Goldman y Berkman

 

La apelación de estos dos batalladores camaradas,[1] fue desechada por la Suprema Corte que falló en el sentido de que es constitucional la ley del servicio militar obligatorio. En consecuencia, Emma Goldman y Alexander Berkman, que tan valerosamente han luchado por la paz universal, tendrán que cumplir sus condenas en las penitenciarías de Jefferson y Atlanta, respectivamente.

Pero el gobierno americano no contaba con la solidaridad universal de los trabajadores. Creía sin duda que el proletariado iba a presenciar indiferente el encarcelamiento de Emma y Alexander, y su error ha sido estruendoso, pues el proletariado ruso, indignado, exige de este gobierno la libertad ya no sólo de estos dos camaradas, sino que también la de Thomas J. Mooney y demás mártires de San Francisco.

Los anarquistas de Petrogrado pretenden apoderarse de la persona del embajador americano, Francis, y tenerlo en rehenes hasta que nuestros camaradas sean libertados.

He aquí cómo los pueblos comienzan a tomar en sus propias manos la defensa de sus intereses.

Esto indica que dentro de poco tiempo, ya no serán los gobiernos quienes manden sino los pueblos.

El sol de la anarquía asciende en el horizonte. Ciegos los que no lo vean.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 261, febrero 9, 1918.



[1] Ver “Zarpazos,” Regeneración, núm. 257, 23 de junio de 1917.