El movimiento revolucionario

A medida que pasa el tiempo y a pesar de la enérgica censura establecida por el despotismo para que la prensa, sobre todo la americana, no dé noticias del movimiento revolucionario, la verdad o parte de ella se sabe, y, la verdad es que el movimiento revolucionario continúa. El Dictador hace toda clase de esfuerzos, pone en práctica toda clase de tácticas, recurre a expedientes descabellados para acabar con el movimiento; pero éste continúa a pesar de todo como una chispa que está a punto de transformarse en incendio. Chispas son, en efecto, las guerrillas que tienen en jaque a las tropas del despotismo en todo el país; chispas que producirán el incendio total del que saldrá algo bueno para el pueblo si los liberales logramos preponderar en el movimiento y podemos, en consecuencia, darle el curso que se necesita para convertirlo de simple movimiento político en amplio y grandioso movimiento de transformación social.

Continuamos hoy dando cuenta del estado del movimiento insurreccional.

En Aguascalientes reina gran excitación en virtud de haber sido arrestada la esposa de un oposicionista que anda prófugo. Dicha señora está enferma y no ha cometido otro delito que estar unida a un hombre que no soporta la tiranía.

En Sabinas Hidalgo y Villaldama, del Estado de Nuevo León, están intranquilos los agentes del despotismo, porque se han visto por los alrededores de esas poblaciones partidas de revolucionarios que esperan un buena oportunidad para atacar las poblaciones y proveerse de armas, dinero y gente para continuar la lucha. Ha llegado refuerzo de tropas federales a ambas poblaciones.

El día 4 de este mes, los revolucionarios de la Sierra de Chihuahua dominaban los siguientes puntos: Miñaca, Guerrero, Las Escobas, Basucho, Bocoina, La Junta, Pedernales, El Cairo, Coyame, San Andrés y San Isidro. Esto fue comunicado al periódico El Paso Herald por una persona que llegó a la ciudad de El Paso. Nosotros sabemos que hay otros muchos puntos de la Sierra de Chihuahua en poder de los insurgentes.

Se asegura que al tomar los insurgentes Ciudad Guerrero, fue muerto el Jefe Político, Urbano Zea, habiendo corrido la misma suerte dos hijos de ese individuo. Un tal Reyes Domínguez que había ido a dar auxilio a Zea, fue herido gravemente. Las demás autoridades, se dice, están presas en la torre de la iglesia.

Se espera que Chinipas, pueblo lejano del Estado de Chihuahua, caiga de un momento a otro en poder de los revolucionarios.

El hijo de Luis Terrazas, llamado Juan, anda de pueblo en pueblo formando cuerpos de voluntarios para resistir a los revolucionarios; los forma en efecto, pero apenas sale del pueblo, los famosos voluntarios se desbandan.

El gerente de la Pearson Lumber Company, Master Leo Gumm, llegó a El Paso, Texas, el día 4 y dijo que las tropas del despotismo no podrían desalojar a los revolucionarios de sus posiciones es la Sierra de Chihuahua, sino después de una larga campaña en que se gastasen muchos miles de pesos, millones mejor dicho, y se sacrificasen muchos soldados. Algunas personas que tienen conocimientos militares, aseguran que el despotismo tendría que enviar a la Sierra, cuando menos, sesenta mil hombres para someter a los revolucionarios. Master Gumm asegura que todos los extranjeros son tratados cortésmente por los revolucionarios.

El día 6 llegaron a la ciudad de México nueve personas procedentes de Orizaba, Campeche y Oaxaca, y fueron desde luego encerradas en la Penitenciaría. Están acusadas esas personas de ser revolucionarios. Los de Orizaba son: Lauro Luna, Arnulfo Romero, Enrique Sosa y Abacuce Corona. Los de Oaxaca son: Miguel Hernández y Pedro León, y los de Campeche licenciados Calixto Maldonado, Urbano Espinosa y señor Manuel Navarro.

