[Los Ángeles, California,] julio 11 de 1907

Señor don Antonio de P. Araujo
San Antonio, Texas

Mi querido amigo y compañero:
Tan pronto como recibí sus gratas de 4 del corriente, me pongo a contestarlas. Como le he dicho deseo que me escriba con frecuencia. Ahora veo que ha tenido que trabajar, esto es, alquilar sus fuerzas para sostenerse y a eso se debió indudablemente que no me hubiera escrito. No puede usted imaginarse lo que lamento esa situación penosa en que se encuentra usted y lo peor es que así estamos nosotros. Hay días que solamente pan a secas comemos, y otros en que ese pan a secas venimos a probarlo hasta las veinticuatro horas. Tenemos mucho trabajo intelectual y el ayuno y las contrariedades nos debilitan de un modo lamentable. Por eso considero los sufrimientos de usted. ¡Ya los desventurados que tienen dinero no lo sueltan! Pero ya se les quitará por la fuerza, ya les haremos comprender por la fuerza la solidaridad que ahora no practican.  
            ¿No le da a usted en qué pensar la circunstancia de que el coronel [Encarnación] Díaz Guerra no quiera que tratemos asuntos de la campaña con Néstor López? Qué malo está todo eso. A ver si no tenemos que presenciar una escición más.  
            Esta carta tiene por principal objeto hacer un llamamiento al espíritu de concordia que quiero que presida todos los actos de usted. Estamos complacidos por los buenos servicios que ha prestado usted a la causa; servicios importantísimos han sido esos, y todavía prestará usted aún mejores, estoy seguro. Lo que deseo es lo siguiente: que usted, que es el más inteligente de los correligionarios que trabajan por esos rumbos, procure no tomar partido por ninguno de esos bandos que se han formado tanto en San Antonio como en Del Río[, Texas]. El papel de usted está por encima de todos esos pequeños asuntos, usted es representante de la Junta con autoridad aún sobre los mismos delegados de la misma, porque tiene usted credencial de delegado general y en ella se especifica que los especiales dependen de usted. Así pues su personalidad debe ser ajena a todos los disgustos, a todas esas pequeñas diferencias que surgen de continuo entre los grupos de correligionarios, y le suplico que no se afilie a ningún lado, que no haga causa común con las partes que pelean. El papel de usted debe ser, como se lo ha de aconsejar su buen talento, el de conciliador, y espero porque trabajará porque se avengan todos los disidentes, que tengan una buena inteligencia y marchen lo más unido que se pueda.  
            Me he podido convencer de que los correligionarios Trinidad García y Crescencio Villarreal Márquez son leales, no han defeccionado como se le ha acusado sino que están deseosos de entrar en acción, de prestar su contingente en la lucha que se está preparando. Los dos me han escrito así varias veces y no tengo motivos de duda. A Villarreal Márquez le conozco personalmente, lo he tratado bastante, también personalmente en Laredo, Texas, y pude apreciar toda la sinceridad de sus miras, toda la pureza de sus convicciones. Es un elemento precioso para la lucha y no debemos excluirlo, no debemos alejarlo ni aislarlo so pretexto de que traicionó. No ha traicionado a nadie ni creo que traicione. Respecto de Trinidad García, es un hombre leal a la causa. No lo conozco personalmente, pero el año pasado desempeñó comisiones importantes y siempre se portó con lealtad. No son traidores esos correligionarios. Así se lo digo a Néstor López, a quien le ruego que procure atraerlos, para que ellos vean que no les tienen ojeriza. Ellos cuentan, aunque usted hace burla de lo que dicen, con elementos buenos no en dinero, sino en hombres decididos. Le ruego a usted que hable con Márquez, si es que está usted en Del Río y que procure que haya entre todos buena armonía. A usted le corresponde representar el bello papel de mediador entre las diferencias de los correligionarios y procurar avenirlos, demostrándoles que todos son sinceros, que todos aman la causa, que todos desean con el mismo fuego la caída de la oprobiosa tiranía. En efecto, todos son sinceros. Yo creo que las diferencias han surgido de pequeñas rencillas por cuestiones personales, porque algunos han estado más en comunicación con la Junta que los otros, porque algunos han sido ya nombrados jefes, y se han de considerar postergados; o bien de exceso de celo por la causa, de exceso de cuidados por la suerte de la campaña. De cualquier modo que sea, ellos no son traidores. Las cosas se han aclarado de modo que es posible decir que no ha habido traición de ellos. Las persecuciones se han debido a causas completamente ajenas a los correligionarios en cuestión.  
