Saint Louis, Missouri, octubre 8 de 1905

Señores [Crescencio y Francisco] Villarreal Márquez
Laredo, Texas

Estimados amigos:
Ya están ustedes al corriente de las trabas que el gobierno mexicano pone a Regeneración con el fin de impedir la entrada del periódico en la república.  
            Nuestro propósito es continuar publicando el periódico pues consideramos que no debemos abandonar la lucha hasta que la muerte nos obligue a ello. Eso lo hemos dicho y lo hemos sostenido hasta la fecha. La lucha es dura. Nuestros enemigos son poderosos y nos acusan por el lado débil de todos los oposicionistas: el del dinero.
            Pero tenemos voluntad, y aun a costa de sacrificios continuaremos publicando el periódico que para los tiranos es su castigo.
            Les duele Regeneración, y eso nos place. Vengamos de algún modo los martirios que hacen sufrir a nuestros hermanos de México.
            Tenemos que pasar ocho mil ejemplares a la república y ese número es bastante grande y forma un bulto voluminoso. ¿Cómo podremos ponerlo del otro lado del [río] Bravo, sin que lo detuviere el gobierno mexicano? Desearíamos que ustedes que están cerca de la república, nos dieran algún consejo sobre el asunto.
            Tal vez se pudiera dividir el número de ejemplares, y despachar por Laredo solamente dos mil, por Eagle Pass, [Texas] otros dos mil, por El Paso, [Texas] otros dos mil, y el resto por Nogales, [Arizona]. De ese modo no se haría sospechoso pasar bultos pequeños al territorio mexicano.
            Yo creo que ustedes pueden darnos una idea práctica para ese asunto, y mucho se lo hemos de agradecer.
            El número 48 logramos pasarlo haciendo gastos enormes que nos han arruinado, y ahora no podemos hacer lo mismo.
            Con mil privaciones hemos podido hacer el tiro del número 49, que salió ayer, y estamos buscando el medio de burlar la vigilancia que el gobierno tiene en las oficinas de la frontera, para impedir que pase el periódico.
            ¿Cómo les ha ido a ustedes? No les ponen en la frontera obstáculos para la entrada del 1810?
            No hay que desmayar. La lucha se hace cada vez más dura, puesto que el gobierno se opone con todas sus fuerzas a que los periódicos independientes propaguen la verdad de la situación del país. Pero no debemos detenernos ante las dificultades, por el contrario, es bueno luchar por superarlas.
            El fracaso de la lucha electoral de Coahuila, 1 desanimó a muchos correligionarios. Todos se esperaban que el pueblo se haría respetar y que acudiría a los medios de lucha a que lo provocase el despotismo.Hay que procurar por todos los medios posibles reanimar a los ciudadanos. Si Coahuila salió vencida, hay que tomar lección de esta derrota para la lucha del futuro. Esa derrota los hace comprender que a la tiranía solamente se le puede vencer haciéndose el propósito de no ceder más, de sostener en todos terrenos los derechos que nos dan las leyes y de disputarle por la fuerza la libertad, si hasta ese caso nos obliga. Pero todo eso no lo podrá hacer el Partido Liberal si sus miembros continúan dispersos y débiles. Es preciso que se fortalezca por medio de la unión.
            En vista de eso, publicamos el manifiesto a la nación 2 que ya deben haber visto ustedes y con cuyas ideas consideramos fundadamente que estarán ustedes de acuerdo, ya que somos compañeros de lucha y trabajamos por los mismos ideales.
            No hay que perder la fe en el triunfo. Ya hay en el corazón de los mexicanos bastante odio acumulado contra los opresores, pero cree que la lucha sea estéril. Adelante pues. Nada de desmayos. Reciban saludos cariñosos de los compañeros y un abrazo de su amigo y correligionario que los quiere
Ricardo Flores Magón
P.S. Ya escrita la anterior carta recibimos su grata del seis del corriente. No hay que entristecerse, mis queridos amigos. Detrás de los fracasos puede venir la victoria. Nunca se ha triunfado sin sufrir golpes. Hay que continuar la lucha como se pueda, pero hay que continuarla con la seguridad de que al fin tendrá que triunfar la causa del pueblo.