Todos los revolucionarios presos en Torreón, van a ser llevados a México. Entre ellos se encuentra el señor Manuel N. Oviedo a quien el despotismo profesa particular odio por ser hombre firme y de prestigio como propagandista de la oposición. Igualmente van a ser llevados a México los revolucionarios de Guanajuato. El juez de Distrito Juan Pérez de León ha pedido a todos los jueces del país que le envíen a los revolucionarios. Pérez de León es el más fiel cachorro de Díaz y será brutal en sus sentencias contra las personas que han caído bajo sus garras. Va ser, también, llevada a México la familia del valeroso Aquiles Serdán. Así es que la viuda, la madre y demás miembros de la familia del héroe ingresarán a la Penitenciaría, donde serán torturados por ese odioso sayón bajo cuyo poder están en estos momentos muchos seres humanos acusados de sedición, rebelión, incitación a la rebelión, motín, asonada, resistencia a mano armada y otros llamados delitos contra el orden público. El pueblo verá cuán pocos de esos revolucionarios serán los que sobrevivan. Muchos morirán bien  pronto a consecuencia de las torturas que se les infligen para que delaten a otras personas; otros serán llevados al manicomio, perdida la razón, y otros morirán fusilados. Pero si la represión es enérgica, más enérgica va a ser la represalia, más incontenible y vigorosa la reacción.

El día 6 tomó posesión del gobierno de Chihuahua, Alberto Terrazas en sustitución de José María Sánchez que se encontró incompetente para dominar la situación.

El Imparcial, muy triste, anuncia que es un hecho la toma de Ciudad Guerrero, Chihuahua, por las fuerzas insurgentes. Parece que no es exacto que haya muerto el jefe Político Zea.

Ha sido enviado a Chihuahua el general Manuel Sánchez Rivera. Se dice que va a ser enviado a la Sierra para que lo maten los insurgentes.

En todos los Estados está levantando el despotismo batallones y regimientos de “voluntarios”, pues ya no le alcanzan sus soldaditos para sofocar el movimiento.

Como una prueba de que el Dictador no puede disponer de mucha gente para aplastar la insurrección, está el hecho de que a Chihuahua manda partidas de ciento cuarenta soldados y unos cuantos señores. El día 6 salieron de México para Chihuahua dos secciones del 11 Regimiento y dos del 14 Regimiento y una batería de artillería ligera; en total, 140 hombres, cuando lo menos que se necesita según los peritos militares son sesenta mil soldados para sofocar el movimiento de la Sierra de Chihuahua.

Se sabe que en Chilpancingo, Estado de Guerrero, y Sultepec, del Estado de México, ha habido insurrecciones últimamente. Los gobernadores de esos Estados niegan que hay agitación revolucionaria en sus demarcaciones, pero por el modo de negar se comprende que hay en dichos Estados una fuerte agitación, que en realidad hay diversas guerrillas operando con buen éxito en los ranchos y haciendas, haciéndose de fondos, de armas, de gente. De Sultepec salió el Jefe Político al frente de una fuerza regular el día 6, a batir algunas partidas de revolucionarios que operan entre los Estados de Guerrero y México. Los revolucionarios se preparaban a atacar los pueblos de Amatepec y Tlatlaya, del Estado de México, donde esperaban que se les reuniría gente a la vez que recogerían dinero y demás elementos necesarios para la campaña contra el despotismo.

El señor Mucio Ramírez fue arrestado en la ciudad de México el día 7 por creérsele complicado en el movimiento de insurrección del Estado de Tlaxcala.

Dice el cónsul mexicano en Brownsville, que se le han acercado muchos mexicanos de “influencia y capital” asegurándole que pueden poner a disposición del despotismo quinientos hombres montados y armados para aplastar la insurrección. Ellos serán los aplastados, no hay que dudarlo. Esa expedición filibustera viola las leyes de neutralidad; pero el Tío Samuel se hace el desentendido cuando los violadores están a favor de la tiranía porfirista, y se muestra encarnizado contra los revolucionarios aunque estos no hayan pensado violar esas famosas leyes.

