La huelga en Arizona

 

Nuestros hermanos huelguistas de las minas de Arizona continúan firmes en sus demandas de mejoría económica; pero los burgueses continúan también firmes por su parte en negarles el más ínfimo aumento en el salario a los que se sacrifican por ellos.

La Autoridad, por supuesto, está de parte de los burgueses, que siempre ha sido la Autoridad la alcahueta del rico y el azote del pobre.

Los esquiroles, esos individuos sin dignidad que se prestan a ocupar el lugar que ha dejado el huelguista, son protegidos por la señora Autoridad; pero a pesar de esa protección, los trabajos en Miami, Globe, Metcalf, Morenci y Clifton no dan a los burgueses los rendimientos que ellos apetecen, pues los esquiroles no son en número suficiente para desempeñarlos.

En Miami y Globe, la señora Autoridad ha prohibido que los huelguistas tengan mítines públicos, y hay muchos compañeros arrestados por el delito de explicar a los esquiroles que es una villanía arrebatar el pan de la boca a la familia de un trabajador que lucha por el bienestar de todos.

La huelga, pues, sigue en pie, y no se sabe hasta cuándo podrá terminar. Los huelguistas están sufriendo toda clase de privaciones, como es de suponerse; pero reina entre ellos el entusiasmo y la buena voluntad.

La huelga ha durado tres meses, que son tres meses de penuria para las familias. ¡Qué enorme sacrificio! ¡Cuán caro cuesta pedir al poderoso unas migajas más de pan!

¿Cuándo comprenderán nuestros hermanos de clase que el único camino que conduce a la emancipación completa de la masa proletaria es el del desconocimiento del derecho de propiedad privada?

La expropiación para el beneficio de todos: he ahí el remedio para todos nuestros males.

Las huelgas por aumento de salarios y disminución de horas de trabajo deberían estar ya relegadas al olvido, porque aunque se ganen huelgas, los burgueses se dan maña para desquitarse por otra parte de lo que dejan de ganar por aumento a los salarios y la disminución de la producción que implica la rebaja de la duración del tiempo de la jornada.

Si aumentan los salarios, aumenta igualmente el alquiler de las casas, aumenta el precio de los artículos de primera necesidad, y el trabajador se ve siempre burlado por sus explotadores, y la miseria continúa siendo la torva compañera del productor de la riqueza social.

Dentro del sistema de la propiedad privada no puede haber mejoría para el trabajador.

Hay que estudiar nuevos métodos de lucha contra el capitalismo opresor.

El trabajador será libre y feliz, cuando tome en sus manos la tierra, los útiles de la producción y los medios de transportación, para trabajar por su cuenta sin capataces y sin amos. Esa es la única solución del problema que tiene enfrente el proletario.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 260, 6 de octubre de 1917.