            Muy desanimados los vemos a ustedes acerca de los medios que proponemos a todos los mexicanos para procurar la unión. Va a ser difícil la labor, no cabe duda.
            Indudablemente, que lo que proponemos no es labor de una semana, ni de dos, ni de cuatro, pero si es dilatada, no por eso dejará de ser sólida. Hay que tener paciencia. Naturalmente tener paciencia cuesta trabajo cuando por tanto tiempo se la ha tenido. Pero es bueno que hagamos un esfuerzo más, para poder organizar un movimiento libertario que no sea destruido por la tiranía.
            Pensamos como ustedes, el único remedio a los males del pueblo, está en la revolución, pero una revolución no se improvisa. Es obra de paciencia y continuada propaganda. Los franceses, para destruir la Bastilla, necesitaron cien años de propaganda revolucionaria. Para que la independencia de nuestra patria triunfara se necesitaron más de doscientos años de intentos revolucionarios, hasta que triunfó el que inició don Miguel Hidalgo. Indudablemente que para que el pueblo mexicano se liberte del de la tiranía que lo oprime, no va a esperar tanto tiempo. Hay muchos odios acumulados, como les digo a ustedes. Pero ahora es preciso disipar esos odios, encausarlos, dirigirlos, para que no se desborden sin método y sin dirección. Precisa, por lo mismo, la reorganización.
            Hay que convencerse de que un cuartelazo no dará al pueblo las libertades que reclama. El cuartelazo produciría el encumbramiento de otro déspota, y el pueblo continuará encadenado. El Partido Liberal debe tener miras más amplias. No debemos buscar la caída del tirano actual para colocar en su lugar a otro tirano, sino que debemos procurar el derrumbamiento del sistema opresor cayendo naturalmente el tirano pero implantar un sistema que garantice mejor la felicidad de los mexicanos. El pueblo tiene el derecho de asegurar sus libertades políticas y sociales, y eso no se lo procurará ningún hombre, sino las instituciones y las instituciones no pueden ser jamás obras de un general que dé un cuartelazo, sino conquista legítima del pueblo. Nuestra historia está llena de cuartelazos y ninguno de ellos ha dejado una huella benéfica. Eso se explica porque no han sido revoluciones formales. En cambio la Revolución de Ayutla que fue una verdadera revolución, nos dejó la revolución y abrió nuevos campos a la felicidad del país con la promulgación de las Leyes de Reforma. Una revolución como ésa es la que necesita México, pero todavía más amplia en sus miras, con horizontes todavía más extensos. No solamente hay que despojar a los curas bribones de sus bienes, sino a los señores feudales que tienen acaparada la tierra, para repartirla entre el mayor número posible de mexicanos, no solamente hay que consignar en leyes escritas, si no en la práctica pues pueden ser fácilmente burladas como acontece actualmente. Es necesario, pues, cerrar la puerta al abuso, y crear un medio de libertad y de justicia. Hay que borrar hasta donde es posible esa desigualdad odiosa que existe en nuestra patria entre grandes y pequeños, entre amos y esclavos. Hay que buscar los medios efectivos de hacer la felicidad del pueblo, de la mayoría, y no la de una casta privilegiada que impera por el solo derecho de la fuerza.
            La revolución del porvenir tiene que ser no solamente política sino social, porque de lo contrario recaeremos en otra tiranía tal vez más espantosa que la que ahora nos agobia.
            No hay que hacerse la ilusión de que la revolución del porvenir no va a ensangrentar demasiado al país. Desgraciadamente eso sucederá. Correrá la sangre a torrentes, el terror se erigirá como fórmula de combate. Muchas resistencias se opondrán a que el pueblo reconquiste su libertad, y esas resistencias solamente podrán ceder por el hierro y por el fuego.