Se encuentran en la cárcel de Belén los señores José Barreto, Apolonio Valdivia, Armando Gómez, Sebastián Tinajero Mancilla y Bernardo y Apolonio Perochena Wence, que se dice están complicados con la guerrilla que opera entre Atzcapotzalco, Barrientos y Tlanepantla, en las goteras de la ciudad de México. Como se ve, el movimiento, aunque de guerrillas, es bastante extenso, y no solamente eso, sino que las guerrillas operan en las orillas mismas de la ciudad de México.

Los señores Arturo Barrera Zambrano y Martín Tamayo fueron arrestados en el rancho de Dolores, Nuevo León, acusados de sedición. Serán llevados a Saltillo, y de ahí, pasados a México.

Los periódicos de México del día 8 aseguran que Francisco I. Madero, al mando de una fuerza que dichos periódicos aseguran ser pequeña, pero que tal vez no lo sea, porque los gobiernistas no dicen la verdad, se encuentra el oeste de Cuatro Ciénegas, Coahuila, y que el general Gerónimo Treviño con las tropas a sus órdenes ha marchado a combatirlos.

El general Treviño, que es el Jefe de la tercera Zona Militar, ha nombrado al coronel Carlos González, jefe de las fuerzas expedicionarias para batir a los revolucionarios que operan al sur de Torreón. En Torreón se sabe que Madero manda las fuerzas revolucionarias que operan por Sierra Mojada. Estas noticias están tomadas de periódicos subvencionados, de los mismos que dicen a voz en cuello que la paz reina en todo el país.

El periódico de esta ciudad, Los Angeles Herald, en su edición del domingo pasado, da un interesante relato de la situación lastimosa en que se encuentra la famosa columna expedicionaria del general Navarro que fue a batir a los insurgentes de la Sierra de Chihuahua. Como se recordará, esa columna, que salió hace pocos días de Chihuahua, se compone de un batallón, un regimiento y una batería de montaña. Esta columna no ha podido ir más allá de Carretas, donde se halla actualmente esperando refuerzos para la batida. Un corresponsal de la Prensa Asociada que estuvo en el campo de operaciones, asegura haber visto en distintas direcciones grupos de revolucionarios bien armados, haciendo práctica militar para poder competir con las fuerzas disciplinadas, pero forzadas, del despotismo. Todos esos grupos de revolucionarios, como obedeciendo a un plan combinado de antemano, van avanzando hacia el oriente, esto es, caminan con dirección de Chihuahua, cuya ciudad van a tomar. El general Navarro, de las fuerzas del despotismo, dice que, cuando menos, se necesitan dos o tres [del] gobierno para cada uno de los revolucionarios; pero si se tiene en cuenta que la población de la Sierra es aguerrida, conoce bien el terreno y es hábil para tirar, y si se tiene en cuenta, también, que, cuando menos mil hombres están sobre las armas ahí contra la tiranía no se necesita hacer un gran esfuerzo para pensar que Navarro va a ser despedazado totalmente con todos sus esbirros de uniforme en el primer encuentro que tenga con los insurrectos, y es por eso por lo que el generalillo ha hecho alto en Carretas, a cuarenta millas de distancia de donde se encuentran las primeras guerrillas revolucionarias.

A la circunstancia de que Navarro se considerara impotente para atacar a los revolucionarios se debe que en estos días no haya habido noticias del movimiento.

Según un telegrama que apareció en Los Angeles Express, el pueblo de Ojinaga, Chihuahua, cayó en poder de los revolucionarios hace unos cuantos días. Ojinaga es una Aduana y se encuentra a la orilla del río Bravo al oriente de El Paso, Texas.

