[s.l.,] abril l8 de 1907

[Señor Aarón López Manzano]
Muy querido amigo:

Tengo a la vista su grata de l l del corriente. Ojalá que pueda usted conseguir plata porque nos hundimos. Ya sabía yo de las aprehensiones efectuadas en C[iudad] P[orfirio] Díaz [, Coahuila]. 1 ¡Bandido!, ya se llegará el momento en que no puedan aprehender a nadie. Lo mejorcito de C. P. Díaz nos han arrebatado.  
            No le escriba usted a mi hermano Jesús. La cosa está muy delicada para él. Ya indago si recibió alguna carta de Charalito [Juan Sarabia] y le hago saber que no le escriba con la dirección que le dió porque es peligrosa. Al mismo tiempo le hago saber la nueva dirección.  
            Creo que [Casimiro H.] Regalado debería dirigir sus golpes a matar al tirano principal. Eso es importante. Se va a arriesgar con una cosa que vale menos que lo otro. ¿No le parece a usted? Ese asunto trátelo exclusivamente en clave con Regalado, recomendándole se aprenda de memoria la clave para que no la ande cargando. Puede usted hacerle una clave sencilla. Es bueno que al atravesar la frontera, tarde usted lo menos posible en cada pueblo. La vigilancia se ha extremado. Por lo demás no se necesita estar mucho en cada lugar y hay, por otra parte, que activar la organización, pues se está pasando el tiempo y muchos están siendo aprehendidos sin provecho alguno para la causa. Ya ve usted que casi no hay semana que no sepamos de nuevos encarcelamientos y son precisamente los que caen en las redes tendidas por los esbirros del tirano.  
            Ustedes solos no podrán hacer aprisa el trabajo y por eso tuve la idea de que nombrasen delegados especiales, escogiendo estos entre aquellos de los correligionarios que más inteligentes les parecieran y tuvieran valor para el caso. Hay que hacer eso. Sin los delegados especiales, no se adelantará gran cosa la organización revolucionaria. Hasta ahora no ha habido ni un delegado especial, o los que han sido nombrados por ustedes parece que no dan mucha chispa. Escojan, querido amigo, a los más inteligentes. Ya saben que los delegados tienen que convencer, que hablar mucho y aún hay muchos correligionarios de buena voluntad que aceptarán el cargo, no hay muchos, sin embargo, que pudieran cumplirlo por falta de aptitudes.  
            No sé si usted irá a Zacatecas. En Concepción del Oro estaba el correligionario Lázaro Parada Espinosa. Ahora está en Moctezuma, San Luis Potosí. Está deseoso de que se le dé una comisión y creo que pueda ser un buen delegado. Véalo el que de ustedes vea por esos rumbos y denle credencial para que trabaje.              
            Recomiende usted a Arcuijo [Antonio de P. Araujo] que nombre delegados especiales que reúnan las condiciones requeridas. Sólo así se activarán los trabajos.  
            Si sabe usted de míster [Aarón] Johnson, en caso de que siga siendo tan buen amigo como antes, dele alguna dirección, la del correligionario [José H.] Ruíz, de El Paso[, Texas], por ejemplo para que me escriba, pues tengo interés en comunicarme con él, para unos trabajos en inglés que hay que hacer.  
            Dígame quiénes fueron los arrestados en Monterrey[, Nuevo León]. Ya le digo que procure estar lo menos posible en cada pueblo. La gente está ya preparada y no se necesita más que poner de acuerdo a los revolucionarios. Para eso no hay que estar mucho tiempo en las poblaciones.  
            Mucho sentiría que usted o Arcuijo cayeran en las manos de los verdugos. Hay que cuidarse, querido amigo
R. M. Caule [Ricardo Flores Magón]
Mándele a L. P. Espinosa, de quien le hablo, credencial de delegado, copia de las últimas instrucciones y lista de miembros del estado o estados que crea conveniente con las anotaciones necesarias. Yo le escribo hoy mismo.  
            ¿Sabe usted dónde está Arcuijo? No sé desde bastante tiempo de él. Reciba un fuerte abrazo de su amigo y compañero que bien le quiere.

1  Refiérese al arresto de Juan José Arredondo, jefe militar del grupo liberal que atacó el poblado de Jiménez, Coahuila el 24 de septiembre de 1906. El gobierno mexicano solicitó su detención y extradición. Fu enjuiciado del 16 de dciembre al 6 de enero de 1907 en Del Río, Texas. Exonerado salió libre el 30 de enero de 1907. Habiéndosele ofrecido inmunidad, cruzó la frontera a México al día siguiente. Fue arrestado y enviado a la cárcel de Belem en la ciudad de México donde murió meses después.