La revolución en México. Crónica pormenorizada de los últimos acontecimientos

Lo que pasamos a narrar ya debe ser conocido por muchos de nuestros lectores; pero debe haber un gran número de compañeros que no han tenido oportunidad de conocer todos los detalles del movimiento revolucionario de Madero, y para que queden al corriente de lo ocurrido, publicamos este extracto de los sucesos. Sin embargo, no daremos abundancia de detalles, porque las dimensiones del periódico no nos permiten dedicarlo a un solo asunto. Más bien nos limitaremos esta vez a dar a conocer las notas que no dimos a la estampa en la edición anterior.

El día 21 de noviembre, los revolucionarios de San Andrés, en la Sierra de Chihuahua, recibieron a balazos un tren en el que iban 170 soldados y jefes del duodécimo Batallón. Los soldados no pudieron detenerse en vista de lo intempestivo del ataque, y, sin contestar el fuego, continuaron en el tren hasta la Hacienda de Bustillos donde se trabó un reñido combate en el que resultó muerto el Teniente Coronel Pablo Yépez, Jefe de la fuerza federal a quien se había enviado a batir a los revolucionarios por creerlo muy listo para ello. Afortunadamente no volverá a defender más a la tiranía. Es seguro que los revolucionarios vencieron a los soldados del despotismo, pues éstos se desmoralizaron al ver caer muerto a su jefe.

El mismo día, los revolucionarios tenían sitiada a la ciudad de Hidalgo del Parral. Por más esfuerzos que hacían las fuerzas del despotismo por desalojar a los sitiadores de sus posiciones, no se pudo conseguir. Hubo necesidad de enviar de Chihuahua un tren de soldados que unidos a los demás sostenedores de la tiranía, lograron rechazar a los insurgentes.

La prensa mexicana publicó interesantes documentos por los que se ve que Madero solicitó el auxilio de los hombres de dinero para hacer la insurrección, y, proclamándose “Presidente Provisional de los Estados Unidos Mexicanos,” confirió nombramientos de “Gobernadores” a algunas personas.

El sábado 19 de noviembre se levantaron en armas los obreros de Río Blanco, Estado de Veracruz, invitaron a los obreros de otras fábricas y juntos marcharon sobre Orizaba. Las tropas del Gobierno encontraron a los revolucionarios a la mitad del trayecto de uno a otro lugar y se trabó un combate encarnizado en que hubo muchos muertos y heridos. Rechazados los revolucionarios, marcharon hacia Nogales, del mismo Estado.

En Chihuahua se desataron las persecuciones contra personas sospechosas de ser revolucionarias. Fueron arrestados los señores Vulfrano Villalpando, Aureliano S. González, Pascual Mejía y José de la Luz Navarro. Los polizontes tienen una gran lista de personas a quienes se proponen arrestar por considerarlas partidarias de Madero.

El combate en Parral fue sangriento. Hubo muchos muertos y heridos. Rechazados de Parral, los revolucionarios maderistas siguieron rumbo a Valle de Zaragoza, en Chihuahua, de cuya plaza intentaron apoderarse.

De la Hacienda de Corral de Piedras, tomaron los maderistas una buena partida de caballos. Lo mismo ocurrió en la Hacienda de Bustillos.

Detalles complementarios de lo ocurrido en San Andrés, dan a conocer que los maderistas que dispararon sobre el tren de soldados que había salido de Chihuahua en su persecución, telegrafiaron a otro grupo de pronunciados que se encontraba en Bustillos, y estos destruyeron la vía, con lo que, al llegar el tren a ese punto, descarriló y los pronunciados hicieron caer sobre los carros cargados de soldados del despotismo una lluvia de balas, una de las cuales quitó la vida al Teniente Coronel Yépez. Este esbirro llevaba las instrucciones para la campaña, por lo que el Capitán que asumió el mando de las fuerzas no supo hacer otra cosa que batirse como un bruto defendiendo a Porfirio Díaz. Parece que al fin fue destrozado con sus esbirros el asesino profesional por los revolucionarios de San Andrés.

