[s.l.,] enero 17 de 1907

[Manuel Sarabia]
[s.l.]

Querido Chamaco:
Ayer recibí su cartita de fecha 10. Yo creo que todas sus cartas me han llegado y todas he contestado. Ya recibí los dos paquetes de listas. No he recibido la carta de Fakir [Librado Rivera]. No creo, por lo pronto, que sea conveniente escribir al señor del restaurante donde comía Luis [Enrique Flores Magón], porque éste me dijo, cuando me notició salida, que si había enviado cartas o dinero que lo diera todo por perdido. No explicó más. Esperemos otro poco.  
            Los días 8, 9 y 10 de este mes fueron de goce para nuestro Charalito [Juan Sarabia]. En esos días efectuó la audiencia de alegatos. Charalito se defendió solo. 1 Hizo al mismo juez que se leyera el Programa del partido para demostrar que no se trataba de actos de bandidaje, sino de un plan político para derribar el despotismo. El solo se defendía y muy bien. Fue estrepitosamente aplaudido. Atacó enérgicamente a los verdugos. El pueblo en la calle, todas las veces que era llevado de la cárcel al tribunal y de éste a la cárcel, le lanzó entusiastas conmovedoras vivas. Ha sido un triunfo para la causa pues se ha demostrado que el pueblo está con nosotros y que odian a sus tiranos. Los demás correligionarios tuvieron defensores que según dice se portaron muy bien. Admiró a todos la sangre fría de nuestro Charalito y el pueblo, en las calles se entusiasmaban cuando lo veían, sonriente como quien asiste a una fiesta, saludándolo con su sombrero. (En las puertas de la casa de [En rique C.] Creel aparecieron fijados unos papeles que decían “La libertad de Juan Sarabia o dinamita. El Pueblo.”)
            Felicitémonos, querido Chamaco. El pueblo está de nuestra parte. La simpatía pública que ha acompañado a nuestro Charalito es la mejor señal de que se comprende nuestra obra y que es buena, honrada, justa.  
            La huelga no ha terminado. 2 Los obreros de las fábricas de Puebla entraron a trabajar, pero en las fábricas de Tlaxcala no ha sucedido lo mismo. A la fábrica de Río Blanco sólo han ido unos mil obreros, eran más de 3,000 y en las de Santa Rosa y Nogales trabajan unos cuantos. Las tropas están recorriendo las montañas cercanas para atrapar a los fugitivos. Muchos están presos: unos doscientos, y otros tantos fueron asesinados por las tropas inconscientes y salvajes. No pocas mujeres están presas por vengar a los obreros. Una mujer heroica, Margarita Martínez, se distinguió entre otras. Armada de una bandera que tremolaba como una insignia redentora, alentaba con frases elocuentes a los obreros para que atacasen a las tropas.  
            Ahora hay varios batallones guardando el “orden”, el orden maldito, encubridor del crimen.  
            Se ha abierto, se ha ahondado más el abismo que separa al pueblo de sus verdugos. Cada día se ahonda más el abismo en que perecerá el tirano.
            Este año tiene que ser fecundo en acontecimientos y me forjo la risueña ilusión de que 1907 será el fin de la etapa de vergüenza y martirio del pueblo mexicano.  
            Del 10 a la fecha no han adelantado mis trabajos. La razón es obvia: falta de dinero. Ya deberían estar muy adelantados los trabajos revolucionarios pero la desgracia quiso que no se encontrase en Sierra Mojada[, Sonora] al correligionario que iba a encargarse de dar a conocer las instrucciones a todos los miembros del partido. Tuve que decir, para no perder más tiempo, que se enviasen a Arcuijo [Antonio de P. Araujo] todos los papeles que había dispuesto se entregasen al correligionario no encontrado. Ya escribo dos o tres amplísimas cartas a Araujo y sólo resta una con Foca [Aarón López Manzano], recorriendo toda la república.  
            Mi plan era de aprehender a Creel no a [Miguel] Cárdenas. Así pues que no se detenga Casimiro [H. Regalado], ni espere nada. Quedo enterado de lo que respecta al Manifiesto. Con tiempo le daré los datos. El dinero para eso y para nuestro “hombre” tendrán que enviarlo Araujo y Foca, así como todos los delegados especiales que recorran el país.  
            Yo tengo la nueva dirección de Arcuijo. Recibí los periódicos. Gracias. Es un abyecto hediondo el tal [Miguel E.]  Diebold. Foca le dijo “estúpido” en su cara. He ahí todo el enojo, aparte de haber fracasado en su vil y miserable intriga.  
            Yo sacrifiqué los $200. No queda más esperanza que lo que recojan Foca y Arcuijo. Si son activos, pronto tendremos más de 30 delegados recorriendo el país. Todos tienen instrucciones de remitir fondos y de hacer conocer a los miembros del partido las instrucciones que usted ya conoce por habérselas enviado a Araujo por su conducto.  
            Foca quedó en completa libertad.
            Fue plancha haberme buscado en Seguin[, Texas]. No conocía la página del Post que me envió.  
            Espero una contestacion satisfactoria de [Florencio] Bazora para enprender la marcha. No quiero gastar inútilmente $30 que ocasionará el viaje.  
            El hombre que va a x a 2 existe todavía. Está que le resuelva sobre las o. Es cuestión de paciencia. Quiero asegurarme plenamente de que no fallarán los o al ser usados.  
            Los pleitos que se traen Arcuijo y Aurelio [N. Flores], no me gustan nada, sobre todo en estos momentos. Recomiende usted a Tomás [Sarabia Labrada], mucha cordura. No es éste el momento en que debamos hacer cuestión de partido nuestros asuntos personales. Yo creo a Aurelio sincero y patriota; pero es muy muchacho y de ahí proviene que no vaya de acuerdo en detalles con otros correligionarios.  
            Araujo se precipitó mucho al mandar su remitido, abrió un precipicio. Cosas que no debieron hacerse públicas en tan delicadas circunstancias fueron exhibidas. Ojalá que hasta ahí paren esos desagradables espectáculos y, dando preferencia a los intereses de la causa común, guardemos todo lo que pueda debilitarnos ante la opinión pública. Es preciso que nos vea a los liberales unidos, fuertes, solidarios.  
            Ya me despido. Reciba un fuerte abrazo de su hermano

