Los Angeles, Cal., April 6, 1911

Mr. Eugene V. Debs
[s.l.]

Dear Sir and Comrade: 
While recognizing to the full of sympathy you have always shown, and are still showing, toward the cause for which my countrymen are struggling in Mexico, I think it incumbent on me to write calling your attention to certain specially urgent features of the present situation.
I need no remind you of the gravity added by the extraordinay display of arms in which the United States government recently indulged, or of the atrheocious character of the slavery against which we are in revolt. These the Socialist press has been ventilating, week in and week out, with admirable courage and pertinacity.
But in the opposite balance is the enormous weight that the capitalist press brings to bear, misleading the public so grossly that it has no conception of the actual issues at stake or of the magnitude of the struggle we are making.
Without exception the great dailies of this country exert themselves to the uttermost to convince their readers that this is a political quarrel, to be settled by the installation of a reform president and cabinet. But this is preciesly what it is not;  for it is the economic fight of an entire nation, bent on recovering the land -sold from under its very feet without its consent-  and thus achieving its economic independence.  It is a fight against the money power -the economic fight of a disinherited people.
Without exception the great dailies strive to convey the impression that the fighting is confined to the troops engaged along the Northern border of Mexico, under the leadership of [Francisco I.] Madero, [José de la Luz] Blanco, [Simón] Bertholdt and others. Nothing could be more erroneous. The characteristic feature of our struggle is the countless spontaneous uprisings in every State and Territory, from North to South and East to West. I need not tell a student of history that this stamps our movement as a genuine economic revolution.
These are the points on which, as it seems to us, the American and European public needs most enlightenment; and it is the peculiar duty of the revolutionary and radical press -small but very influential by reason of its earnestness- to convey that enlightenment.  This appears to us essentially the paramount duty of the hour.
There is another point on which I feel myself compelled to write. In certain quarters the impression apparently prevails that Socialists will naturally side with Madero and Anarchists with the Mexican Liberal Party. Indeed, I myself was called on recently by a Socialist commitee and asked to inform it whether personally I was a Socialist or Anarchist; the intimation being that if I was the latter support would be withdrawn. Could anything be more absurd or deplorable? We are not concered with "isms".  We are practical people, engaged in a most sternly practical task -the recovery of their natural inheritance by the disinherited.
In that task, as it seems to us, we should have the united support of ALL who understand that slavery rests on, and is possible only by reason of, the slave’s economic dependence on the ensalver.
When I write "support" I mean it. We are not beggars, but we are engaged in a desperate struggle against heavy odds.  While we need and welcome all the sympathy we can get, it goes without saying that sympathy alone will not win victory for what we feel is the common cause of hte disinherited. I cannot express to you in writing how strongly we of the Mexican Liberal Party feel that we are fighting fot the common cause.
We have no personal quarrel with Madero. We have simply stated, with all the emphasis and clearness we could command, what seems to us the palpable truth that we should wasting blood and treasure if we rested satisfied with the dethronement of one dictator and the installment of another. Is not that an all-important truth, to be driven home to the understanding of the world, at all and every cost, regardless of personal considerations? Should we not have been guilty of a most cowardly neglect of duty had we falled to voice it, fearing the criticism to which it might subject us?
It would be hypocritical to deny that you exercise great influence on Socialists, revolutionary and radical thought and I write you this letter because you personally can do much to clear away the gross misapprehensions under which the public is laboring. That you will feel it your duty to do so we have not the slightest doubt.
A reply would be regarded as a valuable favor, for it would assit us greatly in the educational propaganda we are trying so hard and honestly to make.
Yours for the emancipation of the human race.

Ricardo Flores Magón

 

Oficinas de la Junta del Partido Liberal Mexicano,
519 1/2, E. 4th St.

Los Angeles, Calif., a 6 de abril de 1911.
Sr. Eugene V. Debs,
[San Luis, Missouri.]

