[Fragmento]
April 26, 1922

[Nicolás T. Bernal:?]

My ailments do not yield, and I feel continually weaker, physically supposedly, since as far as my will is concerned, that is the same as ever. I animate myself in order to see if my poor flesh re-acts and can resist victoriously the fearful tuberculosis which is threatening me, and ward off for some time the total loss of my sight. My only hope of being able to recover my health is liberty, change of climate and mode of living; but this hope is so feeble….
There is not the slightest indication of a speedy liberation. Nevertheless, I do not complain, since I am only one responsible for the miserable condition in which I find myself. The slave is not to blame for my being loaded with chains, since never did he charge me with the task of liberating him from his yoke. I myself imposed this task upon myself, I myself, elected myself his defender. The fault is mine, not his. But I do not repent of my misdoing, because my conscience tells me that I did well, that I fulfilled my duty as a man, and the voice of my conscience satisfies me, its sanction comforts me. If my presence here were due to having attempted to rise over weak men but no, that which I attempted in reality was to raise the weak upon my shoulders in order to make him see that to which he could not attain perception; the beauty of a new life for the human race, based on justice and love. My intention was generous, but my shoulders were weak and I fell… fell among the laughter and spitting of the strong, alas, and that of the weak also. But I do not repent of having acted as I did act; I do not lament the loss of wealth and power, with which I was tempted during my stormy existence; the only which I deplore is not have had more solid shoulders in order to have raised the weak towards that Promised Land which the eyes of my mind saw and in which there are neither weak nor strong, but only brothers, and friends. This is my affliction; but I am confident that shoulders more robust than mine will bring the generous enterprise to a head. After all, I am already old, almost blind, and it is new blood which the Ideal needs. My life is now but a miserable light about to be extinguished, when only those who are needed should light the pathway which leads to human happiness. After all, that is the place suited to me: the shadow of my cell, this antechamber of the eternal shades which impatiently await my arrival. One great consolation I have, and that is that the Promised Land is now at a very short distance from the people, and if there were union, and if there were concord among those who suffer, it would be reached in the twinkling of an eye. Why not achieve this Union? Why not bring about concord among the slaves? Is it not the ideal of those who suffer to end their torments? It is not the common ideal, why split hairs? Why should angry fists be raised, when common interest councils shaking hands? This dispute among brothers saddens me because it retards the dolorous march of human kind towards happiness.
[….]

Ricardo Flores Magón

[Fragmento]
Leavenworth, Kansas, a 26 de abril de 1922

[Nicolás T. Bernal:]

Mis padecimientos no mejoran y me siento constantemente débil, por lo menos en lo físico, puesto que por lo que toca a mi fuerza de voluntad, es la misma de siempre. Me doy ánimos a mí mismo intentando que mi pobre carne reaccione para que pueda resistir victoriosamente a la temible tuberculosis que me amenaza, y retrasar por algún tiempo la pérdida total de mi vista. Mi única esperanza de recuperar mi salud está en la libertad, en un cambio de clima y de forma de vida; pero tal esperanza es tan remota… No hay el menor signo de una pronta liberación. Pese a ello, no me quejo, pues soy el único responsable de la miserable condición en la que me encuentro. El esclavo no merece reproches por estar yo cargado de cadenas, pues él nunca me encomendó la misión de liberarlo de su yugo. Yo me impuse a mí mismo tal empresa; yo me elegí a mí mismo como su defensor. La culpa es mía, no suya. No me arrepiento, sin embargo, de mis errores, porque mi consciencia me dice que hice bien, que cumplí con mi deber de hombre, y la voz de mi consciencia me deja satisfecho, me conforta su juicio. Si mi presencia en este lugar se hubiese debido a un intento por erigirme encima de los más débiles; pero no es así, lo que en realidad intenté fue levantar al débil sobre mis hombros para que pudiera ver aquello que era incapaz de percibir: la belleza de una vida nueva para el género humano, basada en la justicia y en el amor. Mi intención fue tan generosa, como mis hombros débiles, y yo caí… caí en medio de las risas y los escupitajos de los poderosos y—¡Ay!—también de los débiles. Pero, a pesar de todo, no me arrepiento de haber actuado como lo hice; no lamento la pérdida de riqueza y poder, con los cuales fui tentado durante mi tormentosa existencia; lo único que lamento es no haber tenido hombros más sólidos para poder elevar al débil en dirección a la Tierra Prometida que yo he visto con los ojos de mi inteligencia, y en la cual no hay  débiles ni fuertes, sino únicamente hermanos y amigos. Esa es mi aflicción, pero confío en que hombros más fuertes que los míos llevarán a feliz término la empresa. Después de todo, yo ya estoy viejo, casi ciego, y lo que este Ideal requiere es de sangre nueva. Mi vida ya no es más que una luz mortecina a punto de extinguirse; mientras que sólo son necesarios aquellos que sean capaces de iluminar el sendero que conduce a la felicidad humana. De todos modos, este es el lugar que me corresponde: las tinieblas de mi celda, esta antesala de las sombras eternas que aguardan con impaciencia mi llegada. Me queda un gran consuelo: la Tierra Prometida esta ahora a muy corta distancia del pueblo y, si hubiera unión, si hubiera concordia entre aquellos que sufren, se podría alcanzar en un abrir y cerrar de ojos. ¿Por qué no lograr esa Unión? ¿Por qué no hacer nacer la concordia entre los esclavos? ¿No es acaso el fin de sus tormentos la aspiración de los que sufren? Y, si ese es el ideal común, ¿para qué andarse por las ramas? ¿Qué objeto tiene levantar los puños cuando el bien común llama a darse las manos? Esta lucha entre hermanos me entristece porque retrasa la escabrosa marcha de la humanidad hacia la felicidad,
[…]

Ricardo Flores Magón