Juan A. Creel, Gerente del Banco Minero de Chihuahua, quiso echarla de valiente el día 22 en Chihuahua. En la tarde de dicho día se habían reunido varios miles de personas en la Plaza de la Constitución para saber qué giro tomaba el asunto de la revuelta. Juan A. Creel, carabina en mano, subió a una torre, contempló el horizonte y bajó, para volver a subir a la torre acompañado de los empleados del Banco, armados todos hasta los dientes. Esta estúpida maniobra hizo creer que los revolucionarios estaban ya a corta distancia de la ciudad de Chihuahua y todos los defensores de la tiranía se dispusieron a matar rebeldes. Días anteriores se había organizado en dicha ciudad un cuerpo de voluntarios formados por algunos miembros del comercio y los socios del Club de Tiradores. Estos mastines del despotismo, a quienes el pueblo no debe olvidar, fueron distribuidos en la forma siguiente: un grupo en las azoteas de la Catedral, otro en el Palacio Municipal, otro en el Salón Blanco del Teatro de los Héroes y otro en las azoteas del Casino Chihuahuense. En varios edificios más, fueron colocados pelotones de gente armada. El ataque de los revolucionarios no se efectuó, lo que es de lamentarse porque siquiera habrían desaparecido algunos de estos mastines guardianes de la Dictadura.

Se dice que Guerrero, Chihuahua, fue atacado tres veces por los revolucionarios y no se sabe el resultado de esos ataques.

De San Andrés salió huyendo el Jefe Municipal Jesús E. Islas al ser tomada la población por los revolucionarios. Ese individuo logró escapar descalzo y llevando un zarape al hombro. Así llegó a Chihuahua, donde dijo a sus superiores que la situación de San Andrés era desesperada porque estaba completamente en manos de los revolucionarios. El Jefe Municipal de Santa Isabel también echó a huir rumbo a Chihuahua para no caer en manos de los revolucionarios.

En Madera, Chihuahua, se presentaron los revolucionarios en número suficiente para dominar la situación. Sin resistencia se dejaron desarmar los rurales que guarnecían la plaza, y en seguida procedieron los revolucionarios a aprehender a los individuos que fungían de autoridades.

Los señores José de la Luz Navarro y Pablo Mejía, están presos todavía, habiendo obtenido su libertad únicamente el Lic. Aureliano S. González y Tomás Silva, abogado también. Quedan en la Penitenciaría de Chihuahua muchos presos políticos.

El 25 se supo que en el Estado de Jalisco ocurrieron varios levantamientos, entre ellos los que llevaron a cabo grupos revolucionarios de Ahualulco, Etzatlán, Cocula y San Martín. Cortaron los alambres telegráficos y parece que descompusieron un tramo de ferrocarril, pues el tren de pasajeros se detuvo en la estación de la Viga el día 21 para que la vía fuese inspeccionada.

El día 26 llegó a Chihuahua el Jefe Municipal de Madera, diciendo que tuvo que salir huyendo de aquel pueblo para no caer en poder de los revolucionarios. Con este, son ya varios los Jefes Municipales que han tenido que huir de sus pueblos para no recibir por parte de los revolucionarios el castigo que se han hecho acreedores por sostener el despotismo de Porfirio Díaz.

En Chihuahua se hizo un cateo en las oficinas del Club maderista. Se encontraron ejemplares del llamado Plan de San Luis Potosí y muchos otros documentos comprometedores. Realmente no han de ser comprometedores, pues el hecho de estar afiliado a un Partido que se levanta en armas, no da responsabilidad alguna a las personas que no se pronuncian; pero la tiranía es capaz de encontrar revolucionarios hasta donde no los hay. Muchos maderistas pacíficos se han echado a huir por temor de que el despotismo los considere como revolucionarios.

Se sabe que en un cuartel de la ciudad de México fueron pasados por las armas once oficiales que, se dice, estaban en combinación con Madero para pasarse a sus filas con los soldados. No se puede dudar que el tirano esté matando a todo aquel que considere como conspirador. Estas noticias ya no sorprenden a nadie.

Una escolta del undécimo Regimiento de Caballería se desertó en masa en la Ciudad de México, tal vez para unirse a los revolucionarios.

