Los Ángeles, California, junio 3 de 1911

Señor doctor Luis Rivas Iruz
Hotel Krahmer
El Paso, Texas

Muy querido y viejo amigo:
Me refiero a su apreciable carta de 28 del pasado que no contesté con la oportunidad debida, por el inmenso trabajo que tengo que desempeñar día a día, no descanso ni los domingos.
            En efecto, mis ideas han avanzado; pero en eso no veo yo que haga mal alguno.
            Desde un principio comencé a luchar por el bienestar y la libertad de la familia mexicana, y he sido leal hasta hoy en mis propósitos.  
            El avance de mis ideas es lógico, no hay nada de extraño en ello, nada de postizo. Primero creí en Política. Creía yo que la Ley tendría la fuerza necesaria para que hubiera justicia y libertad. Pero vi que en todos los países ocurría lo mismo que en México, que el Pueblo de México no era el único desgraciado y busqué la causa del dolor de todos los pobres de la tierra y la encontré: el capital.
            Consecuente con mis propósitos de luchar por el bienestar y la libertad del Pueblo Mexicano, he emprendido la guerra contra el capital.
            Mientras el capital esté en unas cuantas manos, habrá pobres, y, por lo mismo, habrá desgraciados. No es mi deseo que los obreros que trabajan mantengan a los perezosos obreros que nada hacen, según dice usted. Sencillamente el deseo mío es que sólo los que trabajen tengan derecho a gozar de todo cuanto existe y que los que no trabajen que no coman. Esa es la verdadera justicia.
            Conozco bien al Pueblo, he pasado hambres y sufrimientos por él. Conozco las Leyes y sé cómo se aplican, con blandura para los ricos, con dureza para los pobres, por la sencilla razón de que el pobre no puede ser tratado como el rico, a quien siempre se le respeta. Quiero la igualdad, la verdadera igualdad; la económica, firme base de la libertad.
            Tal vez esté yo equivocado, pero protesto ante el mundo entero que soy sincero. Es por el llamado pueblo bajo por el que lucho. Que esto sea socialismo, que esto sea anarquismo, no me importan las denominaciones. Sólo sé que mi conciencia está tranquila porque trabajo por la verdadera humanidad doliente: la pobre, la desheredada.  
            ¿Que todavía no es tiempo para emprender una lucha semejante? Tampoco, para muchos liberales de la época de nuestro querido indio [Benito] Juárez, era entonces el tiempo propicio para expropiar al Clero. Sin embargo la expropiación fue un hecho consumado. Lo mismo sucederá durante el curso de esta formidable Revolución.
            Siento mucho, querido amigo, que estemos tan distantes en ideales. Siempre he tenido por usted cariño, y espero que, a pesar de que luchamos en campos distintos, seremos amigos siempre.
            Escribí un artículo titulado: "La obra de Juárez". 1 Sale publicado en el número de Regeneración de este día. Verá usted por la argumentación de este artículo que seguimos la obra de Juárez, simplemente cambiando de táctica, pues mientras él creyó que la Ley podría redimir al trabajador, nosotros creemos que la Ley es impotente para ello, y que es necesario el hecho.  
            Para terminar diré a usted querido amigo, que [Francisco I.] Madero va a ser un tirano más brutal que Porfirio Díaz. Además, es "mocho", porque ha ofrecido al clero aliviar la dureza de las Leyes de Reforma que a mí se me hacen demasiado blandas para la clerigalla.   
            Además, estoy convencido de que los gobiernos son opresores, desde el momento en que están instituidos para velar por los intereses de las clases privilegiadas.  
            No escribo esto para convencerlo a usted querido amigo mío, sólo le escribo para manifestarle que mi conciencia me dice que voy por el camino recto.  
            Deseándole toda clase de dichas en su viaje a New York, y esperando que, a pesar de la divergencia de opiniones seguiremos estimándonos, quedo su amigo que sinceramente lo quiere y que está triste porque no opina lo mismo.

Ricardo Flores Magón

1“La obra de Juárez”, Regeneración, núm. 40, del 3 de junio de 1911.