Llegó a México el señor. Silvestre Terrazas, director del diario El Correo que se publicaba en Chihuahua. Desde luego fue encerrado en la Penitenciaría a disposición del esbirro Pérez de León, el delito de ese periodista consistió en haber publicado en su periódico noticias del movimiento revolucionario.

El señor Reyes Estrada, redactor de El Correo se encuentra en El Paso, Texas, a donde llegó buscando un poco de libertad. Es seguro que si no logra pasar la frontera dicho periodista ya estaría con el señor Terrazas en la Penitenciaría de México.

En la prensa mexicana del día 9 se ve que el jefe de la Zona de Chihuahua ha pedido al dictador que envíe mil hombres al suroeste de Torreón, para poder operar en combinación con las tropas que hay en Chihuahua, marchando después juntas sobre las poblaciones de Madera y Temósachic. El jefe de la Zona cuenta ya con cuatro mil soldados en Chihuahua, pues han llegado refuerzos de Sonora. Los lectores inteligentes comprenderán que no bastan esos cuatro mil soldados para someter a hombres valientes, conocedores del terreno y hábiles en el manejo de las armas, y tan es así, que desde hace días no se han preocupado las tropas de perseguir a los revolucionarios de la Sierra.

Aunque los periódicos del gobierno no dicen que Tamósachic está en poder de los revolucionarios, por las noticias que se publican se desprende que también esa plaza es de la Revolución, pues que un señor Rojo que desempeñaba el cargo de jefe de los Telégrafos Federales en dicho lugar, llegó a Chihuahua el día 7 con todos los aparatos diciendo que no quiso dejarlos para que no los utilizaran los insurgentes.

El día 8 salió de Chihuahua rumbo a San Andrés el cura Soulee quien lleva dinero a los revolucionarios en rescate del licenciado Joaquín Roa, juez de letras de Cushuiriáchic a quien tenían preso desde hacía más de quince días.

El día 5 fue arrestado en Torreón el señor Miguel González, de Chihuahua, a quien se acusa de ser uno de los jefes revolucionarios. Los polizontes dicen que encontraron en poder de dicho señor papeles altamente comprometedores. Sucede que con el solo hecho de que a una persona se le encuentre algún ejemplar de un periódico enemigo del despotismo, ya hay para decir que se le encontraron documentos comprometedores.

Fueron encontradas dos buenas bombas de dinamita en el túnel número 10 de la línea del ferrocarril Mexicano. Dichas bombas según dice la policía eran las destinadas a volar el grandioso puente que hay en la barranca de “El Infiernillo”, para impedir de ese modo el avance de las tropas del despotismo sobre Veracruz.

El señor Domingo Guzmán que estaba al frente de un restaurante en Paso del Macho, fue arrestado y llevado a Veracruz. Se acusa a dicho señor de haber dado armas a los revolucionarios. También fue arrestado un señor Araiza, que era jefe de estación en El Potrero. Se le acusa de rebelión.

Los revolucionarios de San Andrés tienen a otro individuo preso, el licenciado Ernesto García Leal, por cuyo rescate piden una buena suma. El mismo cura Soulee lleva el dinero para que le ponga en libertad. Con este motivo se indigna el asqueroso El Imparcial y llama bandidos, plagiarios y otras lindezas a los insurgentes. Los revolucionarios están en su perfecto derecho al aprisionar a los enemigos de la libertad y pedir rescate por ellos para poder comprar armas.

El Imparcial del día 8 confirma que los revolucionarios tomaron la población denominada Temosáchic.

El día 7 llegaron a Chihuahua cincuenta soldados del 27° Batallón, una gota más para apagar el incendio de la Sierra. No cabe duda que el Dictador no puede distraer sus fuerzas de los demás puntos del país para concentrar en Chihuahua un fuerte cuerpo de Ejército.

