[Cárcel del condado de Los Ángeles, Calif.,] Mayo 15 de 1916

Querido manito [Enrique Flores Magón]:

Me siento con un ánimo tan grande, que yo mismo estoy admirado.Tengo ganas de reir, de silbar y de cantar. Si los pobres esbirros creen que me voy a achicopalar, se tirarán la gran plancha.
            Son tan infelices, que hasta han prohibido a los enfermeros que me hablen en el minuto o dos que sale uno de la celda al lavadero a la hora de cada comida.
            Todo el tiempo está uno encerrado.
            Hasta hoy, ni una medicina me ha sido administrada. El médico, que es el mismo que cura a los enfermos en la cárcel del Condado, está midiendo todos los días la cantidad de orina que arrojo.
            Noto que como con más apetito cuando no tomo medicinas. Ahora tengo un apetito descomunal. Siestuviera atenido a la pobre comida que dan a los enfermos, me moriría materialmente de hambre.
            Hoy envío a los muchachos el final de “Carranza traiciona la Revolución”. 1 Es poquito: 3 1/2 nada más; pero mañana haré alguna otra cosa.
            Mi mayor tortura es que no me dejan fumar. ¡Salvajes, salvajes! Me han reducido las visitas a solo en el día, de 2 a 4 p. m. Van a acabar por no dejar a María más que los martes y los viernes.
            Saluda a los buenos amigos de esa cárcel.
            Recibe muchos fuertes abrazos de tu manito.

Ricardo.

1 “Carranza traiciona…”; serie de artículos publicada en Regeneración, núms. 231-238;  25 de marzo; 1, 8, 15, 22 y 29 de abril y 6 y 13 de mayo de 1916. Aparecieron bajo la firma de Celso Marquina.