[Los Ángeles, California,] noviembre 15 de 1908

María:

Vuelvo a escribirte este mismo día. Yo creo que están inspeccionando detenidamente mi ropa y por eso te la dan hasta el martes, siendo que el empleado me la pide los lunes y yo se la entrego tan pronto como me la pide. Para evitar que se enteren los empleados de algo importante o de riesgo, no me comuniques lo que no sea conveniente que se sepa. Por lo pronto no han dado con nuestro sistema de comunicación, los empleados han de buscar papeles dentro de la ropa. Haces bien vida mía, de no hablarme mucho porque me pondrían en alguna parte peor. ¿Crees necesario ir a Arizona? Si lo crees así, ve, mi vida. No quiero contrariarte, ni quiero que te vayas tristecita porque creas que no estoy conforme con tu resolución de ir. Toda tú y tus actos son adorables para tu Ricardo, ya lo sabes. Cualquiera cosa que lleve a efecto es simpática para mí porque lo ha hecho mi adorada mujercita, tú, preciosa criatura. Sueño contigo como lo deseas, dormido y despierto. No se me borra un momento de mi mente la idea de ti. Dame bien las señas de tu nueva casita como hiciste con la otra, así como el nombre de la calle bien claro y el número. Procura no equivocarte, porque esa cabecita que quisiera estar besando en cste momento es muy distraída. Tan linda tu cabecita ¿cuándo la llenaré de besos? María mía: no tengas ni por un segundo la idea de que yo pueda rendirme. Primero me verás muerto que deshonrado. Ten confianza en tu Ricardo que es más fuerte que sus intensos y crueles dolores. Si vas a Arizona, pon al corriente a Violeta  [Elizabeth Trowbridge] de lo que es el niño, para que no esté engañada. Al niño lo vamos a separar dentro de pocas semanas. Es bueno que los correligionarios no le comuniquen secretos. Dile a Salvador que recomiende eso a los compañeros. Estoy ansioso de verte pasar, ángel mío. Continúo en la noche esta carta con muy poca luz. No pasaste al fin, María adorada, cuando no te diga "adiós" es porque está echada la vidriera y no se oye. Dale un besito cariñoso a mi hijita Lucía [Norman]. ¿Qué estarás haciendo? Son como las doce de la noche. Ya has de estar durmiendo. Hasta donde estés van mis suspiros. Adiós. Te ama y te besa tu

                                  Ricardo