Saint Louis, Missouri, julio 22 de 1905

Señora Silvina R. de Trejo
Chihuahua[, Chihuahua]

Muy estimada amiga:
Tuve el gusto de leer sus cartas de fechas 9 y 21 de junio y 11 y 13 de julio, las que con la satisfacción con que siempre las dirijo a usted. Si no fuera por las mil ineludibles atenciones a que tengo que dedicarme continuamente, escribiría a usted con extensión y frecuencia, encontrando en ello mucho placer.
            Sus cartas me alegran siempre y me fortalecen. Veo en usted una de esas consoladoras excepciones en la abyección general que corrompe a la Nación Mexicana. Acostumbrado a encontrar en la generalidad de los hombres debilidad e ignorancia y en la generalidad de las mujeres fanatismo y sumisión, me entusiasma ver en usted un espíritu libre de todos esos defectos que han degenerado a nuestra raza y que la arruinarán para siempre si no se curan pronto, muy pronto.
            Ya sueño con un pueblo, no de sabios, ni de lumbreras o notabilidades, sino simplemente de hombres. No considero como tales a los seres abyectos y cobardes, saturados de supersticiones que forman las tiranías y los frailes, para tener bestias a sus servicio. El hombre debe de ser libre de cuerpo y de espíritu; […] de la tierra impuestos por la fuerza y la brutalidad.
            Hace usted bien en desdeñar las críticas de los imbéciles, que se hacen a usted y a su hermano. Los espíritus pequeños se desquitan de su propia miseria, hincando la garra de su maledicencia en las almas fuertes y honradas.
            El entusiasmo de usted y de su hermano por nuestra causa, a la que quieren servir hasta con sacrificios, si es preciso, me consuela del indiferentismo de muchos. No tenía usted para qué decirme que los abnegados ofrecimientos de su hermano para servir a nuestra causa son verdaderos y serios, pues bien arraigada tengo yo la convicción, de que en pocos correligionarios encontraré la lealtad y el ardor que en ustedes. Los estimo con afecto fraternal, y les agradezco en el alma el interés que siempre se han tomado por los que estamos en la lucha. Su sentimiento por la enfermedad de mi hermano Jesús, se los agradezco profundamente.
            Jamás he dudado del triunfo de nuestra causa, pero a veces, ante el servilismo con que todos acatan la Dictadura, me parece demasiado lejano ese anhelado triunfo. Sin embargo, amiga mía, me reanimo cuando me comunico con almas valerosas y nobles como la de usted; cuando conozco hombres decididos y firmes, como su hermano, que todo lo sacrifican a la victoria de nuestra grandiosa causa. Iremos adelante, no lo dudemos algo tenemos ganado en el terreno de las ideas, y cuando en el terreno material obtengamos algo, será para aumentarlo rápidamente y no perderlo ya nunca.
            No deje usted de escribirme, amiga mía, aunque yo no le escriba mucho por lo excesivamente ocupado que estoy casi siempre. Es corto el personal del periódico, y apenas nos damos a basto para el trabajo. Pero este usted segura que siempre que tenga oportunidad, le dirigiré algunas líneas para tener el gusto de estar con usted, aunque sea por momentos en comunicación fraternal de ideas y de esperanzas. Sírvase saludar muy cariñosamente a su hermano, y reciban ambos muy afectuosos recuerdos de Juan [Sarabia] y Enrique [Flores Magón]. Para usted mi buena amiga, el testimonio de mi profundo y cordial aprecio

Ricardo Flores Magón