[November 7h of 1921]

Gus Teltsch
Lake Bay, Wash.

My dear Gus:
How mindful you are. Yes, winter is approaching and the woolen articles you propose to get for me would be most needed; but I have a hope of getting released before long. My New York friends are moving to get my sentence commuted on condition that I agree to be deported; and it seems as if the move  is going to succeed, as it may be seen from a recently received  letter from Harry Weinberger. The letter reads thus: “I took up your case in Washington yesterday and they were disinclined to allow you  freedom in the United States, and insisted that we should give bail for the two months. I thought there would be no difficulty in raising the $5,000 for you, to give you a few months’ freedom; and, meanwhile, I think you should write to your friends to get the bail ready, as I think there is a strong possibility that they will be taking action in your case very shortly.”
            I need those two or three months’ freedom in this country to attend to my eyes and, in the meanwhile, prepare all things necessary for the moving of my family to the City of Mexico. You see, my dear Gus, what is needed is a $5,000 bond; and I beg you to communicate this to our Seattle and Tacoma friends, as perhaps one of them could get a good soul willing to furnish bail for me please tell him or her to communicate with Mr. Harry Weinberger, 32 Union Square, New York City.
            I need too, money to move my family, and money still to start my work in Mexico. I have resided in this country 18 years, and the greater part of that time I have spent behind prison bars and eluding the sharp eyes of the police. Under such conditions  no money could be saved in the brief periods between persecutions, for you know a dreamer’s propaganda may entail the hatred of the wealthy, but no profits. Thus I need money and I beg you to explain it so to friends. If any money is gotten please send it to Comrade T. Bernal, 1279 79th Ave., Oakland, California.
            It is my purpose to start anew the publication of “Regeneración” in the city of Mexico. Thus I need a print shop, as I want also to publish my dramas and other literary works.
            I feel very uncomfortable when I have to ask for monetary help, but I cannot find any other way of me. Under the conditions we human live now money is needed for every thing, for good as for evil. I detest money. I cannot see a dollar without thinking of the amount of suffering and degradation it represents. Is not the blood of our brothers in it? Can anyone calculate how many tears or how many sighs have entered into making of a piece of coin? It is with a shudder that I think of the wage slave staking his health , his life, his future, his all, to the acquisition of this dollar, of this false piece of metal that will not give him in return the amount of happiness equal to his sacrifice. And who can say that this dollar is not the vile coin stealthily slipped into the tremulous hand of the informer for information leading to the doom of a good soul? Or may it not be that this dollar was the price of a caress that under healthy social conditions only love can get it?
            Oh, the story of a piece of money is appalling. No one knows if the dollar now lying in his hand has ever bought the blood, the tears or the shame of a fellow men or woman? It can buy it everything -virtue, honor, fatigue, life. Yet under the present conditions we cannot do without the detested piece of metal. But as it is the instrument of oppression it can be used as an instrument of liberation, making it possible by its means to carry to the minds of our unfortunate brothers and sisters the fire that glows in ours -the sacred fire that makes men and women thirst for justice and freedom.
            From your comrade,

Ricardo Flores Magón

 

[Noviembre 7 de 1921]

Gus Teltsch
Lake Bay, Wash.