R. M. Caule [Ricardo Flores Magón]
            El día 10 de enero, amanecieron en las puertas de la casa de Creel los papeles fatídicos. ¡Cómo han de estar temblando los verdugos!

1 El 19 de octubre de 1906, en Ciudad Juárez, Chihuahua, Juan Sarabia, César Canales y Vicente de la Torre fueron arrestados por el general José María de la Vega, en una celada en la que participaron el capitán Adolfo Jiménez Castro y el subteniente Zeferino Reyes, quienes ofrecieron a los miembros del PLM sus oficios para incorporar a la guardia militar de esa ciudad al ataque preparado por aquellos sobre dicha población. Sarabia, Canales y de la Torre fueron conducidos a la cárcel de la ciudad de Chihuahua, a la cual fueron llevados también cerca de un centenar de simpatizantes y militantes del PLM de diversas regiones del estado, arrestados en los días siguientes. El juez de distrito, Benigno Frías Camacho comenzó a desahogar el proceso el 27 de octubre; dicho funcionario fue sustituido por Esteban Maqueo Castellanos, enviado desde la capital del país a petición del gobernador Enrique C. Creel. El 7 de enero de 1907 terminaron las vistas de las causas y los tres días siguientes se dedicaron a los alegatos de la defensa. Juan Sarabia, se hizo cargo de su propia defensa. El día 11 se dictó sentencia. Sarabia fue sentenciado a 7 años un mes de prisión, por los delitos de conato de homicidio, robo y destrucción. Se le impuso una multa de 1,300 pesos por conspirar para una rebelión. Canales recibió, condena similar y multa de 500 pesoso y Vicente de la Torre, 5 años y 6 meses de condena y multa de 500 pesos. La defensa de Sarabia fue publicada a mediados de 1907 en forma de folletín en Laredo, Texas, por Lauro Aguirre.

2 Refiérese a las huelgas textiles de 1907. En junio de 1906, los obreros del cantón de Orizaba constituyeron el Gran Círculo de Obreros Libres. Contando con el apoyo de obreros textiles de Puebla, Tlaxcala y el Distrito Federal, el 3 diciembre se declararon en huelga, demandando aumento salarial y reducción de la jornada laboral, principalmente. Ante el cierre de fábricas Porfirio Díaz fungió como mediador en el conflicto y el 5 de enero de 1907 otorgó su fallo favorable a los patrones agrupados en el Centro Idustrial Mexicano. Los trabajadores de Santa Rosa, Nogales, Río Blanco, Cerritos y Cocolapan, los que en la fecha acordada para la reanudación de labores el 7 de enero, se negaron a ingresar a las fábricas. En Río Blanco, se sucitó un  motín, la represión del mismo corrió por cuenta del 13o. batallón de rurales. La huelga en Río Blanco terminó el 11 de enero, pero algunas fábricas en la región de Tlaxacala y Puebla reanudaron labores semanas después. Entre los dirgentes del Gran Circulo de Obreros Libres, promotora de las huelgas, se encontraban José Neyra, Juan Olivares, Porfirio Meneses y Anastacio Guerrero, todos ellos miembros del PLM.