Toronto, Ontario, junio 16 de 1906

Señor don Crescencio Villarreal Márquez 
Del Río, Texas

Querido amigo y hermano:
No tiene fecha su última grata. Es muy difícil contar con un correligionario de entera confianza en cada lugar importante de la república. Conformémonos siquiera con veinte decididos esparcidos en la república. Con eso hay si pueden levantar un buen número de hombres cada uno.
            Los amigos de Laredo[, Texas]… usted por ese lado y otros amigos por El Paso, [Texas,] por Douglas[, Arizona] y otros puntos fronterizos, es lo que hay que asegurar.
            La idea de formar centros me parece muy buena y ya la ponemos en práctica. Solamente que no a todos los correligionarios inscritos como miembros del partido podemos hablar con toda confianza, pues bien puede suceder que el gobierno haya procurado que algunos esbirros se finjan liberales y aun firmen cupones para estar al corriente de nuestros procedimientos. Hay que obrar con cautela, amigo mío, para que no nos sorprendan.
            Tenemos muchos, más de cien, sí, con toda seguridad tenemos más de cien que están dispuestos a obrar, pero son personas que no tienen ningún prestigio donde residen, no tienen más que un gran corazón dispuesto a cualquier sacrificio. Por eso no contamos con ellos para que inicien. Ellos se unirán a los que inicien cuando sea necesario. La gran desventaja que tenemos es nuestra pobreza. Si a todos esos que están dispuestos a secundar, se les proporcionasen armas, los seguiría el pueblo aun cuando no tuvieran prestigio sobre las masas porque ya al menos se vería que contaban con algo.
            Nuestra idea es ésta. Que usted o cualquiera de los amigos de Laredo recorran los Estados de Texas, California, etcétera, donde hay mexicanos. Se apersonará con los mexicanos correligionarios que le recomendemos para hablar del asunto, a fin de que estén listos para que, cuando se les indique, estén con su gente en determinado lugar de la frontera, unos por Bronwsville, otros por Laredo, otros por Del Río, otros por Eagle Pass, otros por El Paso, otros por Waco, Texas. Ya con esos son seis partes por donde podemos pasar. Bien se pueden concentrar con sigilo y pretextando una negociación agrícola o de cualquiera otra clase, una buena cantidad de hombres decididos en cada uno de los seis puntos, bien armados, y dispuestos a todo, para que en un momento por los seis puntos se internen esas masas de hombres por esos puntos o por otros cercanos. Bueno, esto ya es para entrar, pero antes hay que catequizar a la gente y creo que debe hacerse de la siguiente manera.
            Tenemos ofrecimientos de diferentes correligionarios de Texas, de California, de Arizona, etcétera, de incorporarse a las fuerzas liberales en el lugar que se les diga. Hay que aprovechar la buena voluntad de esos correligionarios para entrevistarlos y saber con cuantos hombres pueden contar para incorporarse en el día que se fije en un determinado lugar. Hay que entrar siquiera con cien hombres bien armados por cada punto […] en las haciendas, en los pueblos y seguirán aumentando las filas de combatientes. Todo es comenzar, pero comenzar del modo indicado para que el gobierno se sorprenda al ver que por diferentes lugares de la frontera hay revolucionarios y se encuentren en la necesidad de dividir sus fuerzas, que no serán bastantes para sofocar el movimiento porque al mismo tiempo se levantarán en Oaxaca, en Veracruz, en Tamaulipas, en Hidalgo, en San Luis Potosí, en Zacatecas. No quiero decir que los estados en masa se levantarán pero sí en un lugar de cada estado de esos aparte de las que trabajen en Sonora y en Chihuahua, aunque sea también en un sólo punto de esos estados.
            La dictadura cuenta con un ejército de cuarenta mil hombres a los que añadiendo las fuerzas de cada estado serán dieciséis mil hombres, no se echarán en conjunto sobre un solo lugar sino que tendrán que operar en un territorio demasiado extenso, y por lo mismo se debilitará la fuerza de la tiranía, y si se tiene en cuenta que los soldados sólo esperan un momento de confusión para desertar, no es aventurado calcular que las fuerzas de la dictadura quedarán reducidas a cuarenta mil hombres esparcidos en la vasta extensión del territorio.
            Así pues, hay que obrar. Pero hay que obrar teniendo probabilidades de éxito para evitar que la tiranía triunfe y se haga después más odiosa asentada sobre nueva sangre.
            Dígame si le parece bueno el sistema de organización que pensamos para las fuerzas que entren de los Estados Unidos. Yo lamento no poder estar en los Estados Unidos visiblemente, porque ya tenía pensado hacer la gira por estos estados para formalizar el asunto y obtener de los correligionarios que hay en diversos pueblos el compromiso de que se unirán con la mayor gente posible armada en los diversos lugares que escojamos para invadir el territorio mexicano. Pero ya que no lo puedo hacer sería bueno que ustedes lo hicieran.
