El derecho de rebelión

Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. Una claridad inquietante comienza a disipar las sombras que en el horizonte amontonó el crimen, y en la lividez del paisaje parece adivinarse la silueta de un gigante que avanza: es la Insurrección.

El Buitre Viejo se sumerge en el abismo de su conciencia, hurga los lodos del bajo fondo; pero nada halla en aquellas negruras que le explique el porqué de la rebelión. Acude entonces a los recuerdos; hombres y cosas y fechas y circunstancias pasan por su mente como un desfile dantesco: pasan los mártires de Veracruz,[1] pálidos, mostrando las heridas de sus cuerpos recibidas una noche, a la luz de un farolillo, en el patio de un cuartel, por soldados borrachos mandados por un jefe borracho también de vino y de miedo; pasan los obreros de El Republicano[2], lívidos, las ropas humildes y las carnes desgarradas por los sables y las bayonetas de los esbirros; pasan las familias de Papantla,[3] ancianos, mujeres, niños, acribillados a balazos; pasan los obreros de Cananea, sublimes en su sacrificio, chorreando sangre[4]; pasan los trabajadores de Río Blanco, magníficos, mostrando las heridas denunciadoras del crimen oficial[5]; pasan los mártires de Juchitán[6], de Velardeña[7], de Monterrey[8], de Acayucan[9], de Tomóchic[10]; pasan Ordóñez[11], Olmos y Contreras[12], Rivero Echegaray[13], Martínez[14], Valadés[15], Martínez Carrión[16]; pasan Ramírez Terrón[17], García de la Cadena[18], Ramón Corona[19]; pasan Ramírez Bonilla[20], Albertos[21], Kankum[22], Leyva[23], Lugo[24]: pasan legiones de espectros, legiones de viudas, legiones de huérfanos, legiones de prisioneros, y el pueblo entero pasa, desnudo, macilento, débil por la ignorancia y el hambre.

El Buitre Viejo alisa con rabia las plumas alborotadas por el torbellino de los recuerdos, sin encontrar en éstos el porqué de la Revolución. Su conciencia de ave de rapiña justifica la muerte. ¿Hay cadáveres? La vida está asegurada.

Así viven las clases dominantes: del sufrimiento y de la muerte de las clases dominadas, y pobres y ricos, oprimidos y déspotas, en virtud de la costumbre y de las preocupaciones heredadas, consideran natural este absurdo estado de cosas.

Pero un día uno de los esclavos toma un periódico y lo lee: es un periódico libertario. En él se ve cómo el rico abusa del pobre sin más derecho que el de la fuerza y la astucia; en él se ve cómo el gobierno abusa del pueblo sin otro derecho que el de la fuerza. El esclavo piensa entonces y acaba por concluir que, hoy como ayer, la fuerza es soberana, y, consecuente con su pensamiento, se hace rebelde. A la fuerza no se la domina con razones: a la fuerza se la domina con la fuerza.

El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los efluvios de rebeldía que la saturan y el horizonte comienza a aclararse. Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. De las llanadas no suben los rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se escucha. Baja la vista y se estremece: no percibe una sola espalda: es que el pueblo se ha puesto de pie.

Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres.

El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa al romper el capullo que la aprisiona: rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso; rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol; rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar a tiranos y explotadores.

La rebeldía es la vida; la sumisión es la muerte. ¿Hay rebeldes en un pueblo? La vida está asegurada y asegurados están también el arte y la ciencia y la industria. Desde Prometeo hasta Kropotkine, los rebeldes han hecho avanzar a la humanidad.

Supremo derecho de los instantes supremos es la rebeldía. Sin ella, la humanidad andaría perdida aún en aquel lejano crepúsculo que la Historia llama la Edad de la Piedra; sin ella la inteligencia humana hace tiempo que habría naufragado en el lodo de los dogmas; sin ella, los pueblos vivirían aún de rodillas ante los príncipes de derecho divino; sin ella, esta América hermosa continuaría durmiendo bajo la protección del misterioso océano; sin ella, los hombres verían aún perfilarse los recios contornos de esa afrenta humana que se llamó la Bastilla.

Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta pupila en el gigante que avanza sin darse cuenta aún del porqué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 2, septiembre 10, 1910.



[1] Se refiere a la represión de un grupo de seguidores de Sebastián Lerdo de Tejada acusados de preparar una conspiración contra el gobierno porfiriano. Por orden presidencial, a través del famoso telegrama “Mátalos en caliente”, el gobernador Luis Mier y Terán mandó fusilar en el cuartel militar del puerto de Veracruz, el 25 de junio de 1879, a Vicente Capmany, Francisco Cueto, Luis Alva, Antonio Ituarte, Ramón Albert, Jaime Rodríguez, Lorenzo Portilla, Juan Caro y Antonio Rubalcava.

[2] Posible referencia a El Republicano. “Periódico de política, literatura, comercio, industria, variedades y avisos” (México, D. F., 1879, dir. José Negrete). Diario de filiación lerdista que emprendió una campaña para denunciar la cruenta represión del gobierno contra los lerdistas veracruzanos.

[3] Se refiere a la rebelión indígena que tuvo lugar en el cantón de Papantla, en junio de 1896. La sublevación fue una respuesta a la ley de subdivisión de la propiedad territorial, que obligaba a los pueblos indios a fraccionar sus propiedades comunales. Por orden del gobernador Teodoro Dehesa, el alzamiento fue sofocado militarmente. El cabecilla Francisco Ramírez fue ahorcado por mandato del general Rosalino Martínez.

[4] Refiérese a la huelga de Cananea, Son., llevada a cabo del 1º al 4 de junio de 1906 por trabajadores de la Cananea Consolidated Copper Co., propiedad de William C. Greene. Impulsada por la Unión Liberal Humanidad y el Club Liberal de Cananea, a causa de los malos tratos prodigados a los trabajadores, los bajos salarios y la discriminación contra los mineros mexicanos. La huelga fue reprimida, a petición de Greene y del gobernador Rafael Izábal, por rurales mexicanos y rangers de Arizona. Los principales impulsores de la huelga, Manuel M. Diéguez, Esteban Baca Calderón y Francisco Ibarra, fueron encarcelados y posteriormente remitidos a San Juan de Ulúa. Fueron liberados en 1911, tras el triunfo de la revolución maderista.

[5] Los trabajadores de Río Blanco, magníficos, mostrando las heridas denunciadoras del crimen oficial.

Refiérese a la huelga de Río Blanco. Realizada en las fábricas textiles de Río Blanco, Santa Rosa y Nogales, Ver., del 7 al 11 de enero de 1907; promovida por los trabajadores agrupados en torno al Gran Círculo de Obreros Libres, en respuesta al reglamento impuesto por el Centro Industrial Mexicano, tras el fracaso de la mediación de Porfirio Díaz en el diferendo. Los huelguistas fueron cruentamente reprimidos. Los impulsores de la huelga fueron aprehendidos y un número indeterminado de ellos fue sometido a trabajos forzados en Valle Nacional. Las labores en Río Blanco se reanudaron bajo vigilancia militar.

[6] Se refiere a la rebelión zapoteca encabezada por el líder indígena Mexu Chele, en 1881-1882, en protesta por el despojo de las salinas de propiedad comunal, la expropiación de tierras, la imposición de autoridades municipales y contra los efectos de la ley hacendaria de 1880. La rebelión fue violentamente reprimida.

[7] Se refiere a la represión de un motín en Velardeña, Dgo., que tuvo lugar en abril de 1909. El conflicto se inició cuando los mineros de la American Smelting and Refining Company, celebraron una procesión religiosa para conmemorar el primer aniversario de un accidente en la mina de Terreras, en el que perdieron la vida muchos trabajadores. El jefe político de la localidad, José A. Fabián, detuvo la procesión, con lo que se desató el motín. Una columna de federales enviada desde la capital del estado se encargó de reprimir la protesta.