            Todos aquellos que en el medio opresor han medrado y encuentran en él manera de vivir y de prosperar, serán los que se opongan tenazmente a la acción popular. Todas las fortunas adquiridas por los tiranos se defenderán desesperadamente; todos los derechos adquiridos durante el despotismo se resistirán a ceder al pueblo los privilegios adquiridos en la época funesta.
            Un cuartelazo quizás no produciría mucho derramamiento de sangre pero con seguridad que no produciría la libertad del pueblo.
            Hay que hacer la revolución, pero hay que hacerla bien. Hay que organizarla, hay que ramificarla en todo el país, y eso requiere trabajos preparatorios indispensables. No tenemos que esperar cien años como los franceses, pero sí es preciso gastar algún tiempo para hacerla. No hay que desesperar. Es preciso que refrenemos nuestras naturales y bastantes justas impaciencias para poder hacer algo que sea duradero, algo que beneficie positivamente al pueblo y no solamente a una minoría privilegiada.
            En el manifiesto damos los medios para reorganizarnos sin peligro y de un modo que consideremos eficaz. Los clubes liberales, atraen desde luego las miradas de la tiranía y serán disueltos. Hay que tomar experiencia de todo lo que nos ha ocurrido para así buscar nuevas vías y emprender la lucha por ellas. Los progresos de la humanidad están sembrados de fracasos, por esa razón no debemos de desanimarnos. Parece que es preciso que la victoria florezca sobre un terreno abonado con derrotas. Pero siempre se triunfa, siendo constantes.
            Vamos a ver cómo logramos que no se intercepte la entrada del periódico. Por lo pronto no encontramos otra vía que la internacional, pero no nos detiene esa circunstancia. Indudablemente que tenemos el derecho de hacer que este gobierno obligue al de México a cumplir con las estipulaciones de la Unión Postal, 3 pero muchos de nuestros conciudadanos podrían tomar eso, como que queremos […] o algún medio para lograr nuestro objeto, aunque a decir verdad dudamos mucho de que nos dé resultado.
            Termino esta larga carta. Como dejo dicho, no hay más solución que la revolución y eso es lo que tratamos de organizar para no fracasar en ella.
            Ruégoles, queridos amigos, que no hagan partícipe de estos proyectos a Benito González. Hay que desconfiar del que ahora es anticorralista porque no pudo obtener nada de él. Hablen con él de asuntos generales, pero nunca se extiendan en detalles, pues no nos parece conveniente porque, como ustedes mismos lo saben no es un liberal sincero. Sabemos de Benito González que puede aceptar a cualquier de los tiranos que oprimen a la patria, y que su odio es únicamente contra Bernardo Reyes. Suplícoles pues que tengan sus precauciones acerca de ese señor.
            Esperamos sus apreciables letras. Reciban otra vez los saludos de los compañeros y un abrazo de su amigo y correligionario

Ricardo Flores Magón

1 Refiérese a la contienda electoral por la gubernatura de Coahuila de 1905. Los candidatos fueron, el entonces gobernador Miguel Cárdenas en busca su tercera reelección, quien gozaba del apoyo de Bernardo Reyes y el gobierno central, y Frumencio Fuentes, candidato elegido por los clubes políticos liberales independientes de San Pedro de las Colinas (presidido por Francisco I. Madero), Parras, Saltillo, Viesca, Gigedo, San Juan de Líbano y Ciudad Porfirio Díaz, Torreón, Múzquiz, Nava, San Buenaventura y Nadadores, Coah.  Los clubes señalados interpusieron demandas y denunciaron tanto el retardo y la desorganización de las elecciones, como la elaboración de la división y el padrón electoral.Bajo un ambiente represivo las elecciones se realizaron el 17 de septiembre sin contar con candidato independiente pues días antes a la realización de las mismas Frumencio Fuentes renunció.

2  Refiérese a “Manifiesto a la Nación”;  fechado el 28 de septiembre de 1905 en St. Louis, Mo. Publicado en Regeneración, 2da. época,  núm. 48, del 30 de septiembre de 1905.