            También existen rencillas con Eulalio Treviño. A este correligionario lo nombramos delegado especial para que trabaje con empeño. Está prestando muy buenos servicios, servicios que no hubiera recibido la causa si hubiéramos aislado a ese correligionario por lo que se decía de él.  
            Ahora se está proyectando una entrevista entre Eulalio Treviño […], sólo de utilidad para la causa. Quien me habló de esa entrevista fue Néstor López y la aprobé, porque la veo útil. De modo que le ruego a usted que procure que haya la tal entrevista. Algunos de ustedes no quieren a Eulalio, porque es un poco orgulloso; pero no debemos estarnos fijando en esas pequeñeces. No veamos nuestros pequeños defectos, disimulemos nuestras pequeñas debilidades, seamos complacientes con todos los amigos y no habrá choques, ni habrá disgustos. Si por nuestros defectos nos vamos a odiar, si esa es la barrera que nos impide armonizar y ser fraternales, será mejor que dejemos toda lucha, será mejor que no nos preocuparamos más por la causa, porque todos y cada uno estamos plagados de defectos.
            Pero no: es necesario luchar contra nuestras mismas debilidades, no solamente contra los tiranos. Venzamos nuestras antipatías para que podamos acercarnos y ser hermanos.
            Ruego a usted, querido Antonio, medite sobre lo que le digo. Usted no es un hombre vulgar y espero que me concederá la razón. No haga usted causa común con ninguno de los bandos contendientes de correligionarios. Mejor procure unirlos, exhortarlos a que lo hagan a que cesen en la debilidad de estarse despedazando cuando enfrente está el enemigo que debemos despedazar. Venza usted sus repugnancias y trate de que se unan Márquez, García y los demás. Todos son buenos elementos. No hay hombre inútil en esta vida todos pueden aportar a la gran obra su contingente, su grano de arena, los que no puedan más; bloques macizos, los pujantes, los enérgicos, los superiores en inteligencia o en energías, pero todos sirven a la causa y desprecian a los que nos parecen pequeños, no es bueno ni cuerdo. Si todos los elementos personales que hay en Del Río, se unen, creá usted que se formará un grupo bueno.
            Yo creo que debe hacerse lo siguiente, y se lo digo para que como delegado general, dé su opinión. Creo que lográndose el advenimiento entre los elementos que hay en Del Río y con la cooperación de Salomón Espinosa y Eulalio Treviño, se puede formar un fuerte grupo que actuará sobre alguna ciudad de importancia, si es que resulta verdaderamente fuerte. Después de haber efectuado juntos un movimiento semejante, pueden desprenderse diversos cuerpos mandados, por Treviño Márquez, García, [Dimas] Domínguez y algunos otros que tengan el carácter de jefes. Para entrar en acción, pueden todos los diversos jefes citados, ponerse a las órdenes de Díaz Guerra, pues no puede haber muchas cabezas en esos asuntos, y digo a las órdenes de Díaz Guerra, porque ya ha sido nombrado con anterioridad, jefe de las armas en el distrito de Río Grande. Después de haber entrado y haber tomado alguna plaza de importancia, se repartirán los elementos que hayan adquirido para fortalecer sus diferentes cuerpos; y se dividirán, dirigiéndose cada quien con su gente a otras plazas. De ese modo creo que se evitarán las envidias que desgraciadamente surgen en cada uno de esos casos y todo marchará bien, pues los diferentes jefes ya tendrán a su mando gente y obrarán después por sí solos, obedeciendo, sin embargo, al ciudadano que la Junta nombre jefe de las armas en todo el estado de Coahuila, o de ese estado y de algún otro, según se determine ya cuando se va a dar la señal. Es necesario nombrar jefes supremos, políticos, militares, en cada estado si es posible o si se necesita, o en cada región, pero eso se hará hasta que se dé la señal, esto es, hasta que señale el día del levantarmiento. Esos jefes supremos serán obedecidos por todos los que actúen en la región en la cual tengan jurisdicción.  