[8] Se refiere a la represión ordenada por Bernardo Reyes, el 2 de abril de 1903, contra una manifestación antirreeleccionista organizada por la Convención Electoral Neoleonesa, en la Plaza Zaragoza de Monterrey. La policía disparó contra los manifestantes desde las azoteas del Palacio Municipal y otros edificios vecinos. El saldo fue de al menos 15 muertos y fueron detenidos 25 integrantes de la Convención Electoral.

[9] Refiérese al levantamiento que, en coordinación con la JOPLM, se inició el 30 de septiembre de 1906 en Acayucan, Ver. En la insurrección participaron integrantes de los clubes de Minatitlán, Chinameca y Acayucan, encabezados por Hilario C. Salas, delegado especial de la JOPLM, Enrique Novoa, Román Martín y Cándido Donato Padua. Los alzados fueron derrotados por las tropas federales y se dispersaron en la sierra de Soteapan.

[10] Se refiere a la rebelión popular que tuvo lugar en Tomóchic, Chih., entre noviembre de 1891 y octubre de 1892, en contra del cacicazgo local y del despojo de tierras comunales efectuado por las compañías deslindadoras. A estos motivos se sumó el ejercicio de una religiosidad disidente practicada por los rebeldes. Luego de varios combates, la rebelión fue sofocada con lujo de violencia por el ejército federal, el 29 de octubre de 1892.

[11] Pedro Ordóñez, periodista hidalguense. Preso en 1890 por sus ataques contra el gobernador de Hidalgo, Rafael Cravioto. Murió en la cárcel de Pachuca, en sospechosas circunstancias, el 2 de abril de 1894.

[12] Jesús Olmos y Contreras (1850-1895). Periodista poblano. Dirigió El Verbo (1880), El Monitor Político (1889-1892), Crisis (1892) y La Voz de la Verdad (desde 1893 hasta su muerte). En julio de 1895 atribuyó la responsabilidad de la violación de jóvenes alemanas al gobernador de Puebla, Mucio P. Martínez, y al inspector de policía local. Días después fue asesinado a puñaladas en el barrio de la Acequia.

[13] Vicente Rivero Echegaray. Periodista tamaulipeco. Director y redactor del periódico tampiqueño de oposición Bala Rasa. Publicó, en la misma ciudad, el periódico El Porvenir (1895). Fue asesinado en 1902 por orden del jefe político Antonio Longoria, a causa de la publicación de una caricatura en Bala Rasa.

[14] Ignacio Martínez (1838-1891). Médico y militar tamaulipeco. Con grado de general participó en los levantamientos encabezados por Porfirio Díaz. Editor del semanario antiporfirista y antirreyista El Mundo (Brownsville, Tex.). Con Catarino Garza y Paulino Martínez estableció una junta revolucionaria en Laredo, Texas, en 1890. Murió asesinado en esa ciudad texana en 1891. Publicó Viaje universal. Visitas a las cinco partes del mundo (1886).

[15] José Cayetano Valadés (18??-1879) Periodista sinaloense, editor de La Tarántula. Fue asesinado el 27 de enero de 1897 en Mazatlán. La opinión pública señaló al gobernador Francisco Cañedo como autor intelectual del crimen. Se celebraron tumultuosas manifestaciones denostando al mandatario que tuvo que huir a Culiacán.

[16] Jesús Martínez Carrión (1860-1906) Ilustrador y caricaturista guanajuatense. Estudió en la Academia de San Carlos. Colaboró como dibujante de El Mundo Ilustrado entre 1895 y 1897. Durante dieciocho años ilustró El Hijo del Ahuizote. Nunca firmó sus dibujos. Fundó El Colmillo Público (1903-1906) junto con Federico Pérez Fernández. En ese semanario llevó a cabo campañas a favor del Partido Liberal Mexicano, por lo que fue encarcelado en Belén, donde adquirió la enfermedad que lo llevó a la muerte el 31 de diciembre de 1906.

