[Los Ángeles, California,] diciembre 6 de 1908

María:

Recibimos todo lo que has mandado […], necesitamos zapatos. Da las gracias a Violeta [Elizabeth Throwbridge]. No me compres más ropa, tengo suficiente. Pasa en las noches entre seis y seis y media, para que esté yo listo. No puedo estar viendo continuamente para la ventana por no hacerme sospechoso. Todas las noches estaré listo a la hora que te digo, y me verás. Desaprovechaste, mi encanto, la estancia de Violeta aquí para haberla puesto al corriente de las intenciones del amigo aquél con nuestra hijita, Librado [Rivera] y yo somos testigos de eso porque lo supimos de sus labios. Es absolutamente inconveniente que nuestra hijita escriba al reptil. Violeta, como toda persona de buen corazón, siente piedad por ese miserable que inventa historias tristes para atraerse simpatías. Violeta no lo conoce, ni puede conocerlo como nosotros que hemos vivido con él. Si le escribes a Violeta sobre esto, infórmate primero si ella recibe y lee las cartas, pues podría suceder que el reptil estuviera encargado de recibir y leer la correspondencia de Violeta para dar la cuenta de ella. No me compres más ropa, mi vida. Tengo tres mudas de ropa […] como lo verás cuando empiece a mandarla para la calle. La agrupación de Chicago no nos defiende ni es para otra cosa que para defender a los rusos. Y nosotros somos pobres mexicanos. Somos revolucionarios y nuestros ideales son avanzadísimos; pero somos mexicanos. Esa es nuestra falta. Nuestra piel no es blanca y no todos son capaces de comprender que también debajo de una piel oscura hay nervios, hay corazón y hay cerebro. Yo no estoy conforme con mi incomunicación porque no puedo hablar contigo. No, no estoy conforme ni lo estaré. No puedo suspirar a tu oído, mi amor, ni aspirar, tu aliento, ni ver de cerca tu carita encantadora. No volveré a decir adiós cuando pasen porque están vigilando mucho, pero para que sepan que estoy viendo encenderé un fósforo. Espero que te veré pasar esta tarde. Te veo tan linda que me dan ganas de comerte a besos. Mucho, mucho me gusta mi María. Yo también te sueño, dulce amor mío; pero eso no quiere decir que ya voy a salir. Eso significa que nos queremos mucho y como deseamos los dos estar juntos, hasta lo soñamos. ¡Quién sabe cuándo estaremos juntos! María: me gusta que estés satisfecha de que te ame. Sí, ángel mío, está tranquila. Tu Ricardo te quiere, te adora, te tiene en su corazón. Ahí te tengo, criatura querida, muy cuidadita, acariciándote con […] escriban en el periódico lo que crean importante para que no sospechen. Yo tendré cuidado en [revisar] todas las columnas hasta encontrar lo que interese. Por lo demás leo todo ese periódico cuando lo mandas porque me gusta y si pudiera leerlo con más frecuencia sería lo mejor. Acabo de verte, ¡qué linda, que graciosa! Mi corazón saltó hasta donde estaba tu boquita para sentir tus labios ¡Ah, mi pobre corazón es digno de que lo beses! Vida de mi vida, yo no gozo en medio [de] este sufrimiento. No hago más que soportar. A mí no me gusta engañarte diciendo lo que no siento. Tu temperamento es distinto del mío, María adorada. Tú puedes sentir goces en medio de tanta amargura, pero yo no. Yo vivo contrariado, yo no puedo gozar, yo sufro. Cualquiera que me vea, pensará que no sufro. Es que sé mostrarme digno. No quiero dar motivo a la compasión de nadie. Sólo a ti, María, te digo lo que siento, porque tú me entiendes, porque me amas, porque eres mía. En tu corazoncito deposito mis penas. ¿Qué estuche más blando, más tibio, más amable puedo encontrar que tu corazón para guardar en él las perlas negras de mi sufrimiento? Adiós mi criatura adorable, me despido porque voy a poner unas línea para mi hijita. Recibe la devoción de tu

Ricardo

Mi hijita adorada:
Estoy triste porque escribiste a Manuel [Sarabia]. Violeta está engañada al considerar un santo a ese briboncillo. Ella no lo conoce más que por las recomendaciones que él mismo se hace. Si quieres seguir escribiendo a Manuel hazlo; pero harás sufrir a Ricardo, como lo haz hecho sufrir esta vez. Violeta es muy buena y cree que todos son como ella. Hijita mía, mi adorada Lucía, ¿volverás a escribirle a ese […]? Recibe el cariño de tu padre que desea tu felicidad

Ricardo