El Paso, Texas, mayo 13 de 1907

Señor don Aniceto Moreno
[s.l.]

Muy querido correligionario y fino amigo:
Tengo a la vista la comunicación de usted de 25 del pasado abril, dirigida al delegado general. Dice usted que sería muy conveniente dar a conocer los nombres de los jefes que simultáneamente se levantarán en todo el país. En verdad nada sería más conveniente que eso, si no se comprometiese el éxito de la empresa con la divulgación de los nombres de los jefes. Usted se habrá fijado que muchas personas no guardan la correspondiente discreción a pesar de la extrema vigilancia, de la nube de espías que tiene el gobierno, y bastaría que alguien diése a conocer los nombres de los diferentes jefes, para que se desbaratase la organización que lenta, pero firmemente, se va haciendo.
            La Junta considera que los nombres de los diferentes jefes deben ser tenidos en secreto y que los correligionarios dispuestos a tomar las armas, solamente conozcan el nombre del jefe bajo cuyas órdenes van a militar, pero no los nombres de los demás jefes de los distintos grupos. De ese modo se evitará que, si como es posible, la dictadura mete en nuestras filas espías, no se perjudiquen al fin todos los jefes, sino al que haya tenido la desgracia de haberle tocado en su grupo a algún esbirro de nuestro gobierno. De ese modo se desbaratará un solo grupo pero no todos, como ocurriría si los nombres de los jefes de los distintos grupos fueran conocidos.  
            Hay una gran vigilancia por parte de nuestros tiranos y es preciso, si no queremos fracasar, debemos caminar con tiento, guardar en todo caso la más completa reserva sobre los hilos de la revolución.  
            El plan, en general, es sencillo: organizados los grupos, teniendo todos sus respectivos jefes y listos para entrar en campaña, se dará la voz de levantarse, cada grupo en el lugar que de antemano haya escogido para dar su primer asalto. Una vez iniciado el movimiento, los nombres de los jefes de los grupos que se hayan levantado serán conocidos de todos, no sólo de los revolucionarios sino hasta del gobierno, porque entonces los mismos acontecimientos se encargarán de divulgar dichos nombres. Entonces los jefes de los diversos grupos se enviarán mensajes para ponerse de acuerdo, según las circunstancias, sobre la toma de alguna ciudad de importancia o cualquier otro acto en que se necesite el concurso de varios grupos. Todo eso se hará, pero ya cuando se hayan roto las hostilidades; cuando el pueblo esté en armas y se sepa definitivamente con qué grupos cuenta el partido, y será hecho, no por la Junta, sino por los mismos jefes de los diferentes grupos que se pondrán de acuerdo entre sí. Sobre todo esto, la Junta prepara unas instrucciones especiales que serán dadas a conocer a los jefes de los grupos por medio de los diversos delegados que andan organizando el movimiento.  
            Desde ahora pueden irse poniendo de acuerdo los jefes de grupos que, por encontrarse en lugares próximos unos de los otros, sea conveniente que obren de común acuerdo con el fin de que se presten mutua ayuda o combinen planes de ataque. Eso es muy conveniente, pero solamente los jefes pueden conocer esos detalles así como los delegados, y tanto los jefes como los delegados procurarán tenerlos en el mayor secreto en vista de que, si hay alguna delación, no se perjudique el plan.  
            Si a todos los que se comprometen a tomar las armas se les pone al corriente de los detalles del movimiento, tenga usted la seguridad de que fracasaremos. Por lo mismo, solamente los jefes de los grupos y los delegados tendrán conocimiento de detalles y de nombres.  
            ¿Cuántos grupos ha formado usted? Si ya están formados y cada uno tiene su jefe, sírvase decírmelo, así como los lugares en que se encuentran y donde van a comenzar la acción. Si son personas aisladas las comprometidas, entonces es bueno que a la hora que se necesite su concurso, estén en el lugar que se les señale para que se incorporen al jefe respectivo.  
            Si entre las personas comprometidas hay algunas que por su prestigio entre el pueblo, por sus conocimientos especiales sobre el arte de la guerra o por su clara inteligencia, pueden servir de jefes, hay que tomar nota de esas circunstancias para tenerlas presentes y no desaprovechar las diversas cualidades que reúnen dichas personas.
            Si los grupos se han formado por compatriotas residentes en este país hay que determinar de una vez, para tenerle en cuenta en los planos el lugar que deben entrar en campaña. La línea divisoria es muy amplia y pueden escogerse de antemano diversos puntos en toda la orilla para que sirvan como lugares de reconcentración de los soldados liberales, para que estén listos en esos puntos para cuando se necesite atacar alguna población mexicana o internarse sencillamente al territorio nacional. Para hacer todos esos preparativos hay que recomendar a todos la mayor prudencia, pues ya ve usted que las autoridades americanas están dispuestas a impedir que de este lado se formen grupos armados para invadir el territorio de México. Si la reconcentración de la gente en los diversos lugares de la orilla se hace con la debida prudencia, no tendremos que lamentar persecuciones como las del año pasado. Así pues, es bueno ya que me diga usted qué lugares de la orilla han escogido los diferentes jefes de los grupos formados en este país, para reconcentrar su gente y pasar al lado mexicano en el momento que se necesite.
            No quiere decir esto que marche desde ahora la fuerza, o las diferentes fuerzas a la orilla. Marcharán poco antes de iniciarse el movimiento para evitar la desmoralización que se apodera de los luchadores cuando están esperando por mucho tiempo entrar al combate.
            Hay, pues, que determinar lo siguiente:
            I. Los diversos lugares que los diferentes jefes de grupos formados en esta nación hayan escogido para reconcentrar su gente y estar dispuestos para el ataque.
            II. El número de soldados con que cuenta cada jefe y la clase de armas que tengan el número de éstas.
            Espero sus noticias a este respecto.
            Para que no sea muy tardada nuestra comunicación, sírvase hacer uso de la siguiente dirección:
            Señora María B. de Talavera
            722 Commercial St.
            Los Ángeles, California
            Espero su pronta contestación. Deme usted también alguna dirección para que le lleguen pronto y con seguridad mis cartas.
            Réstame sólo felicitar a usted por el notable empeño que ha tomado para el buen resultado de la lucha. No desmaye usted querido amigo. El pueblo bendecirá su nombre si hasta el fin sabe usted conservar los entusiasmos que hoy lo animan.
            En espera de sus letras, quedo su amigo y correligionario que bien lo quiere

Ricardo Flores Magón
            Si se interna usted a territorio mexicano, envíeme una clave para entendernos por medio de ella.