[Los Ángeles, California,] noviembre 22 de 1908

María de mi vida:

Ya debes saber que la suprema corte nos negó la libertad bajo fianza, 1 obrando en contra de la ley, ultrajando la justicia, pisoteando la constitución de los Estados Unidos, ley suprema que los magistrados de la corte deberían ser los primeros en respetar, pero que, ya lo ves, son los primeros en dar el inmoral ejemplo de ofenderla. Tú me dices, linda criatura, confiada mujercita mía, que pronto estaremos unidos. ¿En qué te fundas? En el ansia que sientes por vivir con el ser que ama tu corazón, pero no en ningún hecho que de una manera incontrastable pruebe que vamos a salir libres. La manifiesta parcialidad de la suprema corte en favor de la tiranía, parcialidad revelada sobradamente con el hecho de negarnos la libertad bajo fianza, da a entender bastante claro que no se trata de hacennos justicia, sino de tenernos presos indefinidamente en beneficio de criminales intereses. Yo no puedo creer en milagros, y es por eso por lo que opino que solamente una gigantesca y bien organizada agitación puede salvarnos. Yo no te digo estas cosas por martirizarte, no, María, mi tierna amada. Te digo eso para que salgas de esa fe casi mística en que te pierdes acerca de mi libertad y veas de frente la realidad. Nada hay que indique que la libertad está próxima; por el contrario, todo indica que está muy lejana, sumamente lejana. Te ruego otra vez que no creas que trato de desgarrarte el corazón. ¿Puedo ser infame contigo? ¿Qué otra cosa quisiera, bien mío, sino vivir contigo, estar a tu lado y hacerte objeto de mi constante y solícita adoración? Y si eso quiero, ¿puedo pensar en martirizarte? No hago más que decirte lo que deduzco lógica, inflexiblemente de los hechos que tengo a la vista. Pasemos a otra cosa. Dile a S[alvador] que no mande los útiles al niño, si es que esos útiles pertenecen al Partido Liberal. Recibí los tamales. Mucho me gustaron. Busqué bien adentro de ellos, pues sospeché, que hubiera algo pero no hubo nada. Hay unos frasquitos del grueso de un lápiz que se pueden poner bien tapados adentro de chiles rellenos o de otra clase de comidas como pan hecho en casa. En esos frasquitos se pueden meter cartas escritas con letra pequeñita y un papel muy delgado. La cuestión es que aunque sean examinados bien los chiles, tamales o pan no se eche de ver lo que lleven por dentro. Ve el periódico que trae la noticia de la formación del Club en Chicago[, Illinois] para la defensa de los rusos. 2 La celda en que estoy tiene cuatro camas. Librado [Rivera] está en mi celda y otros dos. Antonio [Villarreal] está en otra celda. Quedo entendido de lo de las luces. Cuando pases por enfrente de mi celda, tose recio para que si estoy acostado, me asome para que me veas. La otra noche vi bien las dos luces. Ya me aprendí las señas de tu casita. No es posible hablar entre doce y una, porque hay mucho silencio. ¿Por qué te atormentas pensando que no me gusta tu belleza? María ¿por qué me preguntas si te amo como tú me amas? No te atormentes así. Te amo con todo mi corazón y debes estar contentita con tu Ricardo que es tuyo, tuyo, nada más para su María. Así como tú me ves en medio de muchos hombres, asi como para ti no hay más que un hombre que te encante, que te haga soñar y a quien deseas con toda tu alma, para mí no existe otra mujer más que María, mi linda María que tanto adoro. Y por lo único que estoy sufriendo, porque si no te amara no me importaría la cárcel. Por ti sufro, por amarte, bien mío. Eso te probará que de veras te amo. No pienses en que te olvide. Piensa en que tu Ricardo te distingue entre todas las mujeres; en que me gustas mucho y te he dado pruebas de que te amo al desafiar las críticas de los hipócritas, de los imbéciles y de los malvados que no quieren que tú y yo confundamos nuestras almas. Piensa en que este pobre preso te ama y suspira por ti como por su vida suspira el que ve que se acerca la muerte. Así te amo como a mi vida y tal vez más. Besa a mi hijita. ¿Dónde está? ¿Por qué no me manda un saludo? Cuando vengas por la ropa, no tomes, aunque te lo den, el bultito que lleve este letrero: "Mrs. Rivera". Esa es la ropa de Librado. Adiós, María mía. ¿Cuándo estaré contigo? Te beso dulcemente tu boquita. ¿Por qué no pasas de día? A ver si hoy pasas. Con toda su alma te adora tu

                                   Ricardo

1 El 16 de noviembre de 1908, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos rechazó la petición de la defensa de disminuir la fianza de 5 000 dólares impuesta a RFM y coacusados el 31 de enero de 1908.   

2 Refiérese al “Club de Defensa de Perseguidos Políticos”, organizada por John Murray en la ciudad de Chicago en agosto de 1908.