[San Antonio, Texas], mayo 23 de 1907

Señor don Ricardo Flores Magón
[s.l.]

Estimado y fino correligionario:
En este momento recibo su favorable del 21 del actual. Me entero de que han sido en poder de usted las que he estado mandando.
            Veré como usted me lo indica, al correligionario [Tomás D.] Espinosa e indicarle que escriba a usted cuanto antes. De [Juan José] Arredondo parece que no se trata de ningún plagio, sino de una sumisión de él para con el gobierno. He remitido a usted algunos artículos en que se refieren al asunto, pero Arcuijo [Antonio de Pío Araujo] que se encuentra ahora en Del Río[, Texas], conferenciando con Néstor López, se enterará bien de todo y supongo que dara a usted detalles de todo el asunto.  
            De lo referente al periódico, enseñaré la carta al compañero [Marcelino A.] Ibarra, para que se entere de su contenido. Tiene usted muchísima razón de todo lo que dice de la corrección, yo pondré todos los medios que estén a mi alcance para procurar que salga un poco más decente, no lo niego, está impresentable, y ello me apena demasiado. Yo bastante he hablado al compañero Marcelino a ese respecto. Yo por mi parte, no voy a poder disponer de mucho tiempo. Aquí en este pueblo, nadie le ayuda a uno, si todo son gastos. Anteriormente vivía gratuitamente con una familia, casa en que recibo mis cartas, pero ahora ocupo un cuarto por separado porque tengo forzosamente que dar un peso semanario de alquiler. Cada semana me veía en apuro para cubrir esa renta; hacía sacrificios en la comida, con dos comidas en el día, y escasas, pasaba los días; muchas veces ni las comidas, porque pasaba el día en limpio; pero nada de eso me aflige ni me asusta, lo paso con gusto; nada de eso me hace desmayar. Tengo fe y dispuesto estoy a hacer cualesquier clase de sacrificio, siendo siempre en pro de la causa; pero el tener compromisos, esto sí me apena. Ayer precisamente se me cumplió la renta y no tenía un níquel para pagar el peso, por casualidad en ese mismo momento en que se me cobraba, llegó una persona a llamarme para que fuera a trabajar y sin vacilar acepté y asi fue como salvé el compromiso, de lo contrario, no sé como hubiera hecho. Sigo trabajando, el trabajo me absorbe trece horas perennes, ya ve usted si tengo razón para decir que por hoy dispongo de poco tiempo; sin embargo, me levantaré temprano y en el rato de la mañana, despacharé mis asuntos, no por eso se perjudicará en nada la atención y deber para con los correligionarios. Además, del producto de mi trabajo podré ayudar a algunas personas. Como es la ayuda a El Progreso a Arcuijo, cuando se encuentra en ésta, hacerle los gastos que sean necesarios y algunos otros. Ayer recibí carta de Monterrey, de la casa en que trabajé como agente y con la que recomendaba yo a F. Oka, y me dice el dueño de dicha casa que aún no se ha presentado el señor Ramírez, que es nombre con que nos comunicabamos. Ignoro qué le pueda pasar. Pienso hacer un viaje a Monterrey e indagar por él.
            Hoy remito a usted paquete de periódicos, entre ellos un recorte en que habla de Arredondo.  
            Sin otro asunto, lo estima y aprecia su amigo y atento seguro servidor

Tomás Sarabia

            Se me llega la hora en que me voy al trabajo, por ese motivo no me extiendo más. Trabajo de 12 a 12 de la noche.  
            Perdone usted, pero ya no tengo tiempo de corregir la carta. No lleva acentos por no tenerlos la máquina.