Toronto, Canadá, [30 de junio] de 1906

Señor don Crescencio Villarreal Márquez
Del Río, Texas

Mi querido compañero y hermano:
Ya tarde recibí su última grata en la que manifiesta su deseo de conocer nuestro paradero. Estamos en esta ciudad del Canadá, pero solamente a los amigos de confianza estamos dando nuestra dirección, pues sabemos que, aunque no podemos ser llevados a los Estados Unidos por el asunto Esperón, 1 por no permitirlo las leyes de este Dominio Inglés, en casos especiales, por cortesía, se permite la extradición de un periodista. Un abogado de Saint Louis opina que los Estados Unidos, por su influencia, pueden obtener la extradición. Por mera prudencia, y mientras se tramita la causa Esperón, estamos ocultos, pero seguimos trabajando como siempre. El periódico sale con regularidad, y en cuanto a los trabajos de organización no se han entorpecido, porque continuamos la propaganda.
            Tengo una buena noticia que comunicarle: Sonora y Chihuahua están listos para que arreglemos aquel negocio de que tanto hemos hablado. Aparte de esos dos estados, hemos obteniendo buenos ofrecimientos de otros once lugares donde están listos nuestros agentes para derramar la mercancía por vastas regiones.
            Nuestro amigo [Marcial Garza] Rivas cree que hay que hacer el negocio inmdiatamente; ¿no lo encuentra usted algo aventurado? Yo creo que sí. Nada nos importa perder otros seis meses, si podemos no sólo duplicar, sino triplicar el número de plazas donde vender los efectos. Seis meses más nada significan, y en cambio el éxito debe ser casi seguro.
            No desmayemos buscando más plazas para la venta de esos efectos y esperamos que en unos dos meses ya habremos ganado una cuando menos en cada estado de la República, con lo que podemos dominar el mercado. ¿no le parece a usted? Espero sus letras; cuando escriba ponga esta dirección: P. O. Box 132, Toronto, Canadá…
            Pasando a otra cosa, le diré a usted que nos ha indignado mucho la conducta antipatriótica de doña Juana B. Gutierréz de Mendoza. Esa señora ha hecho causa común con Camilo Arriaga para comprometer los trabajos del Partido Liberal. Nos calumnia villanamente, de acuerdo, indudablemente con Ramón Corral. 2
            Nos va a hacer perder la paciencia y tendremos que exhibir sus asquerosidades. Nos hemos detenido sólo por el buen nombre de nuestro periódico. Pero tendrá que colmarse nuestra indignación.
            Con usted no tenemos secretos y paso a referirle por qué nos alejamos de esas señoras.
            Cuando estábamos en San Antonio supimos –eso es asquerosísimo­– que doña Juana y Elisa Acuña y Rosete se entregaban a un safismo pútrido que nos repugnó. Pudimos comprobarlo de muchas maneras, y descubrimos que en la capital de la república no se hablaba de otra cosa entre los que conocía a las señoras liberales que de sus asquerosos placeres.
            Mucho nos repugnó eso, y consideramos , y consideramos que era vergonzoso que se nos siguiera viendo con las mencionadas señoras. Como siempre sucede, nosotros, los que más intimidad teníamos con las señoras liberales, fuimos los últimos en conocer sus porquerías, pues ahora estamos enterados de que ya en Belem, cuando estuvieron presas, la población femenina del departamento en que estuvieron estaba indignada con la conducta de las periodistas. Detalles verdaderamente asquerosos se relatan de todo eso y muchos correligionarios han retirado su protección a esas propagandistas del safismo pues, como le digo a usted, en México se sabía ya lo que hacían esas señoras.
            Nosotros pensamos que era indecoroso que se nos viera unidos a esas mujeres y procuramos alejarnos de ellas, pero sin darles a entender que nos daban asco.
            Doña Juana estaba acostumbrada a que yo la mantuviera, y cuando vio que no le daba más dinero se volvió enemiga mía y del grupo. Ahora ha visto que los correligionarios están con nosotros y nos ayudan en nuestros trabajos y eso la ha llenado de despecho, y por eso ataca. Si a ella la ayudaran los correligionarios no haría tal cosa. ¿Pero cómo la han de ayudar si ya muchos están enterados de sus porquerías?
            Termino esta carta; reciba saludos cariñosos de Juan [Sarabia] y Enrique [Flores Magón] y un abrazo fraternal de su compañero y hermano de ideales.

Ricardo Flores Magón

2 Refiérese al artículo, "Juana B. Gutiérrez de Mendoza". Regeneración, núm. 10, del 15 de junio de 1906.