Leavenworth, Kansas, May 31st, 1921

Miss Ellen White
New York, N. Y.

My dear comrade:
You certainly was in a jocular mood when you wrote those lines referring to my having admitted any possession of “charms”. I used the  word “chains”. not “charms”. The interest you exhibit regarding María and Lucia is touching;. for these to creatures, with Carlos, Lucia’s seven year old son, are the beauty of my life. These three beings love me and their pure, disinterested, abnegate love makes me happy, and I am thankful to them, and love them, and adore them, because while their love has made me happy, it has only won them tears and suffering… Lucia and María have been in jail for my sake, the dear tender creatures. In 1912, while I was being tried with others for having helped the Mexican peon to break their chains, one of the witnesses of the prosecution so cynically lied, that Lucia grew indignant and slapped the liar in the face. The judge of my trial must have thought of the justice that assisted her, for he only reprimanded her, but few days afterwards, when sentence was passed on one and the other comrades. and friends and sympathizers made a demonstration that the brutality of the police converted into a riot, Lucia, who was conspicuous among the demonstrators, got arrested, savagely ill-treated and thrown into a dungeon occupied by degenerate drunken women and teeming with vermin. She is daring and has a keen sense of justice. My ideals are her ideals. I think, my dear comrade, that this detail of my daughter’s character is a fit answer to your inquiring about her. María’s case 1 has not come up yet. It has been continually postponed since July, l918, when she was arrested. She remained five months in the county jail, for there was no one willing to go on bond for her. While in jail she was put to terrible tasks, and as she suffers from the womb, fell dangerously ill. Her critical condition aroused at length humane feelings among the ones who have money, and $ 5000 bail was provided for her release. She was indicted under the espionage law. She is very brave, and my ideals are hers. She loves what I write or what I say on the platform, and her applause is in grand part responsible for my endeavor in seeking becoming forms of expression. She loves what is beautiful, and I rack my brain to make it yield what her lovely soul needs. I have to please her taste, and I do it with all my heart -my greatest pleasure is to give pleasure to those I love. As to my Carlitos, he is a beautiful, unusually intelligent child, and very fond of me. I love him with immeasurable love. In fact, I am crazy for him, and he deserves all love, for he is sweet and nice. He began to attend the Walt Whitman rationalist school some time ago, but bad financial conditions compelled María and Lucia to move to a remote quarter of the city, and he could not go to his classes any more. They are now trying to move again to a place in the school’s neighborhood, as they abhor the idea of Carlitos mind getting spoiled by the common bourgeoisie education. Do you want to know anything more, my dear Ellen? -You certainly do not intrude. You are most welcome to my paradise. The beautiful flowers in it are to be seen precisely by pure, courageous souls like  yours. I cannot grudge you any information regarding the three tender creatures whose love for me has only won them tears and suffering and tears which they think amply compensated by a word of endearment softly whispered in their ear by me.  
            My cold? I just recovering from an unusually severe attack of the dreadful ailment that lasted to weeks. I was very, very ill. 2 I do not say any more about it. because I think it to be tiresome for my friends to be told of my ailments each time I write them, and besides this, I hate to waste my too pages with gruesome narratives of the miseries of my old, ill-treated flesh. I want my two allotted pages to be the conveyors of this something which stirs within me shouting for expression; of this mysterious craving which preys upon my soul urging it to find the fountain that must forever quench its formidable thirst. Two pages are too precious to be converted into the vehicle of a load of carrion. I prefer to send you flowers, flowers fresh from the garden of my soul. But, lo! the two pages are gone without having taken the flowers… I beg your pardon, my good Ellen, and I assure you that the next to pages for you  will be crammed with many, many flowers.
   Please tell, Mr. Weinberger I have his last letter wherein he says the copies will be sent. I heartily thank him for his unlimited kindness. As for the catalogue, please throw it away.
With love to our beloved Erma and all the good comrades and to you, I say good-bye.