Nuevas aprehensiones en Chihuahua, así como otros cateos en algunas casas, dieron por resultado el que se descubriese un buen número de bombas de dinamita. Es verdaderamente lamentable que esas bombas fueran descubiertas. Pero hay que esperar que los revolucionarios fabriquen rápidamente más de ellas para emplearlas cuando se presente la ocasión.

El día 24 fueron arrestados algunos maderistas en la Ciudad de México y otros en Aguascalientes. Enrique Bordes Mangel, según los telegramas, fue uno de los arrestados en Aguascalientes. En Guanajuato fueron aprehendidos los estudiantes de Jurisprudencia Agustín Landeros y Antonio Méndez, por creérseles complicados en la organización revolucionaria de dicho Estado. Igualmente fueron capturados unos señores llamados Ugarte y Baltiere sobre quienes pesa la misma sospecha.

Las aprehensiones han menudeado en todo el país. Naturalmente, casi todos los aprehendidos deben ser inocentes. Porfirio Díaz tiene el maravilloso tacto de molestar a personas que en nada se mezclan en actividades revolucionarias, pero a las que profesa antipatía por no ser serviles voceadores de su criminal grandeza.

En tiempos de disturbios, todos los caciquillos se aprovechan de las circunstancias especiales en que se encuentra el país, para arrojar a la cárcel a cuanta persona ha manifestado alguna vez su descontento con la tiranía existente.

En Puebla han continuado las aprehensiones de personas que el despotismo dice estaban complicadas en el movimiento maderista. De todos los Distritos del Estado llegan cuerdas de personas que indudablemente nada tienen que ver con el actual movimiento, pero a quienes el despotismo quiere perjudicar, como de costumbre.

El miserable periódico El Imparcial lamenta la muerte del odioso polizonte Miguel Cabrera. La solidaridad de los criminales es repugnante. La glorificación que El Imparcial hace del esbirro Miguel Cabrera, es una muestra de la bajeza moral de los defensores del asesino Porfirio Díaz. Sólo los malvados, los criminales, los individuos que carecen por completo de sentido moral, pueden glorificar a un hombre tan nocivo a la humanidad como fue Cabrera.

Parece que en Atoyac, del Estado de Veracruz, o cerca de ese lugar, los revolucionarios trataron de volar la vía para impedir el paso de la soldadesca del tirano.

En Acultzingo, del mismo Estado, los revolucionarios se levantaron en armas. El Secretario del Ayuntamiento quedó herido y es posible que buen número de otros esbirros hayan quedado muertos. Hay que hacer notar que la censura que ejerce Porfirio Díaz impide la salida de noticias fidedignas, y las que logran salir, están ya tan desvirtuadas, que hay que hacer esfuerzos poderosos para darse cuenta del movimiento.

Donde parece que, a últimas fechas, se ha reconcentrado el movimiento maderista en el Estado de Chihuahua, es la región de la Sierra. Los periódicos americanos publican todos los días informes de escaramuzas entre revolucionarios y tropas del Gobierno. Tal vez no sean escaramuzas. Tal vez se trate de serios combates, pues dicha región es excelente para sostener la guerra contra el despotismo.

Los periódicos del día 27 refieren de un barco que fue aprehendido en Soto La Marina, del Estado de Tamaulipas. Se dice que en ese barco se conducía una buena cantidad de armas para los revolucionarios.

Los mormones del Estado de Chihuahua se arman para atacar a los revolucionarios. Si esto es cierto, no deben quejarse después a su país estos intrusos por lo que se les haga en legítima represalia.

Antes de pasar adelante, bueno es hacer constar que en el Estado de Zacatecas hubo levantamientos de revolucionarios en Mazapil, Juchipila, Concepción del Oro y Moyahua. En Guanajuato, además del levantamiento en Acámbaro del que dimos cuenta en la edición anterior, se registraron levantamientos en Irapuato y Valle de Santiago. En Tlaxcala, hubo un levantamiento en San Bernardino Contla, habiendo perecido en la lucha el Presidente Municipal. En Coahuila hubo levantamientos en San Pedro de las Colonias, Matamoros de la Laguna y otros pueblos de la región lagunera. Todos estos levantamientos ocurrieron entre los días 20 y 22 de noviembre.

