Saint Louis, Missouri, julio 15 de 1905

Señor don Francisco J. Legarda
Chinipas, Chihuahua

Muy querido amigo:
Me refiero a la grata de usted de 22 del pasado junio. No he sido muy oportuno en contestarle, pero eso se debe a que estoy por el momento (momento que parece no tener fin) bastante atareado. No tiene usted idea mi querido amigo de lo que hay que trabajar para ir persuadiendo poco a poco a nuestros indiferentes compatriotas de la necesidad que hay de hacer a un lado esa indiferencia criminal si queremos salvar la patria. Algo se va consiguiendo a fuerza de propaganda. Los renuentes comienzan a convencerse, pero todavía hay mucho por hacer, la inercia es extrema y hay que luchar contra ella.
            ¡Treinta años de tiranía han dejado huellas profundas que es preciso borrar…!
            Me alegro que esté contento con su empleo. ¿Es usted empleado del gobierno? No, es usted empleado de la nación, que es cosa bien distinta del maldito despotismo.
            Es preciso no confundir; hay que tener en cuenta que quien paga los servicios de usted es la nación, son sus conciudadanos que retribuyen los trabajos de sus servidores. El gobierno no es más que un intermediario en este caso.
            Cuando un empleado de la nación dice: “Soy servidor del gobierno”, no está en lo justo. A quien se sirve es a la nación.
            No sé que carta enviaría usted al señor [Camilo] Arriaga. Si era para algún encargo, según veo en su apreciable carta que estoy contestando, le diré a usted que desde el mes de abril, o a fines de este mes, dejó el señor Arriaga de ocuparse en esa clase de asuntos. Puede usted o la persona interesada dirigirse al señor Rosalío Bustamante. Es persona que puede desempeñar encargos y toda clase de comisiones. Tengo todas las gratas cartas de usted. El correo se está manejando honradamente, tal vez por el temor que tiene el gobierno de que se le forme un regular escándalo si se atreve a violar la correspondencia, pues la prensa de esta nación reprocharía semejante proceder.
            Mis mejores deseos de que prospere usted y de que sea felíz.
            Fue una lástima no haber podido conseguir la fotografía en cuestión. No importa ¡hay tanto qué decir!
            Veo que trae luto su carta. ¿Ha sufrido usted alguna pérdida? Si es así le deseo conformidad con lo irreparable y valor para soportar las desventuras inherentes a nuestra naturaleza.
            Sabe usted que como siempre lo quiero. Reciba cariñosos recuerdos de los arraigos y un abrazo de su amigo que desea sus letras