Ricardo Flores Magón

                                                Leavenworth, Kansas, a 31 de mayo de 1921

Srita. Ellen White,
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:
            Con seguridad estaba usted de talante bromista cuando escribió que yo había admitido estar sometido de alguna manera a “hechizos”. Yo emplee la palabra “cadenas” [chains], no “hechizos” [charms]. Es conmovedor el interés que usted muestra con respecto a María y a Lucía, porque estas dos criaturas, con Carlos, el hijo de siete años de Lucía, constituyen lo más bello de mi vida. Son tres seres que me aman; y su amor puro, desinteresado y abnegado me hace feliz, y les estoy agradecido y los amo y los adoro porque, mientras que su amor me colma de felicidad, el mío sólo les ha causado lágrimas y sufrimientos … Lucía y María, esas tiernas criaturas, han sufrido la cárcel por mi causa. En 1912, mientras yo estaba siendo procesado con otros por haber ayudado al peón mexicano a romper sus cadenas, uno de los testigos de cargo mintió con tal cinismo, que María se indignó y abofeteó al mentiroso. El juez de mi causa debió haber considerado que la justicia la asistía, pues se limitó a llamarle la atención. Sin embargo, unos días más tarde, cuando algunos de los camaradas fueron sentenciados, los amigos y simpatizantes realizaron una manifestación que la brutalidad de la policía convirtió en motín. Lucía, que se mantenía ecuánime entre los manifestantes, fue detenida, salvajemente maltratada y arrojada a una mazmorra que hervía de alimañas y estaba ocupada por mujeres ebrias y degeneradas. Ella es valiente y tiene un agudo sentido de justicia. Mis ideales son sus ideales. Me parece, mi querida camarada, que este detalle del carácter de mi hija responde a su pregunta acerca de cómo es. El caso de María aún está pendiente de juicio. Ha sido pospuesto una y otra vez desde julio de 1918, fecha en que fue aprehendida. Permaneció cinco meses en la cárcel del condado porque no había nadie dispuesto a depositar la fianza a su favor. Mientras estuvo en la cárcel, fue obligada a hacer los más terribles trabajos; y, como ella padece de la matriz, cayó gravemente enferma. Lo crítico de su enfermedad finalmente movió los sentimientos de los que tienen dinero, y se depositaron los $5,000 [dólares] de fianza necesarios para que fuera puesta en libertad. Fue encausada bajo la ley de espionaje. Ella es muy valiente, y mis ideales son los suyos. Admira mis escritos y mis palabras en la tribuna; su aplauso es en gran medida responsable por mis afanes en busca de formas de expresión adecuadas. Ama lo que es bello, y yo exprimo mi cerebro para sacarle lo que necesita su alma encantadora. Me siento obligado a satisfacer su gusto, y lo hago de todo corazón: mi mayor dicha estriba en dar placer a los que amo. Por lo que toca a mi Carlitos, es un niño hermoso, extraordinariamente inteligente y muy apegado a mí. Lo amo con un amor inconmensurable. En realidad, estoy loco por él, y él merece todo el amor porque es dulce y gentil. Hace algún tiempo, empezó a asistir a la escuela racionalista Walt Whitman, pero las malas condiciones económicas obligaron a María y Lucía a mudarse a un barrio alejado de la ciudad, y a inscribir a Carlitos en la escuela de la localidad, pues detestan la idea de que la mente de Carlitos sea echada a perder por la educación burguesa ordinaria. ¿Hay algo más que quisiera saber, mi querida Ellen? Le aseguro que no será una indiscreción. Usted es bienvenida a mi paraíso. Las hermosas flores que ahí se dan, se dan precisamente para el disfrute de espíritus puros y valerosos como el suyo. No puedo escatimarle ninguna información acerca de esas tres tiernas criaturas, cuyo amor por mí sólo les ha valido lágrimas y pesares, pesares y lágrimas que ellos consideran ampliamente compensados por una palabra mía de cariño suavemente susurrada en sus oídos.
            ¿Mi resfriado? Precisamente me estoy recuperando de un ataque particularmente severo de ese temible padecimiento que duró dos semanas. Estuve muy, muy enfermo. No abundo en el tema porque creo que es desagradable para mis amigos que les hable de mis enfermedades cada vez que les escribo; y, además, porque detesto desperdiciar mis dos páginas en el fastidioso relato de los achaques de mi viejo y maltrecho cuerpo. Quisiera que las dos páginas que me conceden fueran el vehículo de esto que se agita en mi interior y clama por ser expresado, de esta misteriosa urgencia que atormenta mi espíritu apremiándolo a encontrar el manantial en el que pueda saciar para siempre su sed insaciable. Estas dos páginas son demasiado preciosas para convertirlas en el vehículo de un fardo de carroña. Prefiero enviarle flores, flores frescas del vergel de mi espíritu. Pero las dos páginas—¡Ay!—se han agotado sin haber recibido su cargamento de flores … Le pido perdón, mi buena Ellen; le prometo que las próximas dos páginas irán colmadas de muchas, muchas flores.
            Por favor dígale al Sr. Weinberger que recibí su última carta en la que me comunica que las copias serán enviadas. Le agradezco de todo corazón su ilimitada amabilidad. Por lo que toca al catálogo: tírelo, por favor.
            Con amor para nuestra queridísima Erma y para todos los buenos camaradas, lo mismo que para usted, me despido.

Ricardo Flores Magón.

1 Vid. supra n. 93.

2 Según el expediente RFM no fue remitido a la enfermería entre el 15 de feberero y el 12 julio de 1921.