April 6th, 1921

My dear Nicolás:
It is with a feeling of relief that I am answering your very dear and welcome letter of the 26th of last March, by which I am informed of the crisis in your sickness having passed, though, unfortunately, leaving you exhausted and tired. Carmen’s comradery behaviour in assisting you during your illness in most praiseworthy. I am glad to hear that the worst of your physical troubles has passed, and I am confident that your youth will help you in a speedy recovery of your health.
Yes, my good Nicolás, I have received several letters to which it has been impossible for me to correspond individually, but on account of your illness I did not want to you to answer them for me. However, being that you ask me for them, I pass to tell who the comrades are who have written me, that you may acknowledge them receipt of their letters. As there are now correspondents, please tell them that I am allowed to write but three letters a week, but I can received as many letters as my friends should send me.
            You may send to our San Luis Potosí comrades the articles, stories, speeches you like most, dear Nicolás, as I have no clear memory of all I have written. Anita was notified a few days ago that she can attend your request. I received an encouraging letter from the comrades of “Ateneo Sindicalista de la Habana” whose fraternal sentiments I deeply appreciate. Their address is: “ Ateneo Sindicalista”, Figuras 35 y 37, Habana, Cuba. Letter from comrade George Sánchez, R. 2, Box 60, Robston, Texas, with friendly greetings. Letter from F. Jaúregui, Consulado México, Elduayen 20, Vigo, España. Jaúregui is an old friend of mine from whom I had not heared since 1905. Tell him that Enrique is not in prison. Letter from comrade Napoleón  García, Box 24, Herryville, La; he salutes and ask for Enrique’s address. Letter from comrade Ruby Herman, with salutation form her courageous husband, Emil, and the imprisoned comrades at McNeil Island, Three letters, and several postal cards from comrade Marie Rhein. Finally, a letter from our Tomás Farrel Cordero, dated in Mazatlán the 5th of last February, with fraternal greetings. His address is: Avenida Benito Juárez no. 41, Mazatlán, Sin. , México, but he wish that letters for him be sent to his mother in law, Mrs. Refugio R. de Muñoz, 3818 Compton Ave., Los Angeles, Cal., as she will forward them to him. He ask for information to work in our behalf. Tell him that Enrique is not here, but free since last September. These are the letters I have not answered. I am to glad to hear about comrade Ramírez, and as to comrade Ellen Pass, please ask her whether a letter I wrote to Joe on the first days of last March was received. To all these comrades I send my fraternal love with best wishes. Now, I am going to pass to another subject. Oh! my regards to comrade Ruiz, too.
            You do not know yet that my New York friends demanded my freedom again from the government officials, on the ground of my growing infirmity. The new Attorney General, on the 15th of last March, 1 in substance answered the following: that though is true that I am going blind; I am not already blind; that though my health is not good in general, I am not as yet in agonizing condition and that being the Judge and the District Attorney of my trail opposed to my being released, I have to remain behind prison bars. Thus, there is no hope for one ever getting out, unless I should ask for a pardon, which is what they seek, and this is I will never do. You know why. my dear Nicolás, you know why.  It is not because I am brave, which I am not. I dread prison life. I feel miserable. A lover of the Beautiful, I am confronted with ugliness. Within prison walls I feel debased, and humiliated, but all the humiliation I suffer is not comparable to the one I would feel, had to get these gates opened for me at the cost of my honor. The dread of this suffering is what gives me the appearance of a fearless fighter.
            It is time to close this letter. Be a good cheer. Time is passing, and does not pass in vain. There is something stirring in the bosom of the masses. What is it? It is a fecund craving for freedom? No; they have never know what freedom is to feel a thirst of it. It is a feeling of uneasiness which has seized them. They do not know what is it, though they presume that something is wrong. Alas! it encouraging that at last they should feel dissatisfied. Dissatisfaction is fruitful, and I see with joy this fecund malady infecting even the most patient and resigned races of the world. There is hope! Cheer up!
Please give my fraternal love to Carmen and Jesús, and all the other good comrades. Hoping that your next letter will bring the happy news of your complete recovery, and with a fraternal embrace, I remain
Fraternally yours,

 

