January 4th, 1922

Erma Barsky

The New year has already arrived fresh from the depths of time, and all hearts -mine among them- turn to him anxiously trying to divine what does he bring for us mortals, for everyone of us wants something, and everyone of us pins his hopes in the New Year. But the countenance of the traveler does not betray the nature of the events he has in the store for us.  Freedom is what I most need, and consequently ask him thus: “What dost thou bring me? hath Fate given thee the key to the formidable gates?” And fixing my tired eyes to the starry-dusted face, hardly daring to breathless I should fail hearing the answer, I wait… He does not answer. He does not answer silly questions, but in his gaze, inexpressive of love, or hatred, or pity, or cruelty. I see the indifference of Nature -our heartless, brainless, bloodless mother. Yes, there is scarcely one who has nothing to expect from the New Year, from every New Year, ever since the nebulous emotion we call Hope began to stir in the human heart. I, of course, belong to the hopeful tribe. One year comes and goes, and another comes and goes, finding me as hopefulness has entered in no small degree in the number of circumstances which have determined my revolutionary activity. I have always hoped that a miracle could eventually happen -the advent of Justice in Earth- and most naturally 1922 finds me in the same mood. The New Year. However, is silent; he does not encourage my optimism, he even seems bent on freezing the rosy hopes that glow in my heart. I scrutinize him hoping to being able to decipher the riddle of the Future by some apparently innocuous sign on him, but to no purpose- there is not in him something indicative of his having seen Justice treading towards us.
            I do not despair. However, for I know that Justice is coming. If the New Year does not give me the least hint of the impending miracle, I read its symptoms in the myriad events of human life. I place my hand on the nerves of Humanity, and feel their tension. I lend my ear to the faintest rumor, and detect a gnashing of teeth issuing from all quarters. Disgust is rampant -the oppressor is disgusted, everybody is disgusted. A civilization founded on barbarism is tottering: a civilization based on inequality is about to collapse. Disquietude prevails -the rich hides his coin and the workers smile confident that the muscle of his arm and the brain of his head shall be the bank-notes of tomorrow. 1922 may remain silent, but I know that Justice is coming -my very chains proclaim her proximity, for they were riveted on my old limbs by tremulous hands that feared that my presence in the streets might precipitate her advent..
With comradery love,

Ricardo Flores Magón

4 de enero de 1922

Erma Barsky

Fresco, desde las profundidades del tiempo, ya el Año Nuevo ha llegado y todos los corazones—el mío, entre ellos—se vuelven hacia él intentando ansiosamente adivinar lo que traerá para nosotros, los mortales, porque cada uno de nosotros desea algo, y todos depositan sus esperanzas en el Año Nuevo. Pero el semblante del viajero no traiciona la naturaleza de los acontecimientos que nos tiene deparados. Libertad es lo que más necesito y, por tanto, le pregunto: “¿Qué me habéis traído? ¿Os ha entregado Destino las llaves de las formidables puertas?” Y, clavando mis cansados ojos en esa faz cuajada de estrellas, atreviéndome apenas a respirar, por miedo a no escuchar su respuesta, aguardo… No responde. El no da respuesta a preguntas necias; pero, en su mirada, que no expresa ni amor ni odio, ni piedad ni crueldad, yo reconozco la indiferencia de la Naturaleza—nuestra madre sin corazón, sin cerebro, sin sangre. Alguno apenas, si acaso, habrá quedado de los que nada esperan del Año Nuevo, de cada Año Nuevo, a partir del momento en que esa emoción nebulosa que llamamos Esperanza comenzó a anidar en el corazón humano. Yo, por supuesto, pertenezco a la tribu de los esperanzados. Un año va, otro viene, y año tras año me encuentra [convencido de] que la esperanza ha participado en gran medida y en muchísimas de las circunstancias que han determinado mi actividad revolucionaria. Siempre he esperado que llegue finalmente a producirse el milagro—el advenimiento de la Justicia en la Tierra—y, naturalmente, 1922 me encuentra en la misma actitud. El Año Nuevo, sin embargo, guarda silencio; no alienta mi optimismo, incluso parece inclinado a congelar las rosadas esperanzas que florecen en mi corazón. Lo escudriño con la esperanza de ser capaz de desentrañar el misterio de lo Porvenir, interpretando sus signos en apariencia incongruentes; pero es inútil: nada en él parece indicar que haya visto a Justicia dirigirse hacia nosotros.
            A pesar de ello, no desespero porque sé que Justicia llegará. Aunque el Año Nuevo no me proporcione el menor indicio del milagro inminente, yo leo sus síntomas en innumerables acontecimientos de la vida humana. Coloco mi palma en los nervios de la Humanidad, y percibo su tensión. Presto oído al más tenue rumor, y percibo el rechinar de dientes que emana de todos los rincones. Cunde el disgusto: disgustado el opresor, todo el mundo a disgusto. La civilización fundada sobre la barbarie se tambalea, una civilización basada en la desigualdad está próxima al derrumbe. Reina la inquietud—el rico esconde sus monedas, y los trabajadores sonríen confiados en que la moneda circulante del mañana será la de los músculos de sus brazos y la del cerebro de sus cabezas. Bien puede 1922 permanecer callado, yo sé que Justicia está llegando—mis propias cadenas proclaman su cercanía, porque fueron remachadas en torno a mis viejos tobillos por manos temblorosas que temían que mi presencia en las calles pudiese precipitar su advenimiento…
            Con amor de camarada.

Ricardo Flores Magón.