La farsa del día 1° en México

Los telegramas anuncian que la farsa de toma de posesión del puesto de Presidente para otros seis años, se llevó a cabo del modo más quieto y reservado posible en la ciudad de México el día primero de este mes.

Porfirio Díaz se abstuvo esta vez de hacer alarde de popularidad. No quiso hacer ostentación alguna de su prestigio. Quietamente, calladamente, como si se celebrase un entierro, así se llevó a cabo la ceremonia en el patio de la escuela de Minería, que es donde celebra sus sesiones aquel hato de marranos que se llaman Diputados.

No hubo formaciones de soldaditos ni de monigotes pagados con una peseta para que sirvan de comparsa en las ceremonias y fiestas del despotismo. Ahora el dictador se abstuvo de provocar la general indignación con su cinismo y prefirió hacerlo todo en secreto, puede decirse.

Corral, el Vicepresidente, rindió también su protesta para el nuevo periodo. El pobre diablo estaba enfermo a consecuencia de la vida desordenada que lleva y tal vez, también, de miedo.

¿Creerán esos pobres instrumentos de la plutocracia que van a terminar en paz el nuevo periodo? Ante ellos se yergue altiva la Sierra de Chihuahua convertida en baluarte contra la dictadura; en aquellas montañas se guarda con cariño el fuego sagrado de la rebelión que, andando el tiempo, contagiará al país entero, porque ese hermoso ejemplo de rebeldía hará al fin comprender al pueblo que las imposiciones forzosas deben ser rechazadas por medio de la fuerza. El Partido Liberal se reorganiza rápidamente y bien pronto presentará batalla al despotismo, y así, con actos frecuentes de rebeldía, irá el pueblo perdiendo ese temor vergonzoso que lo hace cruzarse de brazos ante las mujeres que en medio del peligro le ofrecen fusiles.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 14, diciembre 3, 1910.