Leavenworth, Kansas, February 28th, 1922

Miss Ellen White
New York, N. Y.

My dear comrade:
It is your dear, beloved letter of the 22nd of this month which gives me occasion for writing you the present one.
            Yes, I blushed… but there was such sweetness intermingled with my confusion… Thanks, thanks, my beloved comrade! And thanks, too, for all those who love me. Love is a blessing, and I am grateful to you all, to Erma and Owen, to you and Jack.
            Yes, I blushed… and I did it because I saw myself too small in front of such greatness and in my confusion I could only think—how good my comrades are! how good! I understand your feelings at the sight of the scabs. These contemptible creatures are not human beings, are they? They may have the external human appearance, but they have not human sentiments and feeling, those mysterious sentiments and feelings they had, when together with their brothers revolted against the tyranny of the jungle, and became men… These scabs have lost those sentiments and feelings that we call solidarity, and they lost them when they are most needed, when the beasts to be fought and conquered are no longer in the jungle, lurking behind the trees, or laying in ambush in the brakes, or hiding in the darkest corners of the caverns—the beats are now to be found in sumptuous offices in the heart of populous cities, dressed like men, smiling like men, externally behaving like men. The have no claws; they do not bounce upon their prey; they do not strangle human life in the constriction of their formidable coils—the beasts have cunningly modernized their methods. The beast is professor, and teaches the pupils that cooperation is nonsense, and that competition is the only progressive force; the beast is legislator, and makes laws devised to protect his own bestial interests, though apparently made for the protection of the weak; the beast is ruler, and enforces the laws; the beast is minister of some god or other, and counsels obedience, and patience, and resignation…The result is the scab—a human being that has lost through thousands of years of the ruling of the beasts that instinct, that in the dawn of the species, prompted him to stand by his kin to accomplish the breaking down of the tyranny of the jungle. He is no longer human in instincts, but bestial. He does not feel love for his fellow-beings, but hatred, as in everyone he sees a competitor, a rival, an a enemy grimly standing between him and his bread – civilization having atrophied the instincts of solidarity that made of him a man… The scab is not a man, or at the most, he is a degenerated man. He does not contribute to the development of the species—he obstructs, as in the path of human advancement he is the stumbling block, being in fact the firmest and staunchest supporter of the ruling of the beasts. Without the scab, the beasts would fall, for he is strike-breaker, he is soldier, he is policeman, he is jailer, he is hangman—the claws, the horns, the tusks, the coils, the hoofs of the modernized beasts… Our task is to humanize the scab, and what a task is this! But we have to do it we have to accomplish it, as the success of our endeavors means the downfall of the ruling of the beasts. It is useless to make plans for a future of Freedom and justice if the scab remains scab.
            The same disappointment you experience when you do not succeed in expressing what you feel or think, frequently overcomes me, and I think it to be the case with all those who earnestly to master the art of translating into words human emotions and human thoughts. Do not get discouraged, however, my dear Ellen, for it is not your fault nor mine—the human language is extremely poor. We have not enough words to express every shade or hue of feeling and thought. We have words for red, and blue, and a few other words for a few shades of these colours, just as we have for pain, and gladness, and a few shades of these emotions, and this, when the shades of them is infinite. Perhaps in years to come, when the scab should have disappeared from the face of the Earth, a humanity, enjoying the indispensable leisure to imprison in the net of a word the most elusive emotion and the faintest gleam of thought, might succeed in attaining what it is impossible for us. Let us then be content with the words at our command, and let us sincerely endeavor to make the best use of them in our offerings to our goddess-beauty.
            I have letter from J. The raisins have not come yet. As we have had very bad weather, I could not see Roy 1 last Sunday. My love and salutations to him.
            With love to Erma and the other good comrades, and especially to you, my kind good, beloved comrade, I say good-bye.

Ricardo Flores Magón.           

Leavenworth, Kansas, a 28 de febrero de 1922

Srita. Ellen White,
Nueva York, N.Y.

