Los Ángeles, California, [2?] enero de 1907

[Señor Antonio I. Villarreal]
[El Paso, Texas]

Querido amigo:
Me acaba de llegar su muy apreciable de… del corriente. En efecto, como dije en mi anterior, volví a escapar y, ríase usted, tanta escapatoria me está valiendo fama de astuto. Qué otra cosa quiero yo que ser astuto.
            Mi astucia, cuando nos iban a aprehender a usted y a mí, se redujo a que usted me salvó. 1 Si usted no me dice que fuera a esperar a la cantina de la esquina lo que procedía, me hubieran agarrado como a un indefenso borrego. Así pues, sólo usted fue el astuto y no yo; pero ya sabía usted lo que es la imaginación popular. En esta otra escapatoria hubiera caído cruzado de brazos en poder de los perseguidores, si amigos leales y buenos no me hubieran dicho que la lumbre me llegaba a los aparejos. Estaba yo tranquilo y confiado.
            He ahí cómo se hace uno de fama sin hacer un esfuerzo para conquistarla. Ahora todos dicen que soy astuto. La verdad es que si no hay otra mano amiga que me indique el peligro, caeré irremisiblemente. No veo, ya sabe usted que mis ojos no me sirven de nada. Soy perezoso para andar y… muy confiado.
            Defectos son esos que unidos a otros muchos, me hacen incapaz de salvarme por mí mismo. Si no encuentro otra mano que me aparte del peligro cuando vuelva a haberlo, caeré, estoy seguro de ello.
            He resuelto esconderme de verdad, aunque no es fácil cumplirlo. Usted comprende que me haría sospechoso en cualquiera casa de la que nunca saliere, necesito despistar a los que me persiguen y a los que están en contacto conmigo cuando no vivo en el seno de la familia de un amigo.
            Yo también creo que son fieles Aurelio [N. Flores] y los demás amigos de San Antonio[, Texas]. Lo que pasa es que [Antonio de P.] Araujo y ellos han de haber chocado por cualquier tontería, por cualquier cosa. Aurelio no puede denunciar porque no sabe mi residencia.
            Hay que alentar a esos luchadores. Se están portando admirablemente porque están demostrando que no hay que tener miedo al Viejo.
            Sígame enviando sus cartas por conducto del fino y estimable correligionario a quien se las había entregado antes para que las hiciera llegar a su destino.
            Don Lauro [Aguirre] no conoce mi actual paradero, ni quiero que lo conozca.
            Es muy amigo de Cano y a ese hombre le enseña cuanto escribe. No le diga usted nada de si conoce o no mi paradero. Dígale mejor que no lo conoce, como en realidad sucede, pues no sabe usted dónde estoy, no se lo digo por temor a que intercepten esta carta.
            Yo creo que al fin se arreglará bien el negocio de usted, lo malo está que no lo suelten bajo fianza. Pero no desespere, ya saldrá y no tarde porque si se salva de la deportación lo demás se arregla fácilmente.
            Ya escribo otra carta a su primo para ver si suelta más. Me da hasta vergüenza pedirle. Pero no hay más remedio: ya que tiene voluntad, que dé lo que quiera.
            Dígame qué tanto más necesita de dinero para pedir a diestra y siniestra.
            Tal vez hable pronto usted con el Chamaco [Manuel Sarabia], no su hermano sino el otro, el chaparrito romántico. Ojalá que vaya. Grande gusto recibirá usted al verme de los de la familia.
            Lo abraza su hermano.

R. M. Caule [Ricardo Flores Magón]

No sé ni una palabra del “joven standard” [Enrique Flores Magón] desde hace más de dos meses, casi tres. Eso me tiene triste y de un humor endemoniado. Yo creo que ha sido víctima de un atentado. Y no poder moverse uno.
Vale

1 Refiérese a la operación policiaca que culminó con el arresto de Antonio I. Villarreal y Lauro Aguirre el 19 de octubre de 1906
véase nota 1 a misiva del 17 de enero de 1907

2 Véase nota 2 a misiva del 8 de enero de 1907