Penitenciaría Federal de los Estados Unidos. Leavenworth, Kansas

Octubre 29 de 1922
Gus Teltsch
Lake Bay, Wash.

Mi querido Gus:
Recibí tu querida carta de fecha 10 de este mes, acompañada de dos dólares. Mucho te lo agradezco, mi buen amigo.
            Como de costumbre me trajo tu carta frescura y consuelo. Una palabra bondadosa es siempre bien recibida en un lugar en donde el alma se marchita y el cuerpo se pudre. El mundo del proscrito, el universo del cautivo se reduce a un puñado de horribles estructuras encerradas dentro de una pared… Y estoy agradecido de ti, y agradecido de todos los que de tiempo en tiempo me hacen saber, con sus cartas, que más allá de este escabroso escollo hay asoleadas y risueñas playas donde la vida continúa su perpetuo curso.
            Si, tu carta es más bien corta; pero ¿no es suficiente para alegrar el corazón el rayo casual del Sol al través de un cielo torvo? ¿No es suficiente para reunir valor cuando en un círculo de apretados pillos se obtiene el gesto de una mirada amistosa? Veo que uno de los camaradas te escribió con respecto a la suerte de mis alas…  Mis pobres alas no podrán elevarse más, ellas que eran tan amantes de los más audaces vuelos. Débiles y entumecidas están ahora, esperando, esperando, esperando… ¿Por qué ponen a las águilas en jaulas? ¿Por qué..? ¿No saben que para lo que el gusano es una inmensidad, es prisión para el águila? ¿No saben que las alas necesitan el espacio? ¿Que la alas son sagradas?
            Con un suspiro por la Libertad, por la vida, termino esta carta, antes que mis alas se lastimen en su estrecho encierro.   
            Me despido. Mis saludos a todos lo que se recuerden de mi.   
            Tu hermano.

Ricardo Flores Magón