Otro partido del porvenir

Vemos en El Constitucional que también el Partido Antirreeleccionista es un partido del porvenir. ¿Por qué razón? La razón es lo menos que se necesita para fundar una sinrazón, y por eso, porque no hay razón para decir que el Partido Antirreeleccionista es el partido del porvenir, el autor de tal afirmación llena con vaciedades dos largas columnas del órgano del Centro Antirreeleccionista de México, en medio de las cuales encontramos este parrafejo que se antoja una nuez vana en un montón de paja:

“El Antirreeleccionismo será el encargado de conservar las aspiraciones nacionales; a él corresponde trabajar por una reforma de la Ley Electoral y conseguir que se transforme ese aparato de prestidigitación en garantía de los derechos populares.”

Alguna vez dijimos que el Partido Antirreeleccionista es el Partido Conservador, y al decir esto nos apoyamos en los principios que informan el Programa de dicho partido y en las declaraciones del candidato Madero a favor del clero. Lo que dijimos está confirmado una vez más en la frase: “El antirreeleccionismo será el encargado de CONSERVAR LAS ASPIRACIONES NACIONALES”. Conservación es la antítesis de innovación; conservación es el ideal de todos los que no quieren dar un paso adelante, de los enamorados del pasado, de los que tienen horror al progreso. Conservar las aspiraciones nacionales, es detener el avance de esas aspiraciones, no dejarlas evolucionar. ¿Y es ese el partido del porvenir? Ridícula pretensión es esa cuando la característica de los pueblos modernos es el ansia de avanzar, de transformar el medio político y social actual por otro que se acomode mejor con el modo de pensar de la época.

Pero ¿que decir de la misión principalísima del Partido Antirreeleccionista, “trabajar por una reforma de la Ley Electoral y conseguir que se transforme ese aparato de prestidigitación en garantía de los derechos populares?” ¿Un fin tan mezquino, una aspiración tan ruin podrá englobar las múltiples, complejas y robustas aspiraciones de un pueblo, aspiraciones que nacen de sus necesidades?

Por más que reforme la Ley Electoral, siempre tendrá alguna rendija por donde se deslice el fraude, siempre tendrá un lado débil por donde abra brecha la arbitrariedad. Ninguna ley es invulnerable. Pero aún suponiendo que se tratase de una ley ideal, ¿el hecho de votar dará pan y libertad e instrucción al que lo haga? En los países más libres donde hay menos opresión y el pueblo puede votar ¿se ha acabado la miseria?

Desgraciado del pueblo que ponga toda su esperanza en la Ley Electoral. Bienes materiales y morales son los que necesita el pueblo. Pan, justicia, educación, progreso; eso es lo que se necesita y eso es lo que no podrá dar nunca la Ley Electoral por más remiendos que se le apliquen. La toma de posesión de la tierra por el pueblo, la organización y educación de las clases productoras y la dignificación y ennoblecimiento del trabajo es lo que necesitan los pueblos.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 12, noviembre 19, 1910.