Algunos vecinos de Milpa Alta, Distrito Federal, ofrecieron al Dictador sus servicios para perseguir a los revolucionarios. Hay que tener en cuenta a esos judas. Algunos oaxaqueños presentaron un voto de adhesión al déspota. Los firmantes del voto de adhesión son conocidos parásitos protegidos por Díaz. Algunos otros individuos se ofrecieron al tirano para ir a batir a los insurgentes. Más tarde, cuando el Partido Liberal se levante en armas, veremos si se arriesgan a batir a las fuerzas libertarias.

El Imparcial del día 27 da cuenta de haberse librado un combate en las cercanías de Torreón, entre revolucionarios y esbirros de la Dictadura. Con su acostumbrada mala fe, ese periódico no dice cual fue el resultado del combate.

El día 27, los revolucionarios fueron atacados por las fuerzas del despotismo en un lugar cercano a la ciudad de Chihuahua. Quince revolucionarios perecieron y es indudable que más del doble de esa cantidad murieron de las filas gobiernistas, pues los revolucionarios ocuparon buenas posiciones desde las cuales contestaban el fuego que los soldados de la Dictadura les hacían.

Los periódicos del día 29 dijeron que los revolucionarios continúan ocupando sus posiciones en la Sierra de Chihuahua. El general Navarro, que había salido a batirlos a la cabeza de cuatrocientos hombres, tuvo que volverse a Chihuahua porque no se atrevió a atacar a los insurgentes. Algunos periódicos aseguran que son once las poblaciones que están en poder de los revolucionarios de la Sierra. Lo cierto es que una buena porción de la Sierra está completamente en poder de los insurgentes, siendo la prueba mejor, que el Ferrocarril México y Oriente no ha logrado funcionar por dominar la vía las fuerzas revolucionarias. En esa región hay buenas negociaciones mineras, abundante ganado y a ella no podrán entrar los miserables esclavos que arma el despotismo para matar a sus hermanos.

Los periódicos del día 30 refieren que la ciudad de Chihuahua esta siendo fortificada a gran prisa, pues se cree que los revolucionarios caigan de la Sierra sobre ella. Se están levantando trincheras, sobre todo por el rumbo de la ciudad que podría ser atacada por los revolucionarios de San Andrés y Guerrero. Las tropas de la plaza están bajo las órdenes del General Navarro y de Luis Terrazas. Corren rumores de que se trata de atacar simultáneamente la ciudad de Chihuahua y el Puerto de Matamoros, en Tamaulipas. Esto último corre como rumor.

Los periódicos del día primero de este mes no hablan más de actividad revolucionaria.

La insurrección del maderismo ha quedado, pues, confinada a la Sierra de Chihuahua, célebre por la gente enérgica y valiente que la habita. Los serranos no se dejarán dominar fácilmente. El terreno se presta para el sostenimiento de una lucha larga en la que las fuerzas del Gobierno sufrirán mucho, pues está probado que trescientos serranos son bastantes para tener a raya un grueso cuerpo de Ejército.

Los serranos son hábiles tiradores, además. Los insurgentes de San Andrés se han hecho notables esta vez por el hecho de que todos los soldados del Gobierno que han sido muertos por ellos, han presentado la herida en el centro de la frente.

Naturalmente, no hay que esperar que de la Sierra de Chihuahua salgan huestes guerreras que invadan todo el país y hagan triunfar la insurrección de Madero. Lo único que harán esos revolucionarios será tener en excitación constante al país; distraer en el Norte una buena porción de soldados del despotismo; alentar con su ejemplo a los pacifistas y a los sumisos para que se armen, se organicen y se levanten. A los serranos de Chihuahua les corresponde esta vez sostener el espíritu de rebeldía, y todos cuantos tenemos confianza en la eficacia de la violencia para obtener el bienestar y la libertad, debemos organizarnos sin pérdida de tiempo; debemos estar listos para que, cuando sea oportuno, cuando todo este propicio para un levantamiento general, nos levantemos, no para sostener ninguna candidatura, sino para tomar posesión de la tierra e iniciar con ese solo acto el advenimiento de la justicia social.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 14, diciembre 3, 1910.