Ya nadie quiere ser personaje. Los tan ambicionados puestos públicos ya no producen satisfacción ni riquezas a los parásitos que los ocupan. El secretario del gobierno y el jefe político de Chihuahua, Guillermo Porras y Manuel R. Vidal renunciaron sus puestos; pero no fueron admitidas las renuncias. Ahora, a fuerza, tienen que ser funcionarios y lo que temen es que los revolucionarios tomen Chihuahua y los castiguen como se lo merecen.

Dice El Imparcial que ocurrió a la Secretaría de Guerra y que allí se le informó que toda la República está en paz…. Es ridículo que niegue el despotismo su dolorosa agonía.

El día 9 llegaron a la ciudad de México los señores Arturo Barrera Zambrano y Martín Tamayo que fueron arrestados como decimos arriba en el rancho de Dolores. Se acusa a dichos señores de haber sido los jefes de los revolucionarios que atacaron y tomaron la ciudad de Gómez Palacio. Desde luego quedaron a disposición del sabueso Pérez de León.

En Chihuahua fue cateada la casa del señor Francisco Solís. La policía encontró armas y parque quedando por ese hecho detenido dicho señor, quien probablemente será llevado a México a aumentar el número de las pobres víctimas del cachorro Pérez de León.

Se indigna El Imparcial de que corran entre el público rumores alarmantes sobre la situación del país. La censura del despotismo contribuye en mucho a que circulen a veces rumores alarmantes; pero en el caso actual, la situación es realmente alarmante.

Se dice que ha habido en estos últimos días movimientos de insurrección en Guerrero y Allende del Estado de Coahuila. Lo cierto es que el Distrito de Río Grande, Coahuila, está recorrido por guerrillas de revolucionarios desde los comienzos de esta campaña, y nada difícil será que las poblaciones mencionadas fueran atacadas.

Pérez de León no descansa. De día y de noche trabaja el miserable tratando de hacer confesar delitos que muchos no han cometido. Para no perder ni un minuto, el famoso esbirro ha dispuesto que el Juzgado sea instalado en una de las celdas de la Penitenciaría. De ese modo también el público no tendrá oportunidad de presenciar el cadavérico aspecto de las víctimas. Los pobres presos se encuentran incomunicados y muchos de ellos y tienen cerca de un mes de estar en esa condición.

El día 13 se supo en Los Ángeles que desde el domingo estaban luchando a veinte millas de Pedernales las fuerzas revolucionarias contra las del despotismo, mencionándose que ha habido muchos muertos y que la lucha continuaba hasta el mismo día 13. No se sabía qué lado había sufrido más bajas.

El día 10, la prensa subvencionada de México publicó la noticia de que los revolucionarios evacuaron San Andrés, en la Sierra de Chihuahua, retirándose al campo por ser inútil una resistencia en esa población. La fuerza del general Navarro ocupó el lugar, siendo su intención atacar Concepción Guerrero.

Una fuerza federal al mando del coronel Reyes, jefe del 12° Batallón, recibió ordenes de marchar rápidamente rumbo a la Sierra, y la Secretaría de Guerra tuvo noticia el día 9 del estado en que se encontraban tanto las fuerzas de Navarro como las de Reyes. El plan es que esas fuerzas ataquen a los revolucionarios por dos partes a la vez.

Por fin no han llevado a México a la familia Serdán. La hermana de Aquiles está herida en la espalda, pues sólo a traición pudieron herir los esbirros de la Dictadura a esa valerosa mujer, mientras la esposa del héroe está embarazada. En tales condiciones se ha tenido en la cárcel a las dos mujeres y como era natural, sus males se han agravado por el maltrato de que han sido objeto y la rigurosa incomunicación que han sufrido. El día 9 fueron trasladadas ambas al Hospital General de Puebla, donde quedaron igualmente incomunicadas. La salud de estas heroínas se encuentra en muy mal estado como es de suponerse.

