Leavenworth, Kansas, May 17th, 1921

Miss Ellen White
New York, N. Y.

My dear comrade:
Everything has been received -the book, the candy, the letter, the pansies, the verses. How could I repay such a boon? Book, candy, letter pansies and verses are the expression of feelings which no gold can buy, for they are not a commodity available in the market -there has not yet been set up a feelings’ manufacturing plant in spite of the utterly commercialized era in which we breathe. Greed has been impotent to put its shaking, yellow fingers on this essence of the soul. True, there are false feelings which are made to pass as genuine ones, but not to the expert who is apt to discern the diamond from the glass, however beautiful the latter might appear. Feelings will thus remain to be the elusive fluid that a marvelous alchemy yield in the finer and more exquisite recesses of one’s being, and whose mysterious waves spanning space  and time in a generous errand of brotherhood and love, reach the responsive chords of sympathetic hearts which they set a-quiver. The sympathetic response of my heart to your good feelings is the only payment I can make, and I do it with the only word the poor human lexicon has for it -thanks…
            The verses do you honour, oh, sweet poetess! How could you imprison in a few lines this universal yearning for Peace and Freedom. In a few words you put before my astonished eyes the healthy tide that will wash away the wrecks and ruins, swelling, swelling, swelling. It is the universal sorrowness the human bosom could no longer hold, and is now an ocean of bitter waves each one claiming the privilege of drowning the monster that for so long kept humanity from Life. It was nice of you to accompany the gift with a gem of your splendid self.
            You wonder whether they know what they are doing. Oh, they know what they do! They are conscious of their crookedness, both the oppressors and the oppressed. The strong instinct of sociability smoulders in everyone of them, but they keep it within bounds when they found it impossible kill it, for this instinct is a curb to oppression for the oppressor, and a restraint to ambition for the oppressed. This instinct leads to love and mutual aid, and its death is imperative if one does not wish to be trampled upon by the oppressor, alas! and for the ambitious oppressed as well. They know what they do, my dear Ellen, they know. They know they do wrong, but have not the courage to do good -social relations having become so rotten among men that it is easier and safer to do evil than to behave well. Under this conditions Truth is abhorred, and in fact carries ruins in itself -the merchant could not sell his wares  should he be a worshiper of Truth; the politician could not succeed had he to act honourably. There is no one candid enough as to believe that fraud is good; all them know it to be a disgrace to the dignity of Man, but they appease their conscience with the conclusion that it is necessary, that it is indispensable and unavoidable evil. Thus, sincerity is out of question in human relations, and if anyone feeling  within himself an irrepressible urging to act manly does so, he is doomed to extinction -the wolves of every social stratum, oppressors and oppressed, revengefully bounce upon him, for deceit’s sake, to save artfulness and cunning, to make fraud prevail. Oh, they know what they do, my good, dear Ellen! But no one can betray Nature without calling upon himself her stern punishment -they have tried to stifle the social instinct of brotherhood and love, and as a consequence suffering is on the increase, and the tide your keen inner vision saw and put before my eyes is swelling, swelling, swelling. The number of those disgusted with this artificial, unhealthy social intercourse is augmenting as it  was never witnessed in any historical period.  How long will the tide take to arrive to the shores of shame and crime? No one knows, but it is enough to see its coming to feel oneself hopeful and happy.
            Do not feel apprehension, my good Ellen, for having sent me candy. I eat it. I am not subjected to any special diet.
            How good your dear letter of the 8th inst. has done me. It even made me feel younger… Something of your youth crept within me, my generous comrade, and something of your grace and goodness, too. I can say only thanks, and I am even thankful to my chains in that they made it possible for me the acquisition of a friend like you. Everything good must be gotten through pain. -Freedom, Justice a friendly heart. Such boons are worthy of one’s sacrifice, and I do not complain. Thanks again, many thanks, good friend of mine.
            With love to Erma, all our good comrades, and you, I say good-bye this time.

