[Los Ángeles, California,] octubre 18 de 1908

María adorada:

Van dos veces que viene a reconocerme el doctor de los presos federales. Ayer vino acompañado de otro médico. Dile a [Job] Harriman que traiga sin tardanza a los médicos […] que tienen que venir porque me supongo que algo quiere hacer el gobierno. Dile a Harriman que me venga a ver mañana lunes para decirle lo que pasó con los doctores, recibí todo lo que me has mandado. No te he visto pasar, pero estaré pendiente cuando se alboroten los presos, la cuestión es que no camines muy aprisa porque sólo se ve para el frente. También puedo ver para el callejoncito. Nuestra celda da para la tercera ventana del callejoncito, comenzando a contar desde la entrada del callejoncito por la calle de Buenavista; ese callejoncito corre de Buenavista a New Heigh por un costado de la cárcel. Hoy estaré pendiente a ver si pasan. No se puede escribir chiquito en este trapo y como no puedo ponerme a restirarlo porque tengo que estarme ocultando, resulta que tengo que escribir con mucha incomodidad. No te desesperes, tengo que salir libre porque estoy enfermo. Urge que veas a Harriman y le digas que traiga a los médicos porque nuestros enemigos no pierden tiempo. Amor mío, mi adorada María; no pienses que pueda yo olvidarte por lo que diga la gente que no te quiere, te amo y el amor que te tengo es grande. Lo que quieren es que tú me […]. No creo que pase mucho tiempo sin que nos veamos y […] juntos, muy juntos. No pierdan la fe. Lo que se necesita es que quede demostrado que estoy enfermo. Urge que vengan los médicos. Es bueno que vean seguido a Harriman para que estén informadas. Son puros pretextos los que ponen, van semanas que te dicen que después de las elecciones harán milagros en nuestro favor. No lo creas. Estoy completamente desengañado de esas personas. Estoy enfermo ¿y qué hacen por mí? Puedo reventar en la cárcel y quedarán ellos […] que la Esfinge [Antonio I. Villarreal]. ¿Esperan a que pasen las elecciones para decir que me están asesinando lentamente? Hasta me indigna que pongan pretextos tan pueriles. Si se hiciera bastante ruido con motivo de mi enfermedad, saldría muy pronto. Es necesario que [diga] la prensa de que en la cárcel he adquirido una enfermedad y que se me está matando a pausas. No me compres vestido interior de lana. Yo tengo dos. El único medio de sacarme rápido es, repito, hacer mucho ruido sobre mi enfermedad. Ya no me alcanzó el trapito para escribirle a mi hijita Lucía [Norman]. Bésale cariñosamente, y tú, María adorada, recibe el inmenso amor y los tiernos besos de tu

Ricardo