El día 9 descubrió la policía en Orizaba, en la casa del señor Joaquín Oriza, situada en la calle de Jalapilla, un depósito de explosivos de donde se recogieron diez bombas cargadas, cuarenta y un cartuchos de dinamita y alambre de cobre. Dicen los polizontes que este depósito pertenecía al señor Rafael Tapia[1], quien afortunadamente no ha sido encontrado por la policía. El señor Oriza se encuentra ya en cárcel rigurosamente incomunicado.

El día 8 una guerrilla de revolucionarios atacó el rancho llamado Flor de Jimulco Coahuila, de donde tomaron armas, dinero y otros elementos indispensables para el movimiento de insurrección.

De Torreón salieron cien “voluntarios” al mando del coronel González. Estos esbirros van a operar en combinación con las fuerzas federales que no han podido acabar con las guerrillas que operan en La Laguna. El día 8 llegaron a Torreón dos regimientos que van a ser repartidos en diversos lugares de La Laguna en caso de que tanto los “voluntarios” como las fuerzas federales que ya operan en dicho territorio, sean impotentes para sofocar la insurrección. Como se ve por esta noticia, tomada de El Diario, periódico gobiernista, el movimiento insurreccional es fuerte en La Laguna, extensa y rica comarca que comprende parte de cuatro Estados, Coahuila, Zacatecas, Durango y Chihuahua.

El día 8 llegaron a la ciudad de México y fueron desde luego encerrados en la Penitenciaría los señores Jesús Chayoga, Agustín Landeros, Alejandro Martín, Nabor Baltierra y Antonio E. Méndez que fueron arrestados en Guanajuato y sobre quienes pesa acusación por sedición.

Los periódicos locales del día 14 dan cuenta, aunque no detallada, del resultado del combate entre las fuerzas insurgentes y las federales al mando del general Navarro. La noticia procede de la ciudad de México y ha sido dada por el gobierno, por lo que, naturalmente, hay que creer que lo contrario de lo que se dice es lo cierto. Dice la Dictadura que 300 revolucionarios lucharon contra 500 federales durante dos días, el domingo y lunes pasados, siendo el resultado de 70 revolucionarios y 14 federales muertos, y 150 revolucionarios y 80 federales heridos. El combate se debió a que Navarro pretendió marchar con dirección a Concepción Guerrero, la ciudad que está en poder de los revolucionarios. Estos se opusieron y se trabó un reñido combate en el que perdieron los revolucionarios tres líneas de trincheras. Hay que fijarse en que la noticia ha sido dada por Díaz, quien quiere engañar al mundo sobre la situación en México. En realidad, si sólo tres líneas de trincheras ha ganado el Gobierno, nada significa eso para la gran extensión en que operaran las fuerzas revolucionarias de la Sierra. Hay que creer en que la batalla de dos días ha sido tremenda; en que las fuerzas del despotismo han de haber salido derrotadas, o cuando menos, si ganaron las trincheras, ha de haber sido a costa de muchas vidas por parte de los soldados federales, y eso, más que triunfo, es una derrota, pero pronto sabremos que las fuerzas del despotismo han sido desbaratadas. Tampoco hay que creer en que solamente 500 federales entraron en juego, porque la columna de Navarro se componía de un batallón, un regimiento y una batería de montaña. Cuando menos entraron en juego mil quinientos federales.

En Las Sierras de Copalquín, Topia, Canelas y San Dimas, Estado de Durango, operan fuerzas revolucionarias sin que el despotismo se atreva a perseguirlas. Se dice que en el Territorio de Tepic han comenzado a levantarse partidas revolucionarias.