[17] Jesús Ramírez Terrón (¿¿-1880). Militar sinaloense partidario del Plan de Tuxtepec. Se postuló a la gubernatura de Sinaloa en 1880, para suceder a Francisco Cañedo; vencido por Mariano Martínez de Castro, candidato con la venia oficial, se levantó en armas contra el gobierno local. Fue asesinado a traición, al parecer por órdenes de Cañedo.

[18] Trinidad García de la Cadena (1813-1886). Militar liberal zacatecano. Combatió la invasión norteamericana de 1847. Partidario del Plan de Ayutla y combatiente contra la Intervención francesa. Apoyó los alzamientos de La Noria y Tuxtepec. Gobernador de Zacatecas (1868-1870 y 1876-1880). En 1880, contendió por la presidencia contra Manuel González; al cuatrienio siguiente volvió a postularse en contra de Díaz. Encabezó, en 1886, una conspiración contra el gobierno, a causa de la cual fue aprehendido y ejecutado sin juicio alguno. Su muerte propició el surgimiento de varios clubes políticos de oposición.

[19] Ramón Corona (1837-1889). Militar liberal jalisciense. Tomó parte en la Guerra de Tres Años y en la lucha contra la Intervención francesa. Gobernador de Jalisco de 1887 hasta su muerte. Político de notoria popularidad regional, se le consideró un serio aspirante a la presidencia de la República. Murió asesinado a puñaladas una noche en que se dirigía la teatro. La prensa independiente sostuvo que la mano del gobierno estaba detrás del homicidio.

[20] Maximiliano Ramírez Bonilla (¿?-1910) Militante antirreeleccionista yucateco, se incorporó en 1909 al Centro Electoral Independiente (CEI). Fue encarcelado a causa de sus actividades políticas. Al ser puesto en libertad en abril de 1910, se dedicó a preparar y dirigir el levantamiento de Valladolid, apegándose a un programa que desconocía al gobierno estatal. Fue aprehendido cuando las tropas federales recuperaron aquella ciudad. Fue sentenciado a muerte y fusilado.

[21] Atilano Albertos (¿?-1910) Participó con el grado de teniente coronel en el levantamiento y la toma de Valladolid del 4 de junio de 1910. Fusilado por orden del consejo de guerra que juzgó a los rebeldes cautivos.

[22] Seguramente se refiere a José E. Kantún (¿?-1910) participó en el ataque a Valladolid, Yuc., el 4 de junio de 1910. Fue fusilado en el ex convento de San Roque, junto con Maximiliano Ramírez Bonilla y Atilano Albertos.

[23] Probable referencia a José María Leyva, Cajeme (1839-1887), caudillo yaqui. Capitán de los Batallones Republicanos de Sonora; el gobierno lerdista le confirió el título de Alcalde mayor de Río Yaqui (1874), con la encomienda de mantener pacificados a los indios. A raíz de un problema jurisdiccional y de impartición de justicia, se enfrentó con las autoridades locales. Con su rebelión dio inicio a un largo conflicto con los gobiernos sonorense y federal que emprendieron una guerra de exterminio. A lo largo de diez años mantuvo en jaque a los hacendados y al ejército. Fue capturado y ejecutado en 1887. La lucha de los yaquis se prolongó por varios decenios.

[24] José Lugo (¿?-1910) Magonista coahuilense. Participó en el ataque a Viesca. Tras un encuentro de los rebeldes, en junio de 1908, contra un piquete de soldados, aquellos capturaron al capitán Francisco Hernández, quien fue ejecutado, al parecer, por Lugo. Aprehendido posteriormente, Lugo fue sometido a juicio y condenado a muerte acusado de traición. Fue ejecutado el 3 de agosto de 1910.