¡Al betabel!

 

El betabel para la fabricación del azúcar se pudre en los campos porque no hay quien lo coseche,[1] y los burgueses se jalan los cabellos y patean y babean; pero eso sí, no se remangan los almidonados puños de la camisa y le entran como hombres al “tapeo”.

Las autoridades, por supuesto, participan del mismo berrinche que los señores burgueses. ¡Naturalmente, como que la Autoridad tiene que ser el ángel guardián del poderoso! ¿Qué sería de los ricos si de la noche a la mañana desaparecieran esos angelitos de estrella en el pecho, canana en la cintura y garrote en la mano? Eso sería el acabóse; la plebe había de querer trabajar por su cuenta, y lo que es peor, los pobrecitos ricos tendrían que trabajar también si querían llevarse un pedazo de pan a la boca. ¿No sería eso una grande injusticia?

Pues, bien; alarmadas las autoridades porque los trabajadores mexicanos no quieren trabajar en el betabel por menos de $2.50 o $2.75 por día, han recurrido a todas las buenas artes de que se vale el fuerte para tener sometido al débil: la persecución, la amenaza y el castigo, y desde el gobernador Stephens hasta los mozos de los tribunales de justicia, todos rivalizan en celo para obligar por la fuerza, ya que no quieren por la buena, a que los trabajadores le entren al “tapeo”.

¡Y el trastorno que los malditos trabajadores han producido con su testarudez de querer ganar unos centavos más para aumentar la ración de frijoles a los chamacos! El salón de la Corte Federal, por ejemplo, no se ha barrido en muchos días; las escupideras rebosan salivas de distintos colores y el desaseo más deplorable reina en tan santo lugar… porque Rafael J. Domínguez[2] ha abandonado el sapolio y la escoba para convertirse en orador encargado de animar a los trabajadores mexicanos a que se deslomen en los campos de betabel, para que el fruto no se pudra y puedan los señores burgueses obtener buenas ganancias. No hay que olvidar que los pobrecitos burgueses necesitan mucho dinero para hacer frente a sus grandes gastos en comelitones, festines, trajes, alhajas, vinos, diversiones, queridas, barajas y otras inocentes distracciones y que, si atendieran las peticiones de los trabajadores, ¿qué les quedaba para pasearse y gozar de la vida?

Y ahí tienen ustedes a Domínguez echando pestes contra esos condenados agitadores que aconsejan al trabajador que no se deje explotar por los burgueses. ¿Que los frijoles están caros, que el precio de la harina está por las nubes, que no alcanza el salario para echarse una garra encima? ¡Bah! ¾dice Domínguez¾ también el vino, las barajas, las mujeres, los automóviles, las sedas, los tapices y los palacios les cuestan mucho dinero a los patrones. Así, pues, a trabajar, amiguitos, o a la cárcel.

El alcalde de Los Ángeles, el jefe de policía y todos sus satélites hacen bueno el “bluff” de Domínguez y se echan a recorrer plazas y calles y caminos echando leva de trabajadores, que para algo estamos en tiempos de leva, y el que se resiste a ir a dejar la lana a los campos de betabel, es alojado en la cárcel donde se le condena a quebrar piedra durante ciento ochenta días.

Yo me felicito de que tal cosa suceda, porque, hombre, la verdad es que da mucho coraje gastar seso y saliva durante años y más años hasta hacerse uno viejo, en explicar a los cabezas de piedra que gobierno es lo mismo que tiranía, que es una estupidez elegir al que ha de echarnos a garrotazos por la cabeza, y que la Autoridad no tiene otro deber que salvaguardar los intereses de los ricos. No quieren entender, pues que entiendan a garrotazos. ¡La letra, con sangre entra!

Ahora, creo que ya están muchos convencidos de que la Autoridad sólo sirve para oprimir al pobre en beneficio del rico, y si no lo han entendido, Dominguitos, por favor, deja por algún tiempo más que rebosen gargajos las escupideras y que la Corte Federal parezca un muladar, para que entre tú y los angelitos de estrella enseñen a los hambrientos que todo gobierno es malo.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 259, 1 de septiembre de 1917.



[1] Vid. supra “Consejitos”, Regeneración, núm. 258, 28 de julio de 1917.

[2] Rafael J. Domínguez. Originario de Compton, California. Deputy marshall de Los Ángeles. Intérprete de la Corte de esa ciudad a partir de 1905. Organizó las “fiestas patrias” en la ciudad al menos hasta 1907.