Penitenciaría Federal de los Estados Unidos. Leavenworth, Kansas

6 de abril de 1921
Mi estimado Nicolás:
            Con un sentimiento de tranquilidad, estoy respondiendo a tu muy apreciada y bienvenida carta del 26 de marzo pasado, por la que me enteré de que lo más crítico de tu enfermedad ha pasado, aunque desgraciadamente te haya dejado exhausto y débil. Es muy meritorio el amistoso comportamiento de Carmen al cuidarte durante tu enfermedad. Me alegra saber que lo peor de tus padecimientos físicos ha pasado, y confío en que tu juventud contribuirá a la pronta recuperación de tu salud.
            En efecto, mi buen Nicolás, he recibido varias cartas a las que me ha sido imposible responder en forma individual; sin embargo, en consideración a tu enfermedad, no quisiera que las contestaras en mi nombre. Pero ya que me tú me lo pides, te informo acerca de los camaradas que me han escrito para que puedas acusarles recibo de sus cartas. Como ellos quieren entablar correspondencia, diles por favor que sólo estoy autorizado a escribir tres cartas por semana, pero que puedo recibir cuantas cartas quieran enviarme mis amigos.
            A nuestros camaradas de San Luis Potosí, puedes enviarles los artículos, relaciones, discursos que tu prefieras, mi estimado Nicolás, pues no recuerdo con precisión todo lo que he escrito. Anita 2 recibió instrucciones hace unos días para que te proporcione lo que le solicites. Recibí una carta muy estimulante de los camaradas del “Ateneo Sindicalista de la Habana” cuyos sentimientos fraternales agradezco; su domicilio es: Figuras 35 y 37, Habana, Cuba. Carta del camarada George Sánchez, R. 2, Box 60, Robston, Texas, con saludos amistosos. Carta de F. Jáuregui, Consulado de México, Elduayen 20, Vigo, España; Jáuregui es un viejo amigo mío de quien no tenía noticias desde 1905; dile que Enrique no está en la cárcel. Carta del camarada Napoleón García, Box 24, Herryville, La; envía saludos y pregunta por el domicilio de Enrique. Carta de la camarada Ruby Herman, con saludos de su valiente esposo Emil y de los camaradas presos en Isla McNeil. Tres cartas y varias tarjetas postales de la camarada Marie Rhein. Por último, una carta con saludos fraternales de Tomás Farrel Cordero, fechada en Mazatlán el 5 de febrero pasado; su dirección es: Avenida Benito Juárez No. 41, Mazatlán, Sin., México; pero desea que se le envíen sus cartas a su suegra, la Sra. Refugio R. de Muñoz, 3818 Compton Ave., Los Angeles, Calif., pues ella se las reexpedirá; pide información para trabajar con nosotros; dile que Enrique no está aquí, sino que fue puesto en libertad desde el pasado septiembre. Estas son las cartas que no he contestado. Me alegro de tener noticias del camarada Ramírez, y, por lo que toca a la camarada Ellen Pass, por favor pregúntale si Joe recibió la carta que le escribí a principios de marzo pasado. A todos estos camaradas les envío mi afecto fraternal y mis mejores deseos. Voy a pasar ahora a otro tema. Pero, ¡Ah! mis saludos también para el camarada Ruiz.
            Aún no estás al corriente de que mis amigos de Nueva York solicitaron de nuevo mi libertad a los funcionarios del gobierno en consideración al agravamiento de mi enfermedad. El pasado 15 de marzo, el nuevo Procurador General respondió, en suma, lo siguiente: Que si bien es cierto que estoy perdiendo la vista, todavía no estoy ciego; que aunque mi salud no sea buena en lo general, no me encuentro aún agonizante, y que, puesto que el Juez y el Fiscal de Distrito de mi causa se oponen a mi liberación, tengo que seguir tras las rejas de la cárcel. Por lo tanto, no tengo esperanzas de llegar a salir algún día, a menos que solicite el perdón, que es lo que pretenden: pero eso es algo que yo no haré nunca. Tu sabes por qué, mi buen Nicolás, tu bien lo sabes. No es porque sea valiente, pues no lo soy. Detesto la vida carcelaria. Me siento miserable. Siendo un amante de lo Bello, estoy inmerso en la fealdad. Tras los muros de la prisión, me siento degradado y humillado; sin embargo la humillación que sufro no es comparable a la que sufriría si abriera estas puertas a costa de mi honor. El horror que me causa esa humillación es lo que me da la apariencia de guerrero temerario.
            Ha llegado el momento de terminar esta carta. Anímate. El tiempo pasa, y no pasa en vano. Algo se está agitando en el seno de las masas. ¿Qué es? ¿Es un fecundo anhelo de libertad? No, la masas nunca han sabido lo que es la libertad, ni han sentido la sed de ser libres. Se trata de una sensación de desasosiego la que se ha apoderado de ellas. No pueden identificarla, pero sospechan que algo está mal. Pero—¡Oh!—es prometedor que, por lo menos, se sientan insatisfechas. La insatisfacción es fructífera, y observo con alegría que ese fecundo malestar esté infectando hasta a las razas más pacientes y resignadas del mundo. ¡Hay esperanza! ¡Animo!
            Te ruego transmitir mi afecto fraternal a Carmen y Jesús, y a todos los demás buenos camaradas. Esperando que tu próxima carta me traiga la feliz noticia de tu completo restablecimiento. Me despido con un abrazo de hermano.
            Fraternalmente.
Ricardo Flores Magón

1 Vid. supra n.66.

2 Refiérese a Ana Monreal.