[Los Ángeles, California,] junio 1º de 1907

Señor don Eulalio Treviño
[s.l.]

Mi querido y fino amigo:
Recibí su grata del 19 del pasado. No debe usted desalentarse por las contestaciones que ha recibido de los ricos de quienes habla. Los ricos no pueden amar una causa que es de los humildes, de los de abajo, de los hombres que quieren ser libres y felices. No hay que tomar en consideración a esos ricachos. Ya les ajustaremos cuentas cuando con las armas en la mano les exijamos que entreguen para la revolución parte de lo que han robado al pobre, al peón, al esclavo que los hace potentados. No hay cuidado amigo mío, por la indiferencia de los ricos. No pueden ser nuestros amigos. El pueblo que sufre, el que da sus brazos para tomar las armas, ese es el nuestro. Él es el que comprende lo que queremos, él es el que sabe que la causa será benéfica y ayudará con los pechos de sus hijos, que valen más que los millones de los ricos, millones que sabremos aprovechar para el fomento de la revolución, aunque ellos no quieran porque no les vamos a pedir sino a tomar el dinero para la lucha.  
            Recibí carta de Aurelio [N. Flores] en la que detalla su disgusto con el doctor Mondragón. Respecto de Juan José Arredondo hemos recibido muchos informes desfavorables. Como quiera que sea, no hay que desmayar.  
            De antemano le doy las gracias por los ejemplares de la defensa de Juan que va a enviarme.  
            Espero sus letras. Usen para usted y Aurelio alguna clave que sirva solamente para poner nombres propios de lugares o de personas pues escribir todo en clave, es perder el tiempo. Denme a conocer su clave y con ella me escribirán nombres propios como le digo a usted.  
            Estoy esperando carta de Aurelio, para saber sus planes, por que si no tiene a dónde ir, puedo dirigirlo a algún estado para que hable con los amigos.  
            Sabe lo quiere bien su amigo y correligionario

Ricardo Flores Magón