Mi querida camarada:
Su muy querida, apreciada carta del 22 de este mes me da motivo para escribirle la presente.
            Sí, me ruboricé… pero había mucha ternura mezclada con mi confusión… ¡Gracias, gracias, mi queridísima camarada! Y gracias también a todos aquellos que me quieren. Amor es una bendición y yo estoy agradecido a todos ustedes, a Erma y a Owen, a usted y a Jack.
            Si, enrojecí… y lo hice porque me vi a mí mismo empequeñecido ante semejante grandeza y, en mi confusión, lo único que pude pensar fue: ¡Qué buenos son mis camaradas! ¡Qué buenos!
            Comprendo sus sentimientos ante los rompehuelgas. Esa gente despreciable no es humana, ¿no le parece? Bien pueden tener su aspecto exterior, pero han perdido los sentimientos y de la sensibilidad del ser humano; esos misteriosos sentimientos, esa misteriosa sensibilidad que algún día tuvieron y que, al unirnos a nuestros hermanos y rebelarnos contra la tiranía de la selva, nos convierte en hombres. Esos esquiroles han perdido esos sentimientos y esa sensibilidad que llamamos solidaridad, y los perdieron en el momento en que eran más necesarios, cuando las fieras a combatir y vencer no estaban ya en la selva, acechando detrás de los árboles o agazapados en la espesura para emboscar o escondidos en los rincones más oscuros de las cavernas; no, las fieras se encuentran ahora en suntuosas oficinas en el corazón de ciudades populosas, ataviados como hombres, sonriendo como hombres, comportándose externamente como hombres. No tienen garras; no saltan sobre sus presas; no estrangulan la vida humana contrayendo sus formidables anillos. No, las fieras han modernizado astutamente sus métodos. La fiera es profesor y enseña a sus discípulos que la cooperación es insensata y que la competencia es la única fuerza del progreso; la fiera es legislador y dicta leyes cuyo propósito es el de proteger sus propios bestiales intereses aunque den la apariencia de estar hechas para proteger a los débiles; la fiera es gobernante e impone el respeto a las leyes; la fiera es ministro de alguno de los dioses y predica la obediencia y la paciencia y la resignación. El resultado es el esquirol, un ser humana que, tras miles de años sometido al imperio de las fieras, ha perdido ese instinto que, en la alborada de las especies, lo impulsó a levantarse con sus semejantes para derrocar al despotismo de la selva. Sus instintos han dejado de ser humanos para tornarse bestiales. Ya no siente amor por sus congéneres, sino odio, como si en cada uno viera a un competidor, a un rival, a un enemigo que se levantara amenazador entre él y su pan, pues la civilización ha atrofiado los instintos de solidaridad que hacían de él un hombre. El rompehuelgas no es un hombre; en el mejor de los casos, es apenas un ser humano degenerado. No contribuye a la evolución de la especie, sino que la obstruye como un escollo en el derrotero del progreso humano, porque, en realidad, se ha convertido en el más firme y fiel aliado de la tiranía de las fieras. Sin la complicidad del esquirol, las fieras se vendrían abajo porque él es el rompehuelgas, él es el soldado, él es el policía, él es el cancerbero, él es el verdugo; él se convierte en las garras, los cuernos, los colmillos, los anillos, las pezuñas de las fieras modernizadas. Nuestra tarea consiste en humanizar al rompehuelgas y…¡vaya tarea! Pero tenemos que hacerla, debemos llevarla a cabo, porque el éxito de nuestra empresa significará la caída del reino de las fieras. Es inútil hacer planes para un futuro de Libertad y de Justicia si el esquirol sigue siendo un rompehuelgas.
            Comparto la misma frustración que usted siente cuando no consigue expresar lo que siente o lo que piensa y, con frecuencia, me abruma; yo creo que lo mismo sucede a todos aquellos que intentan seriamente dominar el arte de traducir a palabras los sentimientos y pensamientos humanos. Pero no se desanime, mi querida Ellen, porque ni usted ni yo tenemos la culpa: el lenguaje humano es en extremo pobre. Carecemos de suficientes palabras para expresar cada uno de los matices, cada uno de los tonos del sentimiento o del pensamiento. Disponemos de palabras para el rojo y el azul y el amarillo, así como algunos otros términos para designar ciertos tonos de estos colores, así como contamos con palabras para el dolor y el bienestar, tanto como para algunos matices de esas emociones; sin embargo, sus variaciones son infinitas. Es posible que en lo futuro, cuando los esquiroles hayan desaparecido de la faz de la Tierra, la humanidad, al disponer por fin del tiempo libre indispensable, pueda atrapar en la red de la palabra hasta la más elusiva de las emociones y hasta el más sutil destello del pensamiento; y, de esta manera, conseguir expresar lo que para nosotros es imposible. Conformémonos entonces con las palabras de que disponemos y esforcémonos honestamente en hacer el mejor uso de ellas que nos sea posible como una ofrenda para nuestra divinidad: Belleza.
            Recibí carta de J. La uvas aún no llegan. No pude ver a Roy el domingo pasado porque hemos tenido muy mal tiempo. Mi afecto y mis saludos para él.
            Con mi amor para Erma y los demás buenos camaradas y, muy especialmente, para usted, mi amable, buena y queridísima camarada. Me despido.

Ricardo Flores Magón

1 Roy Crane, compañero de cárcel. “Recuerdo que en mi presencia escribió Ricardo en una de las páginas de su drama ‘Tierra y Libertad’ una hermosa dedicatoria para Roy Crane, un fraile católico que nuestro compañero convirtió al Anarquismo; respecto de este buen compañero te escribimos Ricardo y yo poco tiempo después que Roy salió en libertad, por haber cumplido su sentencia.” Librado Rivera a Nicolás T. Bernal, 19 de febrero de 1924; (AJCV).