Toronto, Ontario, agosto 11 de 1906

Señor don Crescencio Villarreal Márquez 
Del Río, Texas

Muy querido hermano y compañero:
Tengo a la vista su grata del 6 del corriente. Muy contentos quedamos con su contenido, pero no me habla usted de otra que le escribí diciéndole que se entendiera con el correligionario Ventura Cardona, de Nava, Coahuila, pues usted está más cerca de él que nosotros y usted es a la vez el representante de la Junta en ese lugar.
            Nos satisface lo que dice usted del señor [Trinidad] García. Con la autorización que tiene de la Junta, puede ir a cualquier parte de la república, pero lo que seguimos considerando que no es conveniente es darle a conocer a las personas ya comprometidas de los diversos estados. Tenemos contraída una grave responsabilidad moral a ese respecto.
            Ojalá que el señor García, por sí solo, logre comprometer a muchos, cosa que no es difícil desde el momento que el pueblo esté fastidiado.
            Urge tener armas. Procure usted que se colecten fondos para ese objeto, pues es indispensable tener armas. Vea usted a los rusos. No han querido declarar la guerra civil porque no tienen todavía las armas necesarias, y nos llevan muchas ventajas los revolucionarios rusos. Tienen mucho tiempo de estar organizando la revolución. El elemento obrero está perfectamente organizado, etcétera. El ejército ruso, está por la revolución, al menos en una buena parte. Debemos atraer el ejército a toda prisa. Pida usted a los amigos que ya están comprometidos con usted que le envíen listas de oficiales y de soldados con sus respectivas direcciones, para hacer con ellos una buena propaganda. El ejército mexicano será nuestro si hacemos la propaganda en los cuarteles.
            No hay pues que desperdiciar eso que parece detalle y que es uno de los más importantes asuntos.
            Bernardo Reyes no se rebelará. No hay que tener cuidado. Pero dado el caso de que se rebele antes de hacerlo nosotros, tendremos la ventaja de la excitación que provocará esa rebelión y tal vez hasta sus elementos se nos pasen a la mera hora.
            No están acéfalos los puntos rebelados porque obedecerán a un plan general de ataque. Ese plan general de ataque lo haremos cuando ya tengamos todos los planteles particulares, pues en vista de ellos es como se puede hacer. De lo contrario quedaríamos en el vacío. Necesitamos pues que los grupos de cada punto nos hagan conocer su plan de ataque y del conjunto de esos planes la Junta hará el plan general. Todavía no decidimos cuál deberá ser el punto que la Junta ocupe, es bueno estudiar eso con bastante calma.
            Nos parece sumamente cercano el día 16 de septiembre para el levantamiento, hay que pensar en que todavía falta la propaganda en el ejército que necesitará cuando menos de un mes continuada [sic] de un mes, y firme. Hay también que tener en cuenta. Dispense que mis cartas vayan escritas en el mayor desorden. Vuelvo al asunto del correligionario García. Como la Junta también está pobre no podemos ayudarlo con gran cosa. El día siguiente de esta carta recibirá usted $5.00 para la familia de dicho correligionario. Semanariamente enviaremos esa cantidad mientras dure el viaje del referido correligionario a fin de que su familia no carezca de lo más indispensable. Es pequeña esa ayuda pero siquiera estará tranquilo el señor García de que su familia tenga siquiera para no morir de hambre.
            No le mando dinero con esta carta porque estamos nosotros con lo muy limitado; como todos los gastos se hacen en Saint Louis, allí es donde está el dinero.
            Muy bueno sería tener para que viajara el señor García, esto es, para ayudarlo en los viajes, pero él puede levantar colectas para ese efecto así como parque y armas, etcétera.
            No deje usted de darme sus ideas sobre planes militares porque de todas esas ideas saldrá el plan general.
            Si se tocara la zona que está en Monterrey se habría dado un gran paso. Lo que no se hace es el dinero para tener armas, pues gente hay bastante que quiere pelear. Hay un plan para tomar Monterrey y es el siguiente (es proyecto que es bueno estudiar. No se necesita más que dinero para las armas): llega cualesquiera de los jefes liberales a Monterrey, de incógnito alquila un gran local, pretextando que va a poner una oficina de enganche. Saca su licencia del gobierno para la oficina de enganche, paga los derechos que le cobren y enseguida se echa a buscar gente, y cuando tenga unos quinientos hombres o más, sale con ellos una noche, cuelga a [Bernardo] Reyes, se nombra nuevo gobernador, mientras se hacen las elecciones y cuando quiera moverse el gobierno ya estará formado el nuevo gobierno del estado. En esa noche hay que caer no solamente sobre Reyes sino sobre el jefe de la zona y sobre el alcalde primero. Y antes, como en todo el país, se habrá hecho buena propaganda entre la tropa y oficiales para que se pasen del lado de los revolucionarios […] Ese golpe es audaz y creo que puede hacerse. ¿No le parece a usted? Así nos quitamos a Reyes de un jalón y al jefe de la zona y dominaremos Nuevo León y Coahuila. Eso debe hacerse la víspera de declararse el movimiento revolucionario entre [sic] toda la república para que esté desprevenido Reyes y también lo esté el jefe de la zona.
            Estudie el plan pero procure guardar absoluta reserva porque creo que puede dar buen resultado.
            Figúrese usted el prestigio que alcanzaría el movimiento cuando se supiera que ya se había ahorcado a Reyes y se tenía dominio en dos importantes estados aparte de los diversos grupos rebeldes en todo el país. Se podía también aprehender al coronel del cuerpo que hay en Monterrey y al mayor. La oficialidad al verse sin jefes se daría a la revolución. Si 500 hombres no bastan no creo que se dificulte tener 1000. Todo es cuestión de dinero.
            Estando listo para todo el señor Félix B. Martínez me parece conveniente enviarle una autorización para que organice la revolución por donde ande. Usted recibirá esa autorización un día después de esa carta y le ruego se la haga llegar. También le enviaré a usted 300 ejemplares del Programa para que se los envíe.
            Puede entenderse usted con el señor Martínez, va por separado un saludo para los compañeros de esa. Hace como dos meses que escribió un señor Valentín Torres de ese lugar en sentido revolucionario ¿lo conoce usted? Escribió diciendo que estaba decidido. No crea usted que no le confiamos asuntos de interés. Todos los conoce usted. Hoy nada menos hasta le expongo un plan, el de apoderarse de Monterrey. Deseche usted toda idea de que no le tengamos confianza, por el contrario, se la tenemos y por eso le hablamos con confianza.
            Ya numero las filiaciones que me envió usted. Naturalmente que al triunfo de la revolución se atenderá a las familias que hayan quedado sin jefe, por haber muerto en la guerra, eso es indispensable.
            Aquí me despido. No deje de escribir para estar al corriente del avance de la organización revolucionaria. Reciba un fuerte abrazo de su hermano y saludos de Juan [Sarabia] y Enrique [Flores Magón]

Ricardo Flores Magón