El periódico local Los Angeles Herald publica en su edición del 15 del corriente un telegrama de la Prensa Asociada sobre el combate del domingo pasado entre las fuerzas de Navarro y las insurgentes. La batalla tuvo lugar en el pueblo de Cerro Prieto, cien millas al este de Chihuahua, comenzando la lucha a las once de la mañana. Doscientos revolucionarios ocuparon los cerros la noche anterior, y cuando el general Navarro pasaba con 450 hombres de la vanguardia de su columna, los revolucionarios abrieron el fuego, pero en virtud de la distancia no pudieron ocasionar gran daño al enemigo. Navarro ordenó enseguida que la batería que lleva disparase sobre los revolucionarios, y estos se retiraron despacio y en perfecto orden, no como dicen los periódicos gobiernistas que habían huido a la desbandada. A las cuatro de la tarde los revolucionarios tomaron posiciones en la base de una cadena de cerros en el suroeste de Cerro Prieto. Los fuegos de su campamento pueden ser vistos por la noche desde el campamento enemigo en el Rancho de San Diego. Durante el combate del domingo, los revolucionarios aumentaron sus fuerzas con 230 hombres más; 200 llegaron a unírseles el lunes en la noche y se esperaba que para la mañana del martes llegarían 400 revolucionarios más. En vista de esto y de la bravura de los serranos, Navarro hizo alto. No puede avanzar, pues si lo hiciera sería totalmente despedazado. La más seria pérdida por parte de los revolucionarios en la batalla del domingo, ocurrió cuando una bala de cañón echó por tierra una casa en la que estaban parapetados, muriendo quince de ellos; pero cuando esto ocurrió, ya habían matado a muchos federales. Cuando se retiraron los revolucionarios, Navarro ordenó que se diera muerte a bayonetazos a todos los insurgentes heridos; fusiló, además, a treinta pacíficos habitantes de Cerro Prieto, y a eso se debe que el número de muertos haya sido de setenta. Navarro dice que el no quiere tener prisioneros: muerte a todos ellos, grita enfurecido, y la soldadesca cae sobre los indefensos heridos a quienes rematan con las bayonetas. El general Brandón, que se encuentra en el campo de Navarro como corresponsal del periódico gobiernista The Mexican Herald, salió herido en la batalla del domingo. Navarro confiesa que murieron doce soldados federales, un capitán y un subteniente, y que los heridos son veintisiete hombres, incluyendo dos oficiales. Como se ve, la situación de Navarro es crítica. El confía en que las tropas que han salido de Sonora y algunos otros refuerzos irán en su auxilio; pero tal vez ese auxilio llegue cuando ya los insurgentes hayan dado buena cuenta de él y de sus soldados, pues a los revolucionarios se les están uniendo guerrillas considerables y muy pronto habrá un serio combate cuyo resultado será, a no dudarlo, benéfico para los revolucionarios.

Tal es el estado que guarda el movimiento hasta los momentos de entrar en prensa Regeneración. Por los datos que publicamos se ve que Díaz no ha podido ni podrá dominar la situación; que el estado de guerra existe en México; que ese estado de guerra favorece altamente la organización revolucionaria que tiene emprendida el Partido Liberal, y que es preciso que todos los simpatizadores de la Revolución, que todos los que comprendan que la violencia es necesaria, envíen sus donativos a la Junta Organizadora del Partido Liberal, para que ésta pueda activar más aún la organización y pronto se levante el Partido de los proletarios para conquistar el derecho de vivir que la burguesía niega a los desheredados.

Entre las guerrillas que tienen en jaque a las fuerzas de la Dictadura hay unas afiliadas al Partido Liberal, y es necesario que esos hermanos en ideales no queden solos.

Compañeros: los que no vayáis a pelear por la libertad y la felicidad, ayudad con dinero o con lo que podáis para la Revolución.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 16, diciembre 17, 1910.



[1] Rafael Tapia (1858-1913) Talabartero veracruzano; empleado en las fábricas textiles de Orizaba y Córdoba. Participó en las movilizaciones obreras de 1907 en la región. Se afilió al Partido Antirreeleccionista en 1909 y al año siguiente se levantó en armas siguiendo a Madero. Combatió en Veracruz, Tlaxcala y Puebla. Murió asesinado en la cárcel, durante el régimen de Victoriano Huerta