Cárcel del Condado, Los Ángeles, California, abril 6 de 1908

Señor Blas Lara [Cásares]
Duffy, California

Querido hermano:
Hemos recibido con fraternal cariño su carta grata de 16 del pasado mes. No nos fue posible que antes la contestáramos por las dificultades que se nos oponen a los que estamos presos por delitos llamados políticos. Las cartas que se nos envían a la prisión no nos son entregadas. ¡Así se hace en esta libre América!
            Agradecemos las cariñosas frases de usted para nosotros, frases que nos confirman una vez más que nuestros esfuerzos no son vanos desde el momento que hay quienes los comprenden. No es, pues, una lucha estéril ésta que hemos emprendido. Es ardua y llena de escollos, es cierto, porque son formidables los enemigos que a ellas se oponen: los magnates del dinero y de la política, los prohombres de la Iglesia y del Ejército; pero, a pesar de todo, la causa de los humildes tendrá que triunfar.
            Nosotros no desmayamos. La prisión, si bien es penosa, no hará cambiar nuestras convicciones templadas en largos años de sufrimientos físicos y morales. ¡Adelante, siempre adelante!, ese es nuestro lema.
            No desmaye usted tampoco. Encontrará indudablemente en su bella misión de propagandista de la verdad, espíritus estrechos, corazones mezquinos que harán burla del ideal ¡y muchas veces serán esclavos, compañeros de cadena y de vergüenza, los que hagan mofa de la lucha contra la opresión! Sin embargo, no se detenga usted. ¡Adelante! Algún día abrirán los ojos esos ciegos del entendimiento.
            Espero, querido compañero, que tendré el gusto de recibír nuevas gratas letras de usted. No desmaye. El imperio que parece eterno y bajo cuyo peso gimen catorce millones de esclavos, cruje ya y se bambolea. Pronto estallará en México la Revolución justiciera que enseñará a los que no tienen nada, que tienen derecho a todo. Trabajemos activamente.
            Con saludos de los compañeros se despide de usted su amigo y hermano de la Revolución de los pobres contra los poderosos.

Ricardo Flores Magón