Penitenciaría Federal de los Estados Unidos. Leavenworth, Kansas.

Mayo 2 de 1922
Señorita Irene Benton
Granada, Minn.

Mi querida camarada:
Tu carta, tan perfectamente calculada para difundir algún calor en mi corazón adolorido, tuvo éxito en su generosa misión, y especialmente la última parte de ella, en donde dices lo que tu querida madre piensa acerca de mí, tocó las más delicadas fibras de mi corazón. Me conmovió casi al punto de derramar lágrimas, porque pensé en mi propia madre, muerta hace tanto tiempo. ¡Hace 21 años! Estaba yo en la prisión en ese tiempo, castigado por haber denunciado la tiranía sangrienta, de Porfirio Díaz, y, por lo tanto, no pude estar al lado de su lecho, no pude darle mi último beso, ni pude oír sus últimas palabras. Esto pasó en la ciudad de México el 14 de junio de 1900, un poco menos de tres años antes de mi venida a este país, como un refugiado político, en busca de libertad.   
            Muchas gracias a ti y a tu querida madre por sus simpatías hacia mí, expresadas en tu hermosa carta.   
            Tu información de la obra realizada ya en los campos de la que está en preparación, es de lo más interesante, pues no puedes imaginarte cuánto amo el campo, las selvas, las montañas. “Los hombres—dices—han estado ocupados en los campos preparando el terreno para recibir la semilla.” ¡Que mundo de emociones y pensamientos fomentan esas pocas palabras en mi ser, porque yo también he sido sembrador, aunque sembrador de ideales… y he sentido lo que el sembrador de semillas siente, y la semejanza de emociones me impulsa a llamarle mi hermano y colaborador. Él deposita sus semillas en las generosas entrañas de la tierra, y yo deposito las mías en los cerebros de mis semejantes, y ambos esperamos, esperamos, esperamos… y las agonías que él sufre en su espera, son mis agonías. La  más pequeña muestra de mala suerte oprime nuestro corazón, y conteniendo su aliento espera que la roturación de la costra de la tierra le anuncie que la semilla ha brotado, y yo, con mi corazón comprimido, espero la palabra, la acción, el gesto que indique la germinación de la semilla en un cerebro fértil… La única diferencia entre el sembrador de semillas y el sembrador de ideales reside en el tiempo y la manera de trabajar, pues mientras que el primero tiene la noche para solaz y descanso de su cuerpo, y, además, espera hasta que la estación sea favorable para su siembra, y solamente planta en donde el suelo es generoso el último no tiene noches ni estaciones del año: todas las tierras merecen sus atenciones y trabajos. Siembra en la primavera así como en el invierno, en el día y en la noche, en la noche y en el día; en todos los climas, bajo todos los cielos y cualquiera que pueda ser la calidad del cerebro, sin tener en cuenta el tiempo… Aunque el rayo truene en las alturas, en donde residen los árbitros de los destinos humanos. 1
            El sembrador de ideales no detienen su obra: camina hacia un futuro que mira con los ojos de su mente, sembrando, sembrando, sembrando. Puños muy apretados pueden agitarse amenazadoramente, y toda la atmósfera que lo vuelve puede temblar y llegar a arder con el odio difundido por aquellos cuyo interés es dejar sin cultivo el cerebro de las masas… El sembrador de ideales no retrocede: el sembrador de ideales continúa sembrando, sembrando, sembrando… Lejos y cerca, aquí y allá, bajo cielos lívidos iluminados por un sol amarillo que, proyectando sus lúgubres siluetas contra ceñudos horizontes que presagian cadalsos, extiende sus siniestros brazos como antenas de monstruosas criaturas engendradoras por la fiebre o producidas por la locura, mientras enormes puertas negras de fierro anhelan por su carne y su alma… El sembrador no retrocede, el sembrador continúa sembrando, sembrando, sembrando… Y ésta ha sido su tarea desde tiempo inmemorial, y éste ha sido su destino aun desde antes de que la humanidad surgiera dignificada y erecta, de la selva, en donde transcurrió su infancia a gastas con los demás cuadrúpedos, la fauna; porque el sembrador de ideales ha tenido siempre una misión de combate; pero sereno y majestuosamente, con un amplio movimiento de su brazo, tan amplio que parece trazar en el aire hostil la órbita de un sol, él siembra, siembra, siembra la semilla que hace avanzar a la humanidad, aunque con grandes tropiezos, hacia ese futuro que él ve con los ojos de su mente…
            ¡Tu carta es tan tierna…! ¡oh, mi querida camarada!; eres tan amable como tu querida madre. Sí, tu simpatía me calma, me hace mucho bien; gracias un millón de veces. Los recortes son muy interesantes y las pinturas muy simpáticas. Ahora me despido.
            Di a Rivera tu recado; está muy agradecido. Tuyo fraternalmente.

Ricardo Flores Magón

1 En Epistolario revolucionario e íntimo, t. III, p. 31, aparece la siguiente nota de los editores: “Por un error del traductor apareció esta frase en ‘Sembrando Ideas’, tomo IV de la Serie en singular. Consultando el original, la encontramos en plural, y no en singular, refiriéndose Ricardo, por medio de una figura retórica, a los hombres que están en el Poder como árbitros de los destinos humanos.” Librado Rivera había escrito a Nicolás T. Bernal el 7 de enero de 1924: “Leí la carta de Ricardo a nuestra buena amiga Irene Benton, publicada en Sembrando Ideas, y noto un error colosal que no sé a quien atribuirlo, si al traductor o al afán de nuestra amiga de aprovechar esa oportunidad para su propaganda religiosa, porque ella sí lo es, a juzgar por las cartas que me ha escrito. Al hablar del Sembrador de ideas, el sembrador siembra a todas horas, en todas las estaciones; ‘sin tener en cuenta el tiempo… Aunque el rayo truene en las alturas, en donde reside el árbitro de los destinos humanos.’ Te subrayo la frase para que veas el disparate. Me atrevo a llamarle así porque Ricardo nunca creyó en un ‘árbitro de los destinos humanos,’ durante los muchos años que lo traté tan íntimamente. Ricardo era un Ateo completo, un filósofo positivista. Jamás se le ha de haber ocurrido escribir a ninguno de sus numerosos amigos o amigas ideas semejantes de elevar sus bellas inspiraciones en un ‘árbitro’ de los destinos del hombre. En ninguno de sus muchos escritos he visto cosa semejante. Te llamo la atención, porque si hay otras cartas por el estilo de esa, se mejor que ni las publiques, porque ante nuestros compañeros anarquistas, cosas de esas desprestigian lejos de recomendar su nombre y su obra… Esa carta sin el ‘árbitro’ es una bella obra literaria, una hermosa obra de arte y de propaganda libertaria al mismo tiempo; pero el árbitro regulador de todas las cosas opaca su brillo.” (AJCV). No existe el original de esta carta.