            Villarreal Márquez tuvo el año pasado el carácter de delegado para el norte de Coahuila. Si se llega a un advenimiento entre los dos bandos de Del Río, tenga usted presente eso, para no postergarlo, aunque también es bueno tener presente que ahora el delegado es Néstor López. En todo esto hay que obrar con mucho tacto, para que nadie se ofenda. Se puede quedar Néstor con el cargo que tiene y asociarlo a Villarreal Márquez, o como a usted le parezca mejor, estando ya sobre el terreno esto es, en Del Río. Se podría también explicar a Márquez, que en virtud de necesidades urgentísimas, se nombró a Néstor López. La cuestión es que todos estén conformes y que trabajen con entusiasmo. Dejo al buen talento de usted y al espíritu de concordancia que quiero que se prenda a su corazón lo demás.  
            No debemos despreciar los servicios del señor Andrés Flores, socio del señor [Atilano] Barrera. Los veinticinco hombres que pone, es una excelente guerrilla con la cual se puede comenzar en Allende[, Coahuila] y tomar la plaza, hacerse de elementos de toda clase y seguir la campaña en Allende con más gente y más fuertes. Está buena la oferta. Magnífica. El señor Andrés Flores es hombre de mucho prestigio en Allende. Es popularísimo y con sus veinticinco hombres levantarán todo el pueblo. Esté usted seguro de ello, así pues no vean ustedes con indiferencia tal ofrecimiento. Es magnífico. Todo está en que cumplan esos correligionarios. Yo creo que cumplirán porque son bastante sinceros. Está bien pensado de poner a las órdenes del coronel Díaz Guerra los grupos que tengan pensado obrar en la frontera de Coahuila. Como le hablé a usted del asunto de designación de lugares en que deban obrar los diferentes grupos que se están formando en Texas, creo que ya habrá usted tratado con el correligionario Aniceto Moreno de dicho asunto que es importantísimo. Creo que no debemos meter todos los grupos por Del Río. Sería bueno que otros grupos reforzaran al grupo de Brownsville[, Texas] y otros grupos entrarán por otros puntos de la frontera de Texas, señalados con anicipación del modo que le dije a usted en una de mis anteriores. Espero sus datos sobre eso.  
            Insisten tanto el señor López como el señor Díaz Guerra, en que se manden todas las armas a Del Río. Yo les dije que se enviaran a Del Río las armas de los correligionarios que tuvieran pensado entrar por ahí, pero no las de los que tengan que entrar por Brownsville u otros lugares porque sería muy molesto eso. Has una cosa: que si por desgracia es denunciado el depósito de las armas de Del Río, todo se echará a perder. Eulalio Treviño ya estaba dispuesto a enviar unas armas que tiene, poniéndolas a disposición de Néstor López. Como temo el denuncio, le digo a Treviño que no los envíe hasta que le diga yo. Lo que quiero es que me diga usted que seguridades hay de que no serán descubiertas esas armas en Del Río. Por lo pronto, no le dije a Treviño; le dije que era posible que le consiguiera yo algunas armas más y que las tuviera ahí para enviar todas a Del Río en un solo viaje. A López le digo lo que le dije a Treviño, haciéndoles comprender, sin embargo, a los dos, que temo que el depósito de armas sea descubierto.  
            Es bueno que se asegure usted de que estarán bien las armas en Del Río, y de cualquier modo que sea, aunque haya mucha seguridad; vale más que enviemos las armas, esto es, que envíen las armas los que las tengan, hasta faltando poco para el movimiento. Figúrese usted qué atraso tan espantoso para el partido si cayeran esas armas en poder del enemigo antes de iniciarse la lucha. Debemos cuidarlas como joyas.  
            En efecto, es bueno que todos los grupos en el norte de Coahuila, se pongan de acuerdo con el señor Díaz Guerra. Desde luego está el grupo de Andrés Flores. No lo desprecien. Es mejor de lo que puedan imaginarse.  
            No tengo por lo pronto, nada más qué comunicarle. No deje de recomendar Revolución.  
            Reciba saludos de Antonio y un fuerte abrazo de su amigo compañero que bien lo quiere

                        Ricardo Flores Magón