Ricardo Flores Magón

Leavenworth, Kansas, a 17 de mayo de 1921

Srita. Ellen White,
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:
He recibido todo: el libro, los dulces, la carta, las flores de pensamiento, los versos. ¿Cómo podría yo corresponder a semejante obsequio? Libro, dulces, carta, pensamientos y versos son la expresión de sentimientos que ni todo el oro del mundo podría comprar, porque no son mercancías disponibles en el mercado. Aún no existe una planta manufacturera de sentimientos, a pesar de la comercialización a ultranza característica de la era en que vivimos. Codicia ha sido impotente para meter sus dedos temblorosos y amarillentos en esto, que es la esencia del espíritu. Es cierto que hay sentimientos falsificados que se intenta hacer pasar por genuinos, pero nunca lo serán para el experto capaz de distinguir al diamante del vidrio, por más hermoso que éste pueda parecer. Así, Sentimientos seguirán siendo ese fluido elusivo de una maravillosa alquimia, abrigados en los más delicados y más exquisitos rincones del propio ser, y cuyas misteriosas vibraciones, al difundirse a través del tiempo y del espacio como generosos mensajeros de fraternidad y amor, alcanzan las cuerdas resonantes de los corazones afines, a los cuales hace estremecer. La respuesta de mi corazón, al vibrar en armonía con sus buenos sentimientos, es la única retribución que puedo hacer, y lo hago con la única palabra que el glosario humano tiene para estos casos: ¡Gracias!
            Sus versos la honran, ¡oh, dulce poetisa! ¿Cómo puede aprisionar en unas cuantas líneas este anhelo universal de Paz y Libertad? Pone ante mis ojos asombrados, con muy pocas palabras, la marea saludable que barrerá naufragios y ruinas con sus olas y olas y olas. Esa es la desgracia universal que el pecho del ser humano ya no puede contener, y que ha llegado a convertirse en un océano de amargas olas, cada una de las cuales se disputa el privilegio de ahogar al monstruo que durante tanto tiempo ha privado a la humanidad de Vida. Fue un bello gesto de su parte acompañar sus presentes con gemas de su espléndido ser.
            Se pregunta si saben lo que están haciendo. ¡Oh, lo saben muy bien! Tanto opresores como oprimidos están conscientes de su deshonestidad. El poderoso instinto social bulle en cada uno de ellos, pero lo restringen lo más posible cuando no consiguen aniquilarlo, porque este instinto es un freno para la explotación del opresor, y un obstáculo para la ambición del oprimido. Este instinto promueve el amor y la ayuda recíproca; es imperativo eliminarlo si no se quiere ser pisoteado por el opresor ni tampoco—¡Ay!—por el oprimido ambicioso. Ellos saben muy bien lo que hacen, mi querida Ellen, ellos lo saben. Saben que hacen mal, pero no tienen el valor necesario para hacer el bien. Las relaciones sociales entre los hombres se han pervertido tanto, que es más fácil obrar mal que conducirse correctamente. En estas circunstancias, Verdad es aborrecida porque acarrea su ruina: el mercader no podría vender sus mercancías si estuviera comprometido con la verdad; el político no tendría éxito si actuara honorablemente. Nadie es tan cándido como para creer que el fraude es bueno; todos saben que es una injuria a la dignidad del Hombre, pero apaciguan su conciencia con la conclusión de que es un mal necesario, indispensable e inevitable. Así es como la sinceridad ha quedado excluida de las relaciones humanas, y si alguien, sintiendo en su interior el impulso irrefrenable de comportarse como un Hombre, así lo hiciera, estaría condenado a la extinción: los lobos de todos los estratos sociales, opresores y oprimidos, saltarían vengativos sobre él… invocando la mentira, la preservación de la astucia y del engaño, la preeminencia del fraude. ¡Oh, ellos saben lo que hacen, mi buena y querida Ellen! No obstante, nadie puede traicionar a Natura sin que pueda evitar acarrear su severo castigo sobre su cabeza. Han pretendido eliminar el instinto social de fraternidad y amor; y, como consecuencia, el sufrimiento está aumentando, y esa marea, la que su aguda visión interior captó y que usted puso ante mis ojos, está creciendo, creciendo, creciendo. El número de quienes están inconformes con esta forma artificial y perniciosa que se impuesto a las relaciones sociales va en aumento como nunca antes, en ningún período de la historia, había sucedido. ¿En cuánto tiempo más esa marea alcanzará las costas de la infamia y del crimen? Nadie lo sabe; pero basta con ver que se aproxima para que uno se sienta esperanzado y feliz.
            No se preocupe, mi buena Ellen, por haberme mandado esos dulces. Puedo comerlos. No estoy siguiendo ninguna dieta especial.
            ¡Cuánto bien me hizo su carta del día 8! Hasta me hizo sentir joven… Me contagió algo de su juventud, mi generosa camarada, y algo también de su gracia y de su bondad. Sólo puedo darle las gracias; me siento agradecido hasta de mis cadenas, porque gracias a ellas he conseguido entablar amistad con alguien como usted. Todo lo bueno tiene que ser conseguido por medio del dolor. Libertad, Justicia, un corazón amigo. Son tesoros que bien valen el sacrificio propio, y no me quejo. Gracias de nuevo, muchas gracias, buena amiga mía.
            Con amor para Erma, para nuestros buenos camaradas y para usted, me despido.

Ricardo Flores Magón.