Nuevo drama

 

Con el título de Verdugos y Víctimas[1] tengo escrito un nuevo drama revolucionario en cuatro actos, en el cual describo la vida miserable de los trabajadores de las ciudades mexicanas donde domina la tiranía carrancista.

En este drama desfilan todas las víctimas del sistema capitalista, que Venustiano Carranza trata de perpetuar a toda costa en la infortunada región de México donde dominan sus sicarios. Allí está la joven pobre seducida por el burgués; allí se encuentra la prostitución arrancada de las filas populares para servir en el lupanar de carne de placer a nuestros señores; allí están los mendigos que llegaron a serlo por la injusticia del sistema; allí están los obreros pagando con el presidio y con la metralla su falta de previsión de no armar su brazo para reclamar su derecho; allí está el proletariado sufriendo en la cárcel por haber tomado de donde hay una migaja de los tesoros que ha producido y que el burgués se ha apropiado, y por encima de estas víctimas, allí están el burgués, el poderoso y el sacerdote, la autoridad, la celestina, el soldado, el legislador y el polizonte, corrompiendo, atropellando, explotando y celebrando en bacanales su fácil triunfo sobre los pueblos confiados.

En Verdugos y Víctimas, resalta la perfidia de los redentores y caudillos, que ofrecen para no cumplir, citándose con especialidad el caso del paro general que de manera tan brillante llevaron a cabo los obreros de la ciudad de México el 31 de julio de 1916,[2] huelga que fue quebrada por el mismo bribón que al verse en aprietos en Veracruz, declaró que entonces comenzaba la Revolución Social atrayéndose de esa manera el elemento obrero de las ciudades, que dio su sangre generosa para encumbrar al que al día siguiente del triunfo pagaba con puntapiés los sacrificios de los humildes.

Estamos ansiosos por imprimir este nuevo drama; pero nos falta lo principal bajo este inicuo sistema: el dinero. Ciento cincuenta dólares se necesitan para la impresión, y excitamos a nuestros amigos a que contribuyan con lo que puedan, y a que hagan colectas para el objeto indicado.

Nosotros creemos que esta clase de literatura rinde grandes servicios a la propaganda del ideal anarquista, porque muchas personas a quienes se les hacen pesados los tratados serios, lee de buena gana un drama revolucionario.

Además, una vez impreso el nuevo drama, puede ser representado por cuadros dramáticos de aficionados, como ha sucedido con el drama Tierra y Libertad,[3] que ha sido puesto en escena en distintos lugares de este país y de México, con grande beneficio para la propaganda.

Así, pues, compañeros, no dejéis de hacer todo lo posible para que Verdugos y Víctimas esté impreso pronto.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 261, 9 de febrero de 1918.



[1] Verdugos y Víctimas fue escrita en los primeras semanas de 1918, el día del arresto de Ricardo Flores Magón y Librado Rivera, el 21 de marzo. El original quedó en la mesa de la cocina de la cabaña que ocupaba este último en Edendale y fue recogido al día siguiente por un amigo del grupo, José Alvires, quien a su vez lo entregó a José Ángel Hernández. Blas Lara Cáceres viajó a Tampico, Tamaulipas, desde la ciudad de México para recuperar el original. Con previa anuencia de Ricardo Flores Magón, fue publicada por vez primera, con ilustraciones de Nicolás Reveles, por la imprenta de Fernando Rodarte en la ciudad de México en 1922.

[2] Refiérese a la última huelga convocada por la COM de la ciudad de México, seguida por cerca de 86,000 obreros. La huelga fue reprimida por el ejército a pedido de Venustiano Carranza, quien, al día siguiente emitió un decreto en el que ampliaba la “Ley Juárez” del 25 de enero de 1862 para castigar con la pena de muerte a los autores e instigadores de la suspensión del trabajo en las fábricas o empresas que prestaran servicios públicos, a quienes durante las huelgas destruyan o deterioren las propiedades de dichas empresas y a quienes instiguen tumultos o algaradas que tengan como fin hacer más intensiva y extensiva la suspensión arbitraria y violenta del trabajo. Los líderes de la huelga del 31 de julio fueron a prisión.

[3] Ver “El drama Tierra y Libertad”, Regeneración, núm. 260, 6 de octubre de 1917.