            Se puede eso hacer pronto, para que cuando llegue la época de levantar las cosechas y que es cuando los agricultores mexicanos tienen dinero, puedan comprar sus armas. Las cosechas se levantan en octubre. Hay pues que trabajar fuerte para que este mes ya estemos listos todos. Nosotros estamos como siempre decididos a hacer el asunto, pero bien hecho, bien organizado, para evitar un fracaso que llenaría de desprestigio al partido e insolentaría a la odiosa tiranía.
            Con actividad y con buena voluntad, yo creo que podemos meter a México muchos miles de mexicanos dispuestos a conquistar la libertad. Pensemos bien en el asunto de la organización en los Estados Unidos porque no dudo que será la mejor fuerza con que cuente el Partido Liberal. No por eso descuidemos la organización de México. Mientras más podamos ser, será mejor.
            Espero su pronta respuesta, y le suplico que me conteste desde luego, pues no hay que perder tiempo.
            Se puede convenir con los correligionarios que residen en los Estados Unidos, que se fingirá la inauguración de los trabajos de una negociación en cada uno de los lugares por donde debemos pasar a México. Al efecto y cuando ya sea necesario reconcentrar nuestras fuerzas en cada punto, se podrán imprimir volantes que inviten a los trabajadores mexicanos para trabajar en tal o cual negociación imaginaria en cada lugar. Así no se hará sospechosa la presencia inusitada de un gran número de mexicanos en esos lugares.
            Quedo enterado de los ardides del infeliz Bernardo Reyes. Ojalá que podamos destruirle sus planes. Nos decidimos a hablar claro en el asunto de Vésper. 1 Los correligionarios podrían creer que nada teníamos que replicar a las afirmaciones de doña Juana [B. Gutiérrez de Mendoza] y que por eso nos callábamos. No queríamos hablar por que se trata de un asunto asqueroso. Por fin, indignados y con justicia, hemos hablado como se necesitaba en defensa de nuestro honor torpemente ultrajado por el despecho de una mala mujer.
            Volviendo a nuestro asunto, ya le digo que ponemos en práctica su idea de hacer concentraciones. Ahora casi me he dedicado a hablarle de lo que podemos hacer en los Estados Unidos, pero falta el dinero para hacer los viajes a los diferentes puntos. Para obtener el dinero se podría hacer de este modo.
            Le daríamos a usted o al amigo de confianza que se ocupe del asunto, una credencial por la que consta que en nombre de la Junta se dedica a fundar nuevos clubes liberales para fortalecer la unión, y que, además, está comisionado por la Junta, mejor dicho, facultado, para recoger las colectas de los clubes para ayudarse en los gastos de propaganda por el sur de los Estados Unidos. Creo que así se podría conseguir algo, y si no bastaba entonces veríamos como hacíamos para que no se entorpeciera la marcha del agente propagandista. De ese modo hacen su propaganda los socialistas. Hacen giras enormes sin tener dinero. Llegan a un lugar y dan conferencias y colectan fondos que les sirven para marchar a otro lugar, y así sucesivamente. De ese modo trabajan los partidos pobres. Los anarquistas hacen lo mismo, viajan con el producto de lo que recaudan en cada centro de compañeros. Debemos imitar eso que no puede ser mal visto por nadie pues el fin es hermoso. Hasta es bastante útil hacer eso, porque se podrían ir fundando clubes en los diferentes lugares por donde anduviera el agente de la Junta.
            Usted no puede hacer eso, ahora que me fijo bien, porque tiene que atender a su periódico. Hay que fijarse en otra persona. ¿Podría hacerlo Pancho [Villarreal Márquez] Si puede hacerlo le enviaré las credenciales que le extienda la Junta para que los que no lo conozcan no le tengan desconfianza. Esto creo que debemos resolverlo pronto. Contésteme pronto, querido hermano para saber si desde luego organizamos el ejército en los Estados Unidos y se fundan más clubes, etcétera. 
            Al hablar con los correligionarios, habrá que decirles por supuesto que catequicen con sigilo a los que han de ir a pelear y que les indiquen que sin hacer ostentación compren sus armas y estén listos para el momento que se señale.
            Espero con impaciencia sus letras. Reciba cariñosos saludos de Juan [Sarabia] y de Enrique [Flores Magón] y un abrazo de su amigo y hermano que lo quiere

Ricardo Flores Magón

P.S. Siempre no se arregló lo del agente de Laredo. Tienen razón los amigos, eso sería peligroso para dicho agente.

1 Refiérese al artículo, "Vésper vuelve a la carga". Regeneración, núm. 8, del 15 de mayo de 1906.