasta la religión, que tan hondas raíces había echando en la conciencia popular, pierde su prestigio, por ser sus sacerdotes los partidarios más decididos de la militarización de este país. Un nuevo concepto de la libertad y de la justicia va tomando cuerpo en la conciencia colectiva de este pueblo hasta ayer tan sumiso a la ley, hasta ayer tan respetuoso del gobierno y del sacerdote, y en que cada ciudadano esperan convertirse en un Morgan, en un Rockefeller o en un Carnigie.

La Revolución ha llegado a tal grado de inminencia en este país, que ya no solamente la ven acercarse los que más sufren los rigores del sistema burgués, sino que son los mismos burgueses y aun altos funcionarios del gobierno los que la predicen. El periódico burgués, Los Angeles Record,[9] en su edición del sábado 21 de julio, publica un editorial del cual entresacamos los siguientes párrafos:

“Esta nación va a admitir muy pronto lo que vale el trabajador, o de lo contrario tendrá que presenciar el reinado del terror, una situación que la ley marcial podrá dominar difícilmente.

“El hombre que no vea en torno suyo los síntomas de la revolución aquí, en este país, es un ciego.

“El periódico que enmudece en un periodo de crisis como el actual, es un periódico cobarde, y el periódico que hace responsables de las condiciones existentes a los I. W. W.[10] o a los agentes secretos alemanes, es un borrico.

“Los I. W. W. no han causado las huelgas de Arizona.

“Los agentes alemanes no han promovido los conflictos obreros que existen en todo el país.

“La codicia de la burguesía ha abonado el terreno en que se desarrollan robustas las raíces de la anarquía y de la rebelión.

“… cuando el trabajador se encuentra enfrente de una despensa vacía; cuando no puede comprarles zapatos a sus hijos, ni puede adquirir azúcar para sus bollos ni leche para los niños de tierna edad, a pesar de que trabaja sin respiro siete días de la semana, y cuando lee acerca de los billones de dólares que sus amos han ganado con motivo de la guerra, entonces está dispuesto a la revuelta, al motín o a cualquiera otra cosa que le llene el estómago o que aplaste a sus opresores.

“El derecho de propiedad es muy respetable (no hay que olvidar que está hablando un periódico burgués) y está debidamente garantizado por la ley; pero el derecho de comer que tiene todo ser humano es más fundamental de lo que algunos creen.

“El aumento ordinario de los salarios en este país es diez veces más corto que el aumento del costo de la vida. De manera que o disminuye el costo de la vida o los salarios aumentan o tenemos una revolución.

“Es imposible exagerar la seriedad de la revolución; es una estupidez considerada como una tempestad en un vaso de agua, y una necedad intentar detenerla poniendo en la cárcel a los agitadores.

“Los trabajadores de la nación, de todo el mundo, han despertado y no van a permitir que se les esquilme por más tiempo. Esto puede ser doloroso para los esquilmadores; pero no puede ser de otra manera.

“La manera de impedir que el hambriento se amotine, es sirviéndole un banquete.”

Así habla la prensa burguesa, y al hablar así no lo hace por propia inspiración, sino porque el ambiente la forza a decir de vez en cuando la verdad. El ambiente que nos rodea está saturado de rebeldía. Una chispa solamente, y se producirá el incendio.

Estamos, pues, en presencia de los últimos parpadeos de un sistema que agoniza.

Las instituciones burguesas han dado ya todo lo que podían dar; más males que bienes, y los ojos de la especie humana buscan nuevos horizontes.

La Revolución llama a las puertas de los pueblos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 258, 28 de julio de 1917.



[1] Refiérese a los artículos 27 y 123 de la Constitución de 1917.

[2] Refiérese a la medida decretada desde el 14 de marzo de 1912 por el gobierno de Estados Unidos en la que se prohibía la exportación de armas a México.

[3] Novoe Vremya. Periódico liberal ruso publicado en San Petersburgo entre 1868 y 1917. Llegó a ser uno de los más populares de su país. Contó entre sus colaboradores con Antón Chejov. Fue clausurado por los bolcheviques en octubre de 1917.

[4] Refiérese a la expropiación y ocupación que varios grupos de tendencia anarcocomunista efectuaron en la residencia del general zarista Durnovo en Petrogrado. Durante la revolución rusa en 1917, la villa fue utilizada por varias organizaciones, sindicatos y por la comunidad en general; sin embargo, el Gobierno Provisional de Kérenski estaba en desacuerdo, por lo que amenazó con desalojar la villa. Finalmente una acción anarquista en la que se liberó a varios prisioneros de una cárcel sirvió como justificación al gobierno para intervenir por medio de la fuerza desalojando el lugar y arrestando a varias personas en junio de ese año.

[5] Refiérese a Georg Michaelis. Canciller de Alemania entre julio y octubre de 1917. Fue el primer noble en ocupar el cargo. Fue también ministro presidente de Prusia.

[6] Refiérese a la canción La Bandera Roja, de origen italiano de principios del siglo XX.

[7] Después de numerosos conflictos en los que se alternaron la monarquía y la república como formas de organización política en China, a partir de los levantamientos en contra de la monarquía en octubre de 1911, el bando partidario del imperio fue derrotado por el ejército de la república en julio de 1917.

[8] Refiérese a John J. Pershing (1860-1948). Militar estadounidense. Su carrera militar se inició en Nuevo Mexico combatiendo a los apaches, y más tarde a los sioux lakota, en Iowa. En 1894 tomó el mando del 10o de Caballería (regimiento de soldados de raza negra, conocidos como Buffalo Soldiers, por lo que más tarde recibiría el mote de “Black Jack”). Durante la guerra hispano-estadounidense de 1898-1899 combatió en Cuba y Filipinas. En 1914, ya con el grado de general, fue asignado a Fort Bliss, Texas, responsable de seguridad de la frontera entre Texas y México. En marzo de 1916, bajo el mando del general Frederick Funston, encabezó la “Expedición Punitiva”, que invadió el estado de Chihuahua con el objetivo de capturar al general Francisco Villa, que había atacado Columbus, Nuevo Mexico. Después de fracasar en esta misión fue nombrado comandante de las fuerzas estadounidenses que participaron en la Primera Guerra Mundial. Tras el armisticio estuvo cerca de ser postulado como candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el partido republicano.

[9] The Los Ángeles Record. Periódico fundado en 1836 por Edward Willis Scripps, propietario de unos 25 periódicos de los Estados Unidos y creador de la United Press Associations en 1907. El Record cesó de publicarse en 1931.

[10] Industrial Workers of the World. Organización sindical norteamericana fundada en 1905. Confluyeron en ella los sindicatos y uniones más radicales del movimiento obrero norteamericano. De inspiración internacionalista y anarcosindicalista, llegó a tener cerca de treinta millones de afilados. Ofreció apoyo y financiamiento a la JOPLM. Algunos de sus integrantes participaron tanto en la huelga de Cananea de 1906, como en la campaña del PLM en Baja California, en 1911. Buena parte de los miembros y simpatizantes del PLM, especialmente en las regiones mineras de Arizona, Colorado y California, pertenecía a su vez a los IWW.