[Los Ángeles, California,] julio 7 de 1907

Señor don Antonio de P. Araujo
[s.l.]

Mi querido amigo y compañero:
No tengo ninguna de usted a qué referirme. Como ya estará usted informado por la prensa americana, nuestro Manuel [Sarabia] fue villanamente plagiado de la cárcel de Douglas[, Arizona] y llevado a territorio mexicano. Quise ponerle a usted telegrama anunciándole el caso y rogándole, sé que no está en San Antonio, [Texas,] me abstuve de hacerlo. Donde quiera que esté usted ruégole que excite a los compatriotas a que firmen peticiones o protestas contra el salvaje atentado y las manden a Washington. Si llega usted a San Antonio y otros amigos no han hecho nada, convoque por medio de hojas sueltas al pueblo, tanto mexicano como americano a un meeting para protestar contra el atropello. Es necesario que el crimen no quede oculto. Hay que trabajar activamente.  
            Nosotros estamos haciendo varios documentos en defensa de Manuel, y por esa razón no hemos escrito para El Progreso. Estamos muy atareados y materialmente no podemos escribir para el periódico. Dispense pues que no escribamos. Nos estamos dedicando con verdadero ardor a la defensa de Manuel, queremos hacer un gran escándalo del asunto en todos los Estados Unidos y cerebros y manos nos faltan para trabajar en el asunto.  
            Usted que es inteligente, no deje de agitar la prensa en favor de Manuel y en contra de los bandidos [Theodore] Roosevelt y [Porfirio] Díaz. Lo mismo entre los compatriotas, no deje de excitarlos a que protesten. Quizá se consiga que sea devuelto Manuel si se hace un formidable escándalo. Ya el gobierno de Arizona está trabajando por la devolución de nuestro hermano. Cooperemos todos a que sea traído.  
            En una notita que escribe Tomás [S. Labrada], da a entender que está usted molesto porque Aurelio N. Flores fue a Del Río[, Texas]. Le ruego querido amigo que no sea tan susceptible. Hay que aprovechar todos los elementos que se presenten para el triunfo de la causa. Flores no es un traidor. Lo he experimentado bastante. Es un muchacho empeñoso y trabaja con amor en pro de la causa. Es cierto que está disgustado con ustedes, como ustedes lo están con él, pero nosotros no podemos excluirlo de los trabajos del partido mientras no haga traición a la causa. Usted es persona de talento y comprenderá la necesidad que hay de hombres que ayuden de cualquier modo a la Junta. No podemos nosotros solos hacer todo el trabajo. Por eso nombramos a Flores delegado especial. No le dije que fuera a Del Río. Él fue sin consultármelo, pero cuando supe que por ahí andaba, le mandé decir inmeditamente que nada había que hacer en ese lugar y que marchara a otras partes. Lo que quiero es que los delegados no se estorben en sus trabajos, por eso, porque ya todo está arreglado en Del Río, le dije a Flores que no se necesitaba su presencia en dicho lugar.  
            Así, pues, no hay lugar para que nos estemos molestando. Fraternalmente unidos podemos avanzar mucho. Espero sus letras. Me las escasea usted mucho.  
            Sabe que bien lo quiere su amigo y compañero

                        Ricardo Flores Magón