[Los Ángeles, California,] octubre 25 de 1908

María: 

Con ansia espero los sábados para ver tus letritas, amor mío.  Toda la semana he estado pendiente para ver si te distingo desde mi celda para la ventana del callejoncito, que es la tercera. A quien vi el jueves como a las cuatro y cuarto fue a mi hijita Lucía [Norman], pero pasó sin detenerse. Cuando pasen por la tercera ventana del callejoncito deténganse aunque sea medio minuto para verlas bien. Bien mío: siento que estés malita. ¿Te harían bien unos besos míos donde te duele?, te los daría tan tiernamente que no te molestarían. Sé, mi vida, comprendo que te hago falta como tú me haces falta a mí, ¿pero qué hacer? Más que los tiranos, son nuestros amigos los que nos tienen en la cárcel, porque su pereza, su indolencia, su falta de iniciativa los tiene atados, nada hacen. Yo creo que nos aman y nos tienen en sus corazones; pero eso no basta para rescatarnos. Se necesita que trabajen de un modo efectivo por nuestra liberación, y eso no lo hacen. Todo se les va en manifestarnos sus simpatías y en deplorar nuestra situación.  Se nos entregará al fin al tirano de México y nadie adelantará un brazo para detener a los esbirros. Hay mucho que hacer en nuestro favor y no se hace nada o es poca cosa lo que se hace y nada, naturalmente, lo que se alcanza. Debería haber una comisión que estuviera constantemente sobre la prensa para que no dejara de aparecer algo en beneficio de los presos, tanto en la prensa local como en la de fuera de California, aprovechando no solamente los servicios de la prensa obrera sino también los de la prensa capitalista. Otra comisión podría encargarse de agitar a todas las uniones de los Estados Unidos en nuestro favor; pero debe hacerse todo eso constantemente. Otra comisión podría encargarse de organizar meetings en que sólo se hablara de los presos y las infamias que se han cometido con nosotros.  Si eso se hiciera con empeño, saldríamos libres y pronto. Si eso se hubiera hecho desde hace un año, hace tiempo que estaríamos libres. Repito, si no se hace algo práctico, de nada nos sirven las simpatías de los amigos. ¿Cuándo se hará algo práctico? Tal vez nunca. Busca en la otra pretina. Adiós, amor mío, fíjate bien y verás que son los amigos los que nos tienen presos por su apatía. Recibe mi amor inmenso y mi adoración, tú, la única mujer que hace latir violentamente mi corazón. Lo que he dicho no es un reproche para tí, ángel mío. Tú haces todo lo que puedes y con el alma te lo agradezco. Si no vences en esta lucha contra el despotismo, y no rescatas a tu Ricardo que amas y que a tí te adora, no habrá quedado por falta de empeño de tu parte. Con toda su alma, tiernamente, te besa tu

Ricardo.

Mi adorada y dulce hijita:

El jueves te vi pasar por el callejoncito como a las cuatro y cuarto de la tarde, pero no te detuviste un ratito enfrente de la tercera ventana. Hijita querida: Se me olvidó decir a nuestra amada María que Violeta [Elizabeth Trowbridge] no quiere que se sepa que ella, Violeta va a dar la fianza por Manuel [Sarabia]. Así, pues, te ruego tanto como a mi María que acepten no saber nada de eso. Manuel ha traído en chismes a Violeta a pesar de que ella es una madre para nosotros. Te ruego, hijita mía, que no le escribas a Manuel. Si Violeta te pregunta si le escribes a Manuel, contesta que no le escribes desde hace tiempo. Quiero que hagas eso porque me disgustaría que creyera nuestra buena Violeta que tienen gran intimidad con Manuel y que estás al corriente de las intriguillas de ese hombrecito. Antonio [I. Villarreal] ya no es miembro de la Junta, y Manuel dejará de serlo también dentro de poco. No pierde nada la causa con eso. No tengan cuidado. Los que quedamos somos bastante entusiastas y decididos. No creas que han traicionado esos amigos. No son capaces de eso; pero no tienen las mismas ideas que los que quedamos. Esto es todo. Hijita de mi corazón: María trabaja empeñosamente por salvarme. Ella comprende que triunfando el Partido Republicano seré pasado a México y moriré. Yo así lo creo también, y por eso se empeña ella tanto en agitar al pueblo mexicano para que impida un atentado. Tú, hijita linda, sabes inglés y puedes alentar a los americanos a que nos defiendan y de ese modo salvarás de una muerte segura a Ricardo a quien quieres como a un padre. Yo no le tengo miedo a la muerte; sería un descanso para mí; pero temo por María. La pobrecita moriría de pena. Así, pues, no se trata de nuestras vidas. Se necesita que alguien agite al pueblo americano y tú puedes hacerlo, querida niña. Cuando habla una mujer, se convencen los hombres, sobre todo, les da vergüenza no ser valientes. Tú eres inteligente y linda y sabrás entusiasmar si pones en tus palabras el fuego de tu corazón. Puedes preparar tus discursos. No faltará quien te dirija y hablarás ¿verdad? El Partido Republicano es un peligro para mi vida.
            Recibe muchos besitos de tu padre que te adora

                                  Ricardo