Estimado Señor y camarada:
            Reconociendo la total simpatía que usted siempre ha demostrado y sigue demostrando con la causa por la que mis compatriotas están luchando en México, me parece oportuno escribirle para llamar su atención con respecto a ciertos aspectos particularmente urgentes de la situación actual.
            No necesito insistir en su gravedad, que se ha acentuado con el extraordinario despliegue de armas que ha desatado recientemente el gobierno de los Estados Unidos ni tampoco en el carácter atroz de la esclavitud contra la que luchamos. Al respecto, la prensa socialista ha estado ocupándose, semana tras semana, con un valor y una pertinencia admirables.
            Pero en el platillo opuesto de la balanza, es enorme el peso que la prensa capitalista está aplicando, desorientando al público en forma tan poderosa que éste no tiene noción de los intereses que están en juego ni de la magnitud de la lucha en la que estamos empeñados.
            Los grandes diarios de este país, sin excepción, se empeñan al máximo en convencer a sus lectores de que todo se reduce a una disputa política que se resolverá con la instalación de un presidente y un gabinete reformistas. Sin embargo, esto es precisamente lo que no es, puesto que se trata de la lucha económica de toda una nación decidida a recuperar la tierra —vendida sin su consentimiento bajo sus mismos pies—, y, de esta manera, conseguir su independencia económica. Es una lucha contra el poder del dinero, la lucha económica de un pueblo desheredado.
            Los grandes periódicos, sin excepción, se esfuerzan en dar la impresión de que la lucha se reduce a la de las tropas que se enfrentan a lo largo de la frontera norte de México, bajo el liderazgo de [Francisco I.] Madero, [Lucio] Blanco, [Simón] Bertholdt y otros. Nada podría ser más erróneo. La principal característica de nuestra lucha son los innumerables levantamientos espontáneos en cada uno de los estados y territorios, de norte a sur y de este a oeste. No necesito aclarar a un estudioso de la historia que esto confiere a nuestro movimiento el carácter de una genuina revolución económica.
            En nuestra opinión, el público norteamericano y europeo requiere un mayor esclarecimiento con respecto precisamente a estos puntos; y la prensa revolucionaria y radical —pequeña, pero muy influyente debido a su seriedad— tiene el deber de promover tal esclarecimiento. Nos parece que este es esencialmente el deber primordial del momento.
            Hay otro punto con respecto al cual me siento inclinado a escribir. En ciertos medios, aparentemente prevalece la impresión de que los socialistas naturalmente se alinearán del lado de Madero, mientras que los anarquistas lo harán del lado del Partido Liberal Mexicano. Yo mismo, en efecto, fui convocado recientemente por un comité socialista que me pidió le informara si yo, en lo personal, era socialista o anarquista, implicando que si era esto último, me sería retirado su apoyo. ¿Podría haber algo más absurdo o deplorable? Nosotros no estamos involucrados en los “ismos”. Somos gente práctica, comprometidos tenazmente en la más práctica de las tareas: la recuperación de la herencia natural de los desheredados.
            En nuestra opinión, en esa tarea tendríamos que contar con el respaldo conjunto de TODOS aquellos que comprenden que la esclavitud aparece, y es sólo posible, cuando el esclavo depende económicamente de quien lo esclaviza.
            Y cuando aludo a “respaldo”, es a eso precisamente a lo que me refiero. No somos mendigos, pero estamos comprometidos en una guerra desesperada en exceso desigual. Aunque necesitamos y recibimos con beneplácito toda la simpatía que podemos conseguir, no es por demás recordar que la sola simpatía no nos conducirá a la victoria en lo que consideramos como la causa común de los desheredados. Me resulta imposible expresarle por escrito hasta qué grado el Partido Liberal Mexicano siente que está luchando en pro de la causa común.
            Nosotros no tenemos diferencias personales con Madero. Simplemente hemos declarado, con todo el énfasis y claridad que nos es posible, lo que nos parece una verdad tangible, es decir, que estaríamos despilfarrando sangre y recursos si nos conformáramos con el derrocamiento de un dictador para entronar a otro. ¿No resulta imprescindible que una verdad de primerísima importancia sea difundida hasta hacer que todo el mundo la comprenda, sin que importen los costos ni las consideraciones personales? ¿No seríamos culpables de la más cobarde negligencia con respecto a nuestro deber si dejáramos de proclamarlo por temor a las críticas de que pudiéramos ser objeto?
            Sería una hipocresía negar que usted ejerce una gran influencia en el pensamiento socialista, revolucionario y radical, y le escribo esta carta porque, usted, personalmente, mucho puede hacer para despejar los grandes malentendidos que prevalecen en el público. No nos cabe la menor duda de que usted considerará como un deber hacerlo.
            Consideraremos su respuesta como un valioso favor, porque será un recurso importante para la propaganda educativa que con tanto esfuerzo y honestidad estamos tratando de llevar a cabo.
            Quedo de usted, por la emancipación del género humano.

Ricardo Flores Magón.