Mi querido Gus:
Recibí tu apreciable carta del 2 de este mes. Como todas tus cartas, es bella y fraternal. ¡Qué considerado eres! En efecto, el invierno se acerca, y las prendas de lana que te propones conseguir para mí me son muy necesarias, aunque espero ser puesto en libertad dentro de poco. Mis amigos de Nueva York se están moviendo para que se me conmute la sentencia a condición de que acepte ser deportado; y parece que su iniciativa está funcionando, como se puede deducir de una carta reciente de Harry Weinberger. Su carta dice lo siguiente: “Ayer presenté su caso en Washington; ellos se mostraron reacios a concederle libertad en los Estados Unidos, e insistieron en que usted tendrá que depositar fianza por los dos meses. Me pareció que no habría dificultad para reunir esos $5,000 de su fianza, que le permitiría gozar de algunos meses de libertad. Mientras tanto, me parece conveniente que usted escriba a sus amigos para tener disponible la fianza, pues pienso que hay buenas posibilidades de que muy pronto se tomen disposiciones con respecto a su caso.”
              Necesito disponer de esos dos o tres meses de libertad en los Estados Unidos para cuidar de mis ojos y, al mismo tiempo, hacer los arreglos para trasladar a mi familia a la Ciudad de México. Como ves, mi estimado Gus, son indispensables esos $5,000 para la fianza, y te ruego se lo digas a nuestros amigos de Seattle y de Tacoma porque tal vez alguno de ellos conozca a alguna persona buena que esté dispuesta a depositar la caución para mí; diles, por favor, que se comuniquen con el Sr. Harry Weinberger, al 32 de Union Square, Ciudad de Nueva York.
            También necesito dinero para el viaje de mi familia, y dinero para iniciar mi trabajo en México. He vivido 18 años en este país, y la mayor parte del tiempo lo he pasado tras las rejas de la cárcel o eludiendo los ojos penetrantes de la policía. En esas condiciones, es imposible ahorrar ningún dinero en los breves periodos entre persecuciones porque, como tu sabes, el proselitismo de un soñador acumula el odio de los ricos, pero ninguna ganancia. En suma, necesito dinero, y te ruego explicárselo a los amigos. Si es posible reunir alguna suma, por favor envíenla al camarada T. Bernal; 1279, 79th Ave., Oakland, Calif.
            Tengo la intención de reiniciar la publicación de “Regeneración” en la Ciudad de México. Por eso necesito una imprenta, pues también quiero publicar mis dramas y otras obras literarias.
            Me molesta mucho tener que solicitar ayuda monetaria, pero no veo ninguna otra posibilidad. Bajo las condiciones en que actualmente vivimos los seres humanos, se necesita dinero para todo, para bien y para mal. Odio el dinero. No puedo ver un dólar sin pensar en la cantidad de sufrimiento y degradación que representa. ¿Acaso no está ahí la sangre de nuestros hermanos? ¿Puede alguien calcular cuántos lágrimas o cuántos suspiros ha cobrado la elaboración de una moneda? Me estremezco al pensar en el salario del esclavo que sacrifica su salud, su vida, su futuro, todo su ser, para ganar ese dólar, ese pedazo de metal falso que no le devolverá un caudal de felicidad equiparable al monto de sus sacrificios. ¿Y quién podría asegurar que ese dólar no es la moneda vil disimuladamente deslizada en la mano temblorosa del traidor a cambio de sus denuncias que hundirán en la desgracia a un buen hombre? O, ¿no podría constituir ese dólar el precio de una caricia que, en circunstancias sociales saludables, únicamente el amor podría motivar?
            ¡Oh, cuán asombrosa puede ser la historia de una moneda! ¡Nadie puede saber si el dólar que ahora está en la palma de su mano ha sido adquirido al precio de la sangre, de las lágrimas o de la vergüenza de algún semejante, hombre o mujer! Todo lo puede comprar: virtud, honor, fatiga, vida. Y, sin embargo, nada podemos hacer en la presentes circunstancias sin ese odiado pedazo de metal. Pero igual que como instrumento de opresión, puede ser empleado como una herramienta para la liberación, posibilitando que, con su ayuda, comuniquemos a las mentes de nuestros desafortunados hermanos y hermanas el fuego que abrasa las nuestras, el fuego sagrado que provoca en hombres y mujeres la sed de justicia y de libertad.
            No quedándome sino unas cuantas líneas, pongo punto a mi carta. Te ruego envíes mis mejores recuerdos a Zogg, y da mi cariño a todos nuestros camaradas. Recibe, mi buen hermano Gus, un fuerte abrazo de tu